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Uber Driver

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Salí de cana hace como 2 meses. No encontré pega en ni un lado, mis papeles de antecedentes están terrible de manchados por culpa del gil que me pitié la otra vez. Pero supe hacerla igual, me fui pa la Dehesa y me metí a una casa, saqué todo lo que pude, me hice buenas moneas y con estas me compré un auto usado y desde hace unos días salgo a la calle a ganarme la plata como Uber. Duré varios días dándomela de honrado, cuando la gente tenía calorcito yo le tiraba aire acondicionado, le colocaba la música que querían escuchar, todo pa que me calificaran con todas las estrellitas y así no tuviese problemas. Al final del día me hago como 20 lucas, no me alcanza ni pa la pensión que arriendo, me gasto la plata en bencina, no tengo lucas pa nada, me cansó la calle, estos 2 meses han sido una mugre. Parece que es mejor la peni, ahí me respetaban, me aburrí loco.

“Estás escuchando Sabotage de Beasty Boys, en la Radio Maldita”

– ¿Oiga amigo, por qué se va por otro lado si el Waze le dijo que se fuera por la calle Victoria?
– ¿Y quién te dijo que te iba a dejar a tu casa, huacho conchetumare? ¡Pásame la billetera!
– ¿Ah?
– ¿Que ah? ¿Creí que esta es una cámara oculta gil re culiao? ¡Pásame la billetera!
– ¡Sale loco! ¡Yo me bajo!
– ¿Te vai a bajarte? ¡¿Te vai a bajarte?!

Le mostré un fierro y se lo puse en la cabeza.

– ¡¿Que volá loco?!
– ¿Todavía te querí bajar?
– ¡No, no, no me bajo! ¡Me quedo!
– ¡Viste que soi vivo! ¡Ahora pásame la billetera!

Puso las manos en sus bolsillos y me lanzó lo que le estaba pidiendo.

– ¡Bien hueón! ¡Bien hueón!
– ¡No me mate caballero!
– No oh, sí estaba hueando ¿Cómo voy a matarte?
– ¡Entonces baje la pistola po!
– ¿Qué baje qué?
– ¡Que baje la pistola!
– Bueno, voy a bajar la pistola… Pero el que si se tiene que bajar ahora soi vo.
– ¡Ya, me bajo al tiro!
– Ya po… bájate ¡¿Qué esperái?!
– ¡Pero pare si po!
– ¿Parar? No, no voy a parar.
– ¿Cómo no?
– ¡Lo que escuchaste po sacohuea! ¡No voy a parar! ¡Te bajai ahora culiao!
– ¡Pero es que me voy a sacar la cresta!
– ¡¡¡Y que me importa a miii!

Volví a apuntarle con el fierro.

– ¡Ya po! – suplicó.
– Tení hasta tres.
– ¡Ya po! ¡No me quiero morir po! ¡Detenga el auto!
– Dos.
– ¡No! ¡Caballero si ya le pase la plata!
– ¡Uno y medio!
– ¡No! ¡Nooo!
– ¡Cero!

Saltó del auto y vi cuando se dio mil vueltas en el suelo, no tengo idea si se fue pal patio de los callados, me importa un pico porque hoy es mi última noche en esta hueá, y la vamos a pasar la raja.

Uber Driver.

“Estás escuchando False Alarm con The Weeknd solo en tu radio, la Radio Maldita”

Parece que alguien necesita de mis servicios. A ver, a ver, a ver:

“Lucía Riquelme” “Bellavista 303”

Está acá a la vueltecita no más. Se llena de pendejos curaos Bellavista, habrá que aprovechar de sacarle unas luquitas más a esta cabra.

Entonces, me dirijo al sureste por Gutemberg. Giro a la izquierda con dirección a Inés Matte Urrejola. Luego a la derecha con dirección a Alcalde Dávalos. Y me pego la última doblada a la derecha con dirección a Bellavista y derechito.

Ya, voy llegando, debe ser una loca que está parada ahí. Le voy a hacer señales con las luces pa ver si me pesca. Me muestra su celular. Ya, estamos, debe ser Lucía Riquelme. Yo ando con el fierro preparado pa ponérselo en la cabeza y me pase todo. Igual como es mina no voy a hacer que se tire del auto como al otro cara de huea, si igual soy considerado.

– Buenas noches dama.
– …

No responde al saludo la mina esta. Esta es una de las razones del porqué ya no quiero seguir en esta hueá, me tienen chato estos pendejos culiaos.

– ¿Por qué lo hombres son tan pencas? – me pregunta.
– ¿Ah?
– ¿Por qué son tan bajos? ¿Por qué tan asquerosos?
– ¿Le doy un consejo mijita?
– ¿Qué?
– ¡Deja de ser tan llorona! ¡Me seguí moqueando el auto te bajai cagando! ¡¿Tamos claro?!
– ¿Ah?
– ¡Lo que escuchaste! ¡Ya estoy chato de que me anden contando sus dramas amorosos!
– ¡Ayúdeme!
– ¡Pero es que es verdad po! ¡¿Me vei cara de “Rumpy” acaso?! Me importa una callampa tus dramas amorosos.
– …
– Además que tanto color, si después te vai a andar comiendo a otro hueón y el otro loco igual. La vida continúa, fin de la historia.

La miro por el retrovisor, parece que se anduvo asustando. Pero me importa una raja… espera, se puso a llorar.

