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El Quiltro

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– ¡Ama! ¡Ama!

Ningún ser humano es capaz de entender que es lo que podría decir un perro. Tampoco aquella tipa que lo cuidaba.

– ¡Rufián! ¡Ven para acá!
– Mi dueña habla fuerte… no siente felicidad… no, no es felicidad… ¿Y quién es esa persona que viene con ella? No conozco su olor.
– ¡Atácalo! ¡Ataca!
– ¿Mover la cola? – pensó el quiltro.
– ¡Rufián! ¡Cómetelo! ¡Cómetelo! – le ordenaba la tipa.
– ¡Sí! ¡Eso es! ¡La cola!
– ¡Este perro no sirve para nada! ¡Parece que voy a tener que hacer sola la tarea!
– ¡Por favor! ¡No me haga naa! ¡Si yo no tengo naa que ver! – rogó su acompañante.
– ¡¿A no?! ¡¿Y todas esas fotitos que te pillaron escondidas en tu casa?!
– ¡Le juro que no eran mías!
– ¿Creí que es primera vez que escucho eso? Di la verdad… Mira, si me confesai te dejaré irte a tu casa.
– Señora… en serio que no – juraba el joven, al que le tiritaba el mentón.
– Pucha el cabro para leso… Te estoy dando una gran oportunidad para que te confieses, si me dices que sí, te vai pa la casa y punto.

Al otro día, aquella mujer se acercó a “Rufián” y le habló como de costumbre:

– No has aprendido nada de lo que te he enseñado, si te digo ataca, tu atacas… yo le aposté a los colegas que si te entrenaba ibas a servir pa la pega.
– ¿Qué es lo que me dice señora? La siento molesta. No feliz. – intuyó el perro.
– Mas tarde llegaré con otra persona. Veremos si estai pa esto, si no, te vai pa la calle.

El quiltro estaba sentenciado, era la última oportunidad que le daban para que no lo botaran, pero este no entendía absolutamente nada.

– ¡Llegó! ¡Viene con otra persona otra vez! No conozco su olor. – pensó el quiltro.
– ¡Rufián ahora! ¡Ataca! ¡Cómetelo!
– No, no es mover la cola, ¿Qué será? – se preguntó.
– ¡Cómetelo por la cresta!
– De espalda… ¡Eso! ¡De espalda al suelo! ¡Míreme! ¡Míreme! – mientras se colocaba con la guata hacia el techo, con la lengua afuera y las patas por delante.

Al otro día, todo se veía mal para el canino, como había prometido su dueña lo tendría que sacar de su casa para siempre. Pero su castigo fue peor.

– Rufián. Mira, para que no te sientas tan solo.
– ¡Amigo! ¡Amigo! – Movió la cola, feliz de ver nuevos integrantes en el hogar.
– Te presento a estos dos nuevos pastores, uno se llama Martchenko y el otro Valodia, son entrenados, habilosos. Ojalá aprendas de estos.

Los nuevos caninos intercambiaron palabras mientras observaban al quiltro.

– No me agrada este – Dijo Valodia.
– ¡Mal olor! ¡Mal olor en ustedes! – les contestó Rufián mientras les olía el trasero

Martchenko mostró sus dientes y arrugó la nariz, el otro hizo exactamente lo mismo.

– ¡No felices! ¡Alejarme! Debo alejarme – pensó el pobre Rufián mientras retrocedía hacia un costado de la casa.

Ambos pastores se lanzaron en su contra. Este apenas se pudo defender. Se escuchaba a lo lejos los quejidos, lo atacaron con la decisión de matarlo. Mientras uno le mordía una pata, el otro se fue directo al cuello, este último casi acabó con él, pero aquella tipa decidió acabar con la masacre.

– ¡Se acabó, suéltenlo!

El quiltro apenas se pudo levantar, cuando intentó apoyarse, sintió el dolor en una de sus patas, se echó en un rincón como pudo.

– Como te dejaron Rufián ¿Viste? Eso te pasa por desobediente – le dijo su dueña.
– ¡Duele! ¡Quiero acostarme! – Pensó el perro.

………………………………………………………………………………..

-¡El Chocolate llegó a la casa!
– Amigos, son mis amigos – exclamó el canino.
– Cuanto te extrañé, no te vayas otra vez – le pidió la niñita.
– ¡Olor a flores!
………………………………………………………………………

Pero de sus sueños salió rápidamente al verse en esa oscura casa, acompañado de un par de pastores alemanes y una mujer que solo lo castigaba.