– ¡No llorí oh!
– …
– ¡Oye! ¡No llorí! Si lo que te dije no es pa que te lo tomí tan re mal.
– Si no es por eso, es por otra cosa. Los hombres son unos abusadores…
– ¡Dale con la hueá! ¡¿Vai a seguir?! ¡¿Te querí bajar?!
– Pero es que no puedo con esto.
– ¡Ya, chao!
– ¡¿Qué?!
– Chao, bájate y espérate a otro uber.
– Pero caballero…
– Ya, son 1100 pesos, esa es la tarifa mínima.

Ahí se fue, que le dé la lata a otro hueón. Que me vienen a contar sus ataos amorososo ¡Is qui mi dejaron! ¡Is qui el amor de mi vidi!
Esta noche está recién empezando pa que me den la lata, me dio hasta paja asaltarla.

“En tu radio maldita estas escuchando Bodysnatcher, Radiohead”

Otra vez Bellavista…

“Claudio Flores” “Bellavista 303”

… Y el mismo local más encima.

“Toma Los Conquistadores hacia Bellavista. Incorpórate a Av Santa Maria/Sta María Gira a la izquierda con dirección a Monseñor Carlos Casanueva. Gira a la izquierda con dirección a Los Conquistadores Mantente a la izquierda para permanecer en Los Conquistadores. Usa cualquier carril para girar levemente a la izquierda hacia El Cerro. Incorpórate a Bellavista”

Ya, acá estamos. Debe ser ese gil.

– ¡Buenas noches maestro! ¡Vamos a Las Condes!
– No tení pa que decirme, si ya caché en la aplicación pa donde vai.
– A chuta, verdad po.

Zorrones. Cuantos los detesto. A este sí que me los voy a hacer cagar. Me voy a ir piolita y los voy a estar escuchando, al final cuando menos se los espere me lo cago con el fierro.

¿Qué está haciendo este? Lo único que me faltaba, el culiao tomando arriba del auto.

– ¡Oye! ¡¿Y quién te dio permiso pa abrir una chela acá?!
– ¿No se puede?
– ¡Obvio que no po! ¡Tontín!
– Disculpe amigo.

Ahí guardó la lata. Ahora a escuchar la senda de pelotudeces que me conversará este. Viene moto.

– Oiga amigo. Usted me cae bien, usted sabe hacerse respetar, lo caché al tiro. A mí me gusta la gente así, se parece a mí – me dice.
– ¿A si?
– ¡Si po! ¡Mi papá siempre me enseñó a mandar, y pa eso uno tiene que ser directo!
– Ya…
– ¡Si uno agacha la cabeza, siempre te tendrán para servir y no po! ¡No estoy pa eso!
– ¿Tu papá que hace?
– Mi viejo es uno de los dueños de la cadena de farmacias, es accionista mayoritario y de varias empresas más.
– Mira, que interesante…
– Mi viejo es groso po.
– Que buena…
– Gana tanta plata que tenemos casas en casi todo Chile. Pero yo ocupo la de “Maite” no mah. Hago las medias fiestas ahí, una vez llevé a los “Villa Cariño para allá”, hicimos la media fiesta, imagínate las minits.
– Me imagino…
– A mí nadie me dice que no, así me enseñaron.
– Es sabio tu papito…
– Si po. Sabio.
– Te envidio…
– Me cayó bien usted. Un día podría ir a la playa con unos amigos, chelita, sus jales, pitito… usted cacha po, sus buenas chanas.
– Estoy viejo pa eso.
– ¿Viejo? No, usted es joven po. Si la juventud uno la tiene que llevar adentro ¿Cuántos años crees que tengo?
– Cabrito no más
– ¿Cabrito? ¡Treinta!
– Joven igual po.
– Si, igual las locas piensan que soy más chico, por la cara sobre todo, si me afeito y parezco un niño “cabro chico tocopilla, me intendí”
– Mmm…
– Oye ¿Querí pegarte unos saques?
– No, gracias.
– Si uno no ma, está bueno. Pa compartir, si yo sé que le hace.
– No… gracias.
– Bueno, usted se lo pierde, permiso.

Ahí está meta jale el zorrón re culiao.

– ¡Está bueno!
– …
– ¿Sabi qué? Ya que somos amigos necesito un consejo tuyo, así de hermano.
– No doy consejos
– Jajaja que es bromista usted. Por eso me cae bien. Te cuento loco: Cacha que me gusta una mina pero no me pesca.
– Búscate a otra.
– No, no pasa, a mí me gusta esa.
– Entonces cómetela.
– Eso mismo hice hoy po
– ¿Entonces qué alegái?
– Es que le puso color.
– ¿Cómo color?
– Color po. Cacha que me la pesqué y se plantó a llorar.
– Todavía no te cacho.
– A mí no me gusta que me digan que no, no sirvo pa eso. Así que se la hice cortita.
– …
– Se lo chanté igual.
– …
– La mina me calentó la sopa durante semanas, chateábamos, me mandó fotos y toda la hueá y a la horas de tomarse la sopa no quiso, y a mí no me gusta que me dejen con la vena, puta que me carga esa hueá ¿Molesta o no? ¿Sí o no?
– ….
– ¡Molesta po! ¡Molesta! – se contesta solo.
– ¿Y cuándo fue esto?
– Hace un rato, me la llevé pa un privado, como soy amigo del dueño me prestó una piececita y ahí ¡Pa – pá!
– ¿Cómo se llama?
– Lucía.

La mina de hace un rato. Por eso lloraba tanto po. Yo la traté como el pico y era porque este hueón se la sirvió en mala.

– Oye, soi bien choro tu ah.
– ¿Sí o no?! ¡Si po!
– Un día me gustaría ser como tú.
– Ya, no le ponga tampoco.
– Oye ¿Tai muy apuráo?
– ¿Apuráo? No ¿Por qué?
– Es que quiero pasar pa otro lado primero. Pero de ahí nos vamos al tiro pa Las Condes.
– No, no hay problema, usted “dele no mah”
– Le damos entonces.

Esperemos que esta cabra esté ahí aun, hoy haré el último gesto bondadoso de mi vida.

Okey, estamos cerca de la esquina donde la dejé. Allá está parada.

– Oye flaco.
– Dime perro.
– ¿Te puedo pedir un favor?
– Dime.
– Mira, me acabo de pasar la Copec y me quería comprar unos cigarros. ¿Pódí bajarte y me los comprái? Yo te paso la plata. Mientras tu vai yo me doy la vuelta. ¿Te la pegái perrits?
– Vai a tener que convidar un puchito si po – me responde.
– Pero obvio po perrito. Toma, aquí tení 3 lucas. Cómprate un Lucky rojo.
– Ya. No me vai a dejar plantao si po.
– Te estoy pasando plata y no me has pagado el trayecto, me pasaría de hueón ¿O no?
– Si, tení razón.

Ahí se fue.

Ahora voy por la famosa “Lucia”

– Señorita.
– …
-Oiga, le quería pedir disculpas. Me pasé de tonto. No he tenido un buen día, súbase.
– No, no se preocupe, estoy esperando otro uber.
– Súbase, ni siquiera le voy a cobrar el trayecto.
– No, usted no me da confianza.
– Sé lo que le pasó.
– ¿Ah?
– Un cabro trató de abusar de usted.
– …
– ¿Ve? Ya, súbase.
– No, gracias.
– Conozco al Claudio.
– …
– ¡Deje de mirarme así y súbase!

Al fin entendió.

– No se siente atrás, quiero que se siente en el copiloto, le quiero mostrar algo.
– No, gracias.
– No le voy a hacer nada, confíe en mí.
– No. Sabe que, me quiero bajar.
– ¡Súbete adelante mierda!

Lamento tener que mostrarle mi pistola a esta cabra chica. Pero no me queda otra.

– No me mate caballero.
– ¡No oh! ¡Es que no hací caso po!
– ¿Qué quiere de mí?
– No he tenido un buen día, sabí. Y ando con ganas de desquitarme con gente, pero no con cualquiera, con hueones que se lo merezcan, como ese tal Claudio. Así que ponte el cinturón porque hoy soy “Toreto” conchetumare.

Doy la vuelta y ahí va saliendo el amiguito con los cigarros. Le hago cambio de luces pa que me cache, voy lento hacia él.

– ¡Es el Claudio! – exclama la mina.
– ¿Creí que estaba bromeando?
– ¿Que va a hacer?
– ¿Cuantos punto creí que nos de este hueón cuando lo pase por encima?
– ¡Ay! ¡Me quiero bajar!
– Mira, hace señales el amiguito, si es muy hueón. Según él tú le mandabas fotos en pelota ¿Por qué a ustedes las minas les gustan estos culiaos? Nunca he entendido eso.
– ¡Tengo miedo! ¡No le haga nada!
– ¡Piensa en lo que te hizo!
– ¡Ya po! ¡No haga nada!
– ¡Piensa en lo que te hizo! ¡¿Te gustó lo que te hizo?!
– …
– ¡Contesta! ¡¿Te gustó cuando te manoseaba y tú no podías defenderte?!
– No…
– Sabí que acá, arriba del auto andaba celebrando lo que te hizo ¿Te parece bien?
– No…
– No te escucho muy convencida.
– ¡No, no me gusta!

– ¡Cáchate esto!

Me asomo por la venta y le grito a este loco.

– ¡Claudio! ¡Ando con la Lucía!
– ¡¿Ah?!
– ¡Que ando con la Lucía!
– ¡Buena! ¡Donde está pa volver a culiarmela!

Vuelvo a hablar con ella.

– Viste, si es tan hueón que piensa que lo estoy agarrando pal chuleteo ¿Viste cómo se ríe de ti?
-…
– Ya, afírmate, que vamos a sacar chispas.

Me vuelvo a asomar por la ventana.

– ¡Claudio! ¡Quédate ahí no más!
– ¡Vale!

Lo bueno de tener un automático es que no necesito pasarle cambios. Un chalazo y listo.

– ¡Chao conchetumare!

Acelero, directo a él, subo un poco hacia la vereda, se queda estático, no entiende nada. Las luces lo alumbran por completo y ¡Tac! Se siente el crujido del auto y de él, no salió volando, parece que lo estoy arrastrando por media cuadra. Acelero un poco más pa sacármelo rápido. Lo aplasto, se siente cuando paso por encima de él. Ahí lo vi por el retrovisor, quedó hecho mierda. Con esto es suficiente pa que me busquen esta noche y vuelva a cana nuevamente.

– ¡Como te sentí! ¿Ah?!
– …
– ¡Que vai callada! ¡Ahí quedó el amigo po!

La mina respira agitada, no le sale el habla y yo me cago de la risa.