– Les traje algo… pero solo a estos dos… tú no te mereces nada, perro cobarde.
– ¡Comida! – suplicaba en su interior.
– ¡No te acerques a nuestro plato! – amenazó uno de ellos.

Rufián se quedó en un rinconcito, mirando como los otros se alimentaban. Él estaba herido y hambriento. No entendía porque lo trataban mal, intentaba ser juguetón, de entregar cariño, pero su ama solo quería que peleara.

Mientras esto ocurría, se escuchó que golpeaban la puerta.

– ¿Quién cresta será a esta hora? – se preguntó a viva voz aquella mujer.
– Oficial. Somos nosotros.

Ella, al abrir la puerta entraron tres carabineros:

– ¿Me trajeron a alguien?
– Si, otra de estas cabras chicas revolucionarias
– ¡Métela adentro po! ¿Esperai que te la vean afuera?

El carabinero miró hacia la calle e hizo un gesto con su mano. De inmediato entró a la fuerza aquella joven de la que hablaban.

– ¿Esta es la cabra? – preguntó la dueña de los perros.
– Si
– Oye ¿Y ustedes cuando me van a traer una de las grandes? Estoy aburrida de tanta pendeja. Parece que voy a tener que hablar con el máximo general. La pega de ustedes no me gusta nadita.
– Tranquila, si le vamos a traer una de esas que usted dice, la tenemos cachada hace rato. Oiga, y le quiero informar que mañana tiene visita de un alto mando, se trata de ….
– Me da lo mismo quien venga, en este lugar mando yo. ¿Y que se quedan mirando? ¡Déjenla adentro, le voy a pegar una revisada con mis perros! – interrumpió.
– ¿Con el quiltro?
– No, ese no. No sirve para esto.
– ¿Y cómo? Usted apostó que iba a ser un asesino. No se la pudo parece.
– Ya, váyanse de aquí.

Apenas los tipos se fueron, la oficial llamó a sus mascotas.

– ¡Vamos adentro!

El quiltro se quedó acostado mientras los dos pastores dejaban la comida de lado para cumplir con la orden.

– Tú también Rufián. Estos te van a enseñar cómo se hace la pega.

El quiltro se fue cojeando detrás de estos, ingresaron a un cuarto y ahí estaba aquella muchacha amarrada de pies y manos.

– No me haga nada con esos perros. Por favor señora, no haga que me muerdan.
– ¿Morderte?
– Si, por favor, tenga piedad, yo no he hecho nada.
– “No he hecho nada” esa la he escuchado de tantos que han llegado por acá. No sé cuántas veces se les he advertido que no anden jugando con fuego. Te apuesto que te calentaste por ahí con uno de los comunachos y terminaste haciendo tonteras. Si les dicen y no entienden. ¿Viste? Aquí las consecuencias.

Mientras aquella mujer le hablaba a esa niña, los pastores empezaron a olfatearla.

– No me gusta lo que siento ¡Me molesta su miedo! ¡Me dan ganas de morder su miedo! – dijo Valodia al perro Martchenko.

– No me quiero morir, por favor – siguió suplicando
– Mira Rufián, aprende.

El quiltro, sin entender nada, observaba la situación recostado en el suelo.

– ¡No, que no me muerdan! – suplicó la joven.
– No, no te morderán.

La oficial tomó sus pantalones y se los quitó, pero no fue suficiente, sus calzones también fueron arrancados.

– ¡¿Que está haciendo?! ¡Dios mío ayúdame!
– ¡Veamos si los perros te lo hacen mejor que esos marxistas!

El grito se escuchó tan fuerte, que el quiltro sintió la desesperación en sus entrañas, este empezó a aullar, sin entender por qué.

En la madrugada, Rufián no podía dormir. Sentía el llanto de aquella niña. Así, fue como decidió acercarse a ella.

– No me hagas nada. ¡No!
– No está feliz – sintió el perro.
– Quiero a mi papá – decía con llanto desconsolado.

El perro, se acercó y empezó a olerla, ella asustada le pedía que se detuviera.

– ¡Olor a rosas! ¡Olor a rosas! ¡Amiga!
– No, no quiero más por favor

Este sintió que el aroma era idéntico a la de su antigua dueña, aquella niña que se le aparecía en los sueños.

– ¡Ama! ¡Besos! ¡Besos!

Ella sentía la lengua que pasaba por su cara, pero confundía su cariño, sentía terror.