– Hoy soy tu súper héroe. Viste, soy tu Batman en su batimóvil. Haciendo justicia.
– … Lo mataste.
– No, si quedó vivo…
– Lo mataste… lo matamos.
– ¡No oh, vo quédate tranquila! Si yo solito pago el pato, tu estabái arriba no más y no cachaste.
– Se murió…
– Ya, córtala y ahora dime donde viví, porque el servicio Uber se acaba dentro de un rato, ahora seguramente me voy en cana.
– … En Pudahuel.

La he dejado afuera de su casa, le hago cambio de luces y me despido.

De inmediato

“Heraldica 8921, Pudahuel” “Ronald Astudillo”

“Dirígete al oeste por Corona Sueca hacia Designado. Gira a la derecha con dirección a Federico,
Gira a la derecha con dirección a San Pablo. Gira a la izquierda con dirección a Sta Victoria. Gira a la derecha con dirección a Heráldica”

Estamos aquí. Ahí está, es un caballero.

– Buenas noches.

“Ahora suena Mojo con Peeping Tom, en tu Radio Maldita”

Este viejo va pa la Alameda. Tal parece que no va a conversar mucho conmigo, está pegado en su celular.

– Hola… si… voy en Uber… Ya… Si po… como acordamos… paso a buscarla y te la llevo… Okey… Si… Nuevita compadre… Si… Jajajaja, claro… No hay problema… Nos vemos ahí entonces… Vale…

Ahí cortó el teléfono. Me está mirando, parece que se viene el blablá.

– ¿Como está la peguita?

Como lo supuse.

– Bien, dándole.
– ¿Todo tranquilo?
– No, ahí no más, recién maté a un zorrón y lo arrastré por media cuadra – respondo.
– …
– Jajaja. Como se le ocurre po hombre. No, todo tranquilo.
– Que bueno. Es sacrificada la pega de noche.
– Bastante. Pero lo bueno es que es la última pa mí.
– ¿Cómo así?
– Hoy finaliza mi vida como chofer Uber, quedé chato.

Después de un rato acabamos de llegar a la Alameda, esta avenida debe estar llena de cámaras, seguramente me tienen identificado, en cualquier momento me agarran y me voy pa dentro.

– Oiga, cuando lleguemos al punto, le voy a pedir que vayamos a otro lado de ahí ¿Se puede hacer extensión del viaje, verdad? – me consulta.
– Si, se puede.
– Buena.

Okey, llegamos a la esquina donde hay que detenerse.

– Ya, ahora hay que esperar un poquito, se va a subir una persona y partimos – me explica.

Espero como ordenó… ahí vienen unas personas.

– Al fin llegaron – exclama.

Es una mujer y su hija… no hay que ser muy adivino a que se dedica esa mina.

– ¡Súbanse po! ¡Llevamos un buen rato aquí esperando, no tenemos toda la noche!

Ahora están los 3 sentados atrás.

– ¿Pa donde me llevái? – pregunta aquella mujer.
– Cliente nuevo.

Un proxeneta en mi auto. Que noche ¿No?

– ¡Me debiste haber avisado antes igual po! ¡No tengo donde dejar a la niña ahora! – le reclama ella.
– Ya, si ya está grande – contesta el tipo.
– Tiene 10 años, mañana la mandaba al colegio.
– Ya, si tu cachái que los clientes son exigentes po, además que es buena platita.
– ¿Cuánto?
– 10 palitos.
– ¿10 palos? ¿Y de cuando pagan tanto?
– Es que hice bien el negocio po.

La niña que va con ellos me observa en todo momento por el retrovisor, pobre cabra chica, por las hueás que tiene que pasar.

– Hola caballero.

Me está hablando la chica.

– ¡Oye! ¡Deja al chofer tranquilo! – la reta aquel tipo.
– No, tranquilo. Puede conversar todo lo que quiera la niña – respondo.
– ¿Ese perro? – ella me pregunta.
– ¿Te gusta el perrito que tengo colgado? Ese me lo regalo mi hija, ella tiene como tu edad.
– ¿Cómo se llama?
– Rocky.
– No… tu hija.
– ¡Bah! ¡Pensaba que me hablabas del perro! Mi hija se llama Leticia.
– ¿Igual que yo?
– ¿Te llamas igual? Son bacanes las Leticias.
– ¡Si!

Estamos llegando a Las Condes. Al lugar que me indica el Waze.

“Incorpórate a Tabancura. Usa el carril derecho para tomar la vía de acceso en dirección a Vitacura. Continúa por Av Vitacura. Gira a la derecha con dirección a La Llavería. Gira a la izquierda con dirección a Leo. Gira a la derecha con dirección a Apolo Tres 1840”

Okey. Llegamos. Ahora a esperar que me cancelen la tirada.

– Maestro ¿Le puedo pedir un último favor? – me consulta el tipo.
– ¿Ah?
– ¿Me podí esperar un cacho? Me voy de vuelta contigo, de ahí te pago toda esta tirada.
– Bueno.

Ahora hay que esperar que la prosti se meta a la casa, ahí salió alguien, anda terneado. Me da risa estos hueones, se visten formales pa meterse con estas locas.

– ¡¿Oye?! ¡¿Qué les pasa?! ¡Suéltenla! – grita aquella mujer.
– ¡Deja que se vaya con ellos mierda! – le exige el tipo.
– ¡No! ¡La niña no!
– ¡¿No querí ganarte unos palitos?! ¡Deja de ser tan alharaca, si vo cachai como es el negocio! ¡No le va a pasar nada!

Perro re conchesumare, no la creo.

– ¡Leticia!
– ¡Mamá!
– ¡Mi amor! ¡Déjenla!
– ¡¿Vai a seguir hueando?!

El tipo le pegó un pape a la mujer y la tiró al suelo, ella sigue llorando en el piso.

– ¡Súbete al auto! – él le ordena.
– ¡No! ¡Mi hija!
– ¡Mañana la vengo a buscar! ¡¿Qué te preocupái?!
– ¡Mentiroso culiao! ¡Asqueroso! ¡Con mi niñita no! ¡No! ¡No! ¡Noo!

La toma del pelo, abre la puerta de atrás y la sube a tirones, ella sigue pataleando y él la mete a la fuerza.

– Ya maestro, tire no más – me ordena.
– ¿Pa dónde?
– ¡Vamos a La Alameda a dejar a esta!
– ¡Caballero! ¡No! ¡No parta se lo suplico!
– ¡Cállate conchetumare!

“Está sonando en tu Radio Maldita, Norah Jones – Don’t Know Why”

Aquella mujer no para su escándalo, la miro por el espejo y veo como se le corre el maquillaje.

Esto me superó, no sé cómo chucha reaccionar, me bajó toda la adrenalina que sentía hace un rato. Me da pena la loca, pero por sobre todo la niña. Ese hueón va como si nada.

– ¡Eres un asqueroso!
– ¿Vai a seguir?
– ¡Es tu hija hueón! ¡Tu hija!
– ¡No es mi hija mierda! ¡Yo nunca tendría una hija con voh!
– ¡Muérete hueón! ¡Muérete!
– Chofer, detenga el auto

Hago caso… chesumare, este ahora se volvió más loco que yo.

– ¡¿Que estái haciendo?! – grita ella.

La tiró del auto.

– Parta no más maestro.

Y seguimos el recorrido, ahora no sé a adonde.

– Nos vamos pa mi casa ahora, a Conchalí

“Incorpórate a Pdte Eduardo Frei Montalva. Gira a la derecha con dirección a Los Zapadores. Usa el carril central para girar a la izquierda hacia Av. Independencia. Gira a la derecha con dirección a Diego Silva Henríquez”

No puedo parar de pensar en esa niña. Yo no cuentiaba cuando dije que se parecía a la mía.
Llegamos al lugar.

– ¡Oiga, se pasó! ¡¿Cuánto es?!
– 46 lucas.
– Tome, acá tiene 60, quédese con el vuelto.
– Gracias.
– De nada pues. Que le vaya bien… y un consejo.
– ¿Qué?
– No abandone su trabajo en el Uber, lo hace muy bién.
– Vale… lo pensaré.
– Cuídese, buenas noches.

Observo como se mete a su casa. Tranquilo, feliz. Yo ahora voy a partir para ver si me llama alguien, quizás debería acercarme al Barrio Bellavista, ahí hay pelmazos con quien me puedo distraer.
Uta que extraño a mi niña. Yo siendo un conchesumare nunca le haría algo así mi cabra y este vendió a su hija, a unos viejos asquerosos.

Voy manejando y me acordé de mi niña, son las 3 de la mañana, no es hora para hablar con ella, la Rosa se va a enojar. Ya ¿Qué tanto? Si esta es la última oportunidad que tengo, adentro de la cana ya no podré hablar con ella.
Vale… llamando.

– ¡¿Aló?!
-…
– ¡¿Aló?! ¿Quién es?
– Rosa…
– ¿Johnatan?
– Si… con el mismo.
– ¿Qué querí?
– Quiero hablar con la niña.
– Con la niña ¿Y tú creí que es llegar y llamar como si nada?
– Ya, no le pongái tampoco.
– ¿Como que no le pongái?
– ¡Ya Rosa! ¡Pásame a la cabra chica! ¡Si con vo no quiero hablar!
– Tai cagao de la cabeza ¿Andai curao?
– ¡No!
– ¿Y cómo llamai a esta hora? Más encima ni siquiera has venido a verla.
– No he podido…
– Mentiroso ¿Hace cuánto saliste de cana? ¿2 meses? ¿3 meses? Nunca te importó la Leticia hueón chanta.
– Al menos dime como está.
– ¡Que te importa!
– ¡Ya, para po!
– ¡La niña está bien, mejor sin ti! ¡Buenas noches!
– ¡No cortí!
– …
– ¡Rosa!
– ¡¿Que hueá querí oh?!
– Sorry.
– …
– Me porté como la callampa con ustedes.
– Te diste cuenta… pero ya es tarde.
– Rosa, escucha esto.
– …
– ¡Rosa!
– ¡Te estoy escuchando hueón! ¡¿Qué?!
– Anota.
– ¿Ah?
– ¡Anota te dicen!
– ¡Ya! ¿Qué?!
-…
– ¡Habla po! ¡¿Qué?!
– El Tintoretto 4780.
– Esto es La Legua.
– Sí, estoy arrendando una pensión ahí.
– ¿Y querí que te vayamos a ver? ¡Vo estai loco hueón!
– No, yo no voy a estar.
– No entiendo nada.
– Rosa, habla con la dueña de la pensión, dile que te mandé yo, dile que eres mi señora y que vienes a buscar algo, que yo te mandé no más, yo le dejo dicho pa que te deje entrar.
– ¿Y qué es?
– Es un regalo pa ti y la niña… son unos ahorritos.
– ¡No quiero tu plata! ¡No la necesitamos!
– ¡No seái burra y anda a buscarla, querí! ¡Le va a servir a la Leti!
– ¿Y por qué no se la traí vo mismo hueón?!
– No puedo.
– Siempre con la misma…
– Rosa, me voy a ir preso de nuevo.
– ¿Ah?
– Eso… Rosa, las quiero mucho, a las 2.
– ¿Qué hiciste ahora hueón?
– Me piteé a unas personas.
– ¿A quiénes?
– A un cuiquito y el resto está por verse.
– ¿De qué chucha hablái?
-…
– ¡Jonathan!
– Chao Rosa, y anda temprano. Estará encima de la cama. Un beso a las dos, dile a la niña que la amo, que es mi angelito.
– ¡Hueón! ¡Hueón! ¡No me cortí!