– ¡Déjame!
– ¡Ama! ¡Ama! ¡Mover la cola! ¡Mover la cola!
– ¡Dije que me dejes!

Rufián, entendió el mensaje. Hace mucho que no entendía las palabras de una persona. Así fue como se tiró a su lado y se quedó quieto.
Ella, siguió llorando. Pero al pasar las horas, entendió que aquel quiltro no le haría daño. Se encontraban ambos ya, muy tarde en una pieza oscura.

– ¡Señorita! Le traje algo para que coma, en un rato más tiene visitas.
– Déjeme salir señora, le juro que no le diré a nadie…
– Ya cállate. Para que te quedes tranquila, los pastores no van a incursionar ahí debajo de nuevo… salvo que no quieras hablar…

El quiltro era testigo de cómo aquella tipa le daba de cucharadas una sopa de nutrina con papas cocidas. Eran tan grandes las soperas que la joven se ahogaba, por lo que finalmente terminaba vomitando más que tragando.
La mujer dejó el plato a sus pies y se fue diciéndole las últimas palabras de esa noche.

– Mañana si no hablai, Valodia te arrancará los brazos y las piernas.

Mientras la joven dormía, Rufián se comía la sopa y las papas heladas. Jamás se quitó de su lado. Cuando la vio despertar, el quiltro le dio un par de lengüetazos en el rostro.
Ella, un poco más calmada, y con la mente fría, entendió que ese perro no le haría daño.

– Hola perrito. Pareciera que no te criaste con esa mujer.
– ¡Ama! ¡La ama me habla!
– ¿Por qué me mueves tanto la cola? Parecieras que quieres jugar. Si no te dai cuenta, estoy en una situación complicada, estoy atada de pies y manos.
– ¡Jugar! ¡Quiero jugar!

Rufián se fue corriendo a buscar una pelota de tenis que había en el living. Pero se encontró con los pastores.

– Mira Valodia quien se apareció por aquí – dijo Martchenko
– Vengo por pelota – contestó Rufián.
– Eres un perro idiota, mas no se puede esperar los de tu clase.
– Jugar, jugar con ama.
– ¿Qué es lo que quieres?
– Pelota, quiero pelota
– ¿Te refieres a esta pelota?

Valodia le mostró con su hocico la pelota de tenis, la cual, dejó botando a su lado para que Rufián se la llevara.

– Si la quieres, entonces tendrás que venir por ella.

Pero el quiltro sintió una vibración extraña en ellos, sintió la energía amenazante.

– No pelear. No morder. – les dijo Rufián.
– Pero si no pelearemos contigo.

Rufián se acercó de a poco, pero a medida que se aproximaba, ambos pastores mostraban cada vez más sus dientes.

¡Ama! – pronunció el quiltro.

Ambos pastores dieron media vuelta para ver a su dueña. Rufián mordió la pelota y escapó a la pieza. Los pastores cayeron en su trampa. Martchenko se iba enfadado detrás de él, pero Valodia lo detuvo.

– ¡Déjalo, deja que se vaya!
– Pero un quiltro nos ha hecho quedar en ridículo, nosotros que tenemos entrenamiento, somos de raza.
– ¡Ya cállete! Lo mataremos tarde o tempano. Pero debemos esperar la orden de nuestra dueña, si le hacemos algo sin que ella nos diga nos podrían castigar.

En la habitación, Rufián dejó la pelota al lado de la muchacha. Pero esta insistió en su situación.

– No puedo jugar po – le dijo la joven.
– ¡Lanzar pelota!
– Pucha, a ver, déjame esa cuestión aquí.

Ella le indicó moviéndoles los dedos de uno de sus pies descalzos.

– ¡Patear! ¡Patear pelota!

Rufián fue inteligente, pues se la dejó como ella le indicó, y esta como pudo, logró mover la pelota con la planta del pie.
Él corrió detrás de esta, sentía la energía en su estómago, era feliz como hace mucho. Ese pequeño metro cuadrado lo hacía sentir como aquel gigantesco patio de sus antiguos dueños.

– ¡Otra vez! – pensó el quiltro.
– Muy bien, toma ¡Aquí va!

Esto lo repitieron unas quince veces, ella no cesó, pues era lo único con lo que podía interactuar durante esos terribles días. El perro se transformó en su amigo, su inocente compañía.

Rufián sentía su olor a rosas, cuando dormía al lado de aquella joven, sus sueños eran cada vez más reales, sentía las piernas de esa niña que tanto amó y que por alguna razón que no recuerda ya no estaban