Corté la llamada.

Bien… supongo que se acabó el servicio Uber.

– ¿Qué hago Rocky?
– …
– ¿Decí voh?
– …
– Mmm… tení razón, parece que hay que hacer algo, si total ya me deben estar siguiendo pa irme “precioso”.

Me devuelvo hacia Conchalí, decidido. Llegué y estoy afuera de la casa de este conchesumare. Tomo mi fierro para enseñarle a este mono culiao de que estamos hechos los hombres, los verdaderos hombres.
Golpeo su puerta y no sale nadie, pero insisto.
Ahí se prendió la luz de la ventana.

– ¿Quién es? – pregunta desde adentro.

Es él.

– ¡Soy el del uber!

Escucho como abre la chapa por dentro, abrió.

– ¿Qué le pasó master?
– Pasa que no me gustan los pervertidos conchesumares, como aquellos que tienen a tu hija ¿Vo cachái lo que le hacemos en cana a los pervertidos culiaos?
– ¡¿Disculpa?!
– ¡¿Que disculpa?! ¡Sapo culiao y la conchetumare!

Le pego con la culata de la pistola bien puesta en el hocico.
Entro con él a su casa y cierro por dentro.

– ¡Pásame los 10 millones!
– ¿Qué 10 millones?
– Los palos que te pagaron por la Leticia.
– ¡Tranquilícese amigo, si lo que quieres son chauchas yo se las paso, pero por favor no me mate!
– ¡Eso depende de vo! ¡Cómo te portí! ¡Ya, pónele! ¡Estái muy lento!

Lo sigo apuntando, está que llora.

– Mi plata está acá. Deje abrir.
– Asqueroso culiao, no sabí las ganas que tengo de bañarte en plomo. Tu hija conchetumare… tu hija.

Abre un cajón pero está de espalda, se da la media vuelta y me muestra un fajo.

– ¡Aquí está!

Espero a que me la entregue… ¡Mierda! ¡Sacó una pistola!

– ¡No te vai a llevar mi plata!

Pero soy más rápido.

– ¡Pah! ¡Pah mono culiao! ¡Pah!

Le di tres balazos en el pecho.

– Y más encima eres duro hueón.

Le pongo el fierro en la cabeza y le chanto el remate. Chao. Queda tirado en el piso, lleno de chocolate.

– ¡No!

¿Quién es? Alguien nos está mirando, apunto… por la cresta.

– ¡Ay! ¡Ay!
– ¿Qué le pasa? – pregunto.

Llegó una embarazada, vino desde adentro de la casa, seguramente es su mujer.

– ¡Me duele! ¡Ay!

Son contracciones… Cresta, está botando líquido no se cuánto.

– ¡Ay!

Me voy, no puedo ayudarla, si no, me van a pillar y no podré llevarle las lucas a mi hija.

– ¡Auxilio! ¡Voy a tener al niño!

¡Por las re chucha! Tomo a esta mujer en brazos, la saco de la casa, la subo al auto. Me devuelvo al hogar, saco los turrones de billetes y me voy corriendo para llevármela.

– ¿Sabe dónde está la posta? – le pregunto.
– ¡Aayyyy!
– Pucha señora…

Saco el celular y marco la posta más cercana. Busco en el Waze. Okey, encontré uno.

– ¡¡¡Ayyy!!!

Justo se puso lenta esta hueá… mierda.
Listo
Pedro Fontova 4107, Conchalí.

¡Nos vamos!

– Resista señora.
– ¡Me dueeelee!
– ¡Tranquila! ¡Si vamos a llegar rápido! ¡Si total no es tan lejos!
– ¡Ayyyyy!
– Oiga, quiero decirle que lo de su marido era merecido, terrible de chato el loco ¿Sabía usted que tenía una hija con una prosti?
– ¡Ayyyy!
– ¡No es de sapo! ¡A mí no me gusta ser sapo! ¡Pero es pa que sepa no más con la clase de gil con el que andaba! ¡Más encima entregó a la niñita a unos viejos asquerosos pa allá arriba!
– ¡Va a nacer!
– ¡No huevee! ¡Si vamos rápido!

110 km/hr

Bien, queda poco ¡Cresta! ¡Alguien se puso por delante! Le toco la bocina.

– ¡Oye loco! ¡Córrete! ¡Llevo a una loca que está a punto de parir!

Frenó. Se bajó del auto. Del copiloto y de los asientos de atrás también bajaron.

– ¡Conchesumare! ¡Ahora no!
– ¡Ayyy!
– ¡Son los taxistas!

Se puso un taxi a mi lado y hay otro atrás, el de adelante es un palo blanco. Me van a hacer cagar el auto y no es el momento.

– ¡Auxilio!!
– ¡Señora! ¡Afírmese como pueda!
– ¡Uhhhh! ¡Uhhhh!
– ¿Qué pasa?
– ¡Está saliendo!

Estos locos tienen que comprender.

– ¡Yo sé que hemos tenido conflictos con ustedes últimamente, pero ahora es una urgencia! ¡Después me hacen cagar el auto, pero ahora no loco! ¡No se vayan en la volá!

Vienen con unos palos.

– ¡Loco no!

Están rompiendo el capó. Viene otro a quebrar los vidrios.

– ¡Uhhhh! ¡Uhhhhh!
– ¡Señora! ¡Va a tener que tener la guagua acá adentro, olvídese del hospital! ¡Usted puje y yo me encargo de estos conchesumares!

Saco la pistola y apunto al taxista que está al lado ¡Pah! ¡Le di justito!

Los veo correr, el que me rompió el capó quedó justo al frente mí. Acelero y me voy encima. ¡Se hace cagar el parabrisas con su cuerpo! Van dos. Acelero, tengo que arrancar porque de seguro vienen enfierrados también.

Paso como puedo en el auto y paso al de adelante.

“Estás escuchando la voz de Chris Cornell en Audioslave, con el tema Cochise. Radio maldita, tu radio”

– ¡Uhhh!
– ¡Eso señora! ¡Usted puje no más!

Cresta, están disparando

120 km/hrs

Hay que puro meterle chala a esta hueá, nos vamos por avenida Independencia. Un semáforo y está en rojo, acá sí que me matan. Filo, me paso la luz roja por la raja.

– ¡Uhhh! ¡Ahhhhhhh!!
– ¡Eso, trate de no asomar la cabeza!

¡Me quieren reventar los neumáticos, obligado a disparar también!

– ¡Tomen feos culiaos! ¡Taxistas de mierda! ¡Les ganamos porque son unos sin vergüenzas! ¡Se les fue a la chucha el negocio!
– ¡Ahhhhhhhhhhhh!

Se escucha el llanto de la guagua.

– ¡Ahhh!
– ¡Falta poquito parece, dele con garra no mah!

Acelero y doblo por un pasaje, estoy contra el tránsito, pero todo sea por sacarme a estos hueones.

Llego a otra calle, ya ni se dónde estoy. Creo que me los saqué.

Sí, ya no viene nadie.

¡Por la cresta!

¡Los pacos!

– ¡Ay! ¡Ay! ¡Nació! ¡Nació!

Tomo una chaqueta que tengo y se la lanzó para que tape al niño.

– ¡Nació mi hijo!

La mujer se puso a llorar. Yo aún sigo escapando, ahora son taxistas y la poli que me andan buscando. Me tengo que deshacer de esta mujer, no me la puedo llevar todo este rato.

– Señora
– ¡Mi niñito!
– ¡Señora”! ¡ESCÚCHEME!
– ¡¿Qué quiere usted?! ¡¿Me va a matar como lo hizo con mi marido?!
– No, no hable leseras. Usted y ese niño no tienen la culpa de lo que haya hecho ese culiao asqueroso.

Me meto por otro pasaje, tal parece que ya no viene nadie. Me bajo y abro la puerta de atrás.

– Ya señora, lo siento pero la tengo que dejar hasta acá.
– ¿En la calle?
– Tranquila, que las personas que me siguen la van a ver y yo creo que la van a ayudar.
– ¿Y si no?
– Bueno, si no lo siento. Ya hice suficiente. Y tome, acá tiene algo de plata… y tome esto también, mi celular. Ya no lo necesito. Llame a quien quiera, pero cuando me vaya lo ocupa.
– …
– ¿Estamos?
– Okey
– Cuide de ese cabro chico y que no sea como su taita… o como yo.

Me subo al auto y me voy a la cresta.

Ahora me voy a la Legua a dejar la plata y después a entregarme…no…
… Leticia.

No me refiero a mi Leticia, me refiero a esa niña. Tengo que terminar con todo esta noche. Directo a Las Condes.

Creo que este será mi último recorrido en este auto. No duré mucho con él, pero ya con lo de esta noche creo que tendré un buen recuerdo de él.

– ¡Buena Rocky!
– …
– Parece que no te voy a ver más po perrito mío
– …
– Mmm… si, igual podría llevarte a la cana, pero no vai a durar mucho ahí. Te voy a dejar arriba de la cama junto con la plata, pa que mi Leti te recupere.
-…
– Bueno, eso espero. No sé qué va a pasar ahora, capaz que por dármelas de súper héroe termine muerto esta noche.

Okey, llegamos a Las Condes, estamos cerquita del pasaje. Voy a estacionarme acá, caminaré la otra cuadra. Bien, bajé y empiezo a dar los primeros pasos a esa casa. Me queda poco… llegué.

Ahí está el hueón de terno.

– Amigo.

Ahí viene hacia a mí.

– Buenas noches ¿Qué pasa?
– Hola… sabe que quedé en la pana del tonto, y necesito un bidón pa ir a echar bencina a alguna gasolinera, que esté cerquita por acá.
– No tenemos.
– ¿No? Puucha.
– Okey, buenas noches.
– ¡Oiga! ¡Pero no se vaya pue!
– Caballero, si sigue molestando llamaré a carabineros.
– ¿Pero pa que se va en esa? Si vengo en la buena onda no ma.
– ¡Váyase le digo!
– ¿Y pa que tanto color? ¿Andan en cosas raras ustedes?

Se está molestando.

– Mira, te la voy a hacer corta. Si sigues hueando borracho de mierda, yo mismo te agarro y te saco la chucha ¿Tamos claros? – amenaza.
– Tamos claros.

Agarro una piedrita y se la lanzo a la cabeza.

– ¡Sorry amigo!
– ¡Te la buscaste!

Abre la puerta de afuera y sale con todo, yo me corro hacia la calle y le muestro el fierro.

– ¿Qué pasó? – le digo riéndome de él.
– …
– ¿Pa donde llevái las manos? ¡Pónelas arriba, donde yo las vea!
– ¿Qué quiere?
– Quiero a la niña
– ¿Qué niña?
– Leticia.
– No sé de quién me habla.
– ¡Ni si di quien mi hibla! ¡Conchetumare, date vuelta!

Le reviso los bolsillos, tiene una pistola, ahora es mía.

– ¡Entra al patio!

Entramos juntos y nos vamos a la parte trasera de la casa.

– ¿Creí que vai a salir bien de acá? – me pregunta.
– ¿Y vo creí que a mí me importa salir bien? Los que van a salir más mal son ustedes ¡Asquerosos re culiaos!

Le pego con la culata en la cabeza y lo dejo inconsciente.

Ahora entro por la puerta de la cocina, no se ve nadie, me agacho para que nadie me vea.

Se escucha música Jazz y el bla blá de algunos de estos locos.

¿Cómo paso? Respiro profundo y la hago corta.

– ¡Buenas noches los pastores!

Disparo a tres viejos y se escucha el griterío de las prostis. Estas salen arrancando, viene un sujeto corriendo por la escalera.

– ¡Que pasa!

¡Le disparo justo en la pierna!

– ¡Ahhh!

Cae hasta el primer piso y lo remato en la cabeza.

Subo la escalera y se escuchan más griteríos de mujeres. No sé cuántos habrán acá, pero esto es una verdadera partuza.

– ¡Leticia! ¡Leticiaaa! – grito por la casa.

No veo a ninguna niña. ¡Viene otro tipo más! Le disparo en el estómago y se va a tierra.

Sigo caminando, este piso es demasiado largo y tiene varias habitaciones, están casi todas las puertas abiertas, han salido todos arrancando… debe ser esta última.
¡Aquí vamos!

– ¡Arriba las manos mierda!

Ahí está la niña, la tiene en pelota este hueón.

– ¿Te hizo algo?
– …
– ¡Contesta! ¡¿Te hizo algo?!
– No…
– Llegué justo a tiempo entonces.

Miro a este sujeto y apreto los dientes.

– ¡No me haga nada! ¡Usted no debe, soy un senador de la república!
– …
– ¿Cuánto quiere? ¿Ah? ¿10 millones, 15 millones?
– Quiero a la niña.
– ¿A la niña? ¿A ella?
– Si… a ella.
– No me diga que compartimos los mismos gustos.
– No.
– Ya, baje esa lesera. No se meta en más cachos. Mire que apuntarme a mi ¡Jajaja! ¿Usted es muy tonto o se hace? Usted me mata y le van a hacer la vida imposible. Y si tiene familia peor aún, piense en ellos.
– ¿Y vo creí que ustedes me dan miedo?
– Ya, bájela hombre, pare con el tonteo.
– Senador de la república… mejor aún pa mí que seái uno de ellos, te voy a hacer cagar con gusto.
– ¡No! ¡No! ¡No! ¡Nooo!
– ¡Chao conchetumare!

Le reviento un ojo y la sangre salpica hacia la pared.
Con esto, creo que esta noche se terminó.

– Leticia, vístete que nos vamos.
– ¿Y mi mamá está allá afuera?
– No, tu mamá no está.
– ¿Me va a dejar donde ella entonces?
– Tu mamá se fue.
– ¿Dónde?
– Tranquila chica, se fue lejos, pero dijo que volvería en unos meses más, yo me haré cargo de ti mientras.

Me la llevo de la mano, pasamos por encima de los cadáveres de todos estos corruptos, asquerosos y mal nacidos. Salimos y caminamos la cuadra, abro la puerta del auto y saco al Rocky.

– El perrito – ella sonríe.
– Si po, el Rocky te estaba esperando. Es pa ti, te lo regalo.
– Gracias.

Cierro la puerta y empiezo a caminar con ella para tomar un Transantiago.

– ¿Y no nos vamos en el auto?
– No, dejémoslo acá no más. Ya no sirve.
– ¿Y dónde vamos ahora?
– Vamos a dejar unas cosas a mi pensión y de ahí nos vamos lejos.
– ¿Te van a estar buscando los carabineros?
– Si, y decidí no entregarme por ahora. Vamos en busca de una mejor vida, tú y yo, juntos.

“Un senador y varios de sus asesores, fueron encontrados muertos en una casa ubicada en la comuna de Las Condes, se presume que fueron asesinados en un confuso tiroteo. Según informaciones de último minuto, trasciende que estos se encontraban con mujeres menores de edad, aun se investiga las causas de esta terrible tragedia. Todos los antecedentes que se tengan durante el transcurso de esta noticia, la estaremos informando en tu radio, tu Radio Maldita… ahora suena The Clash – Rock The Casbah”

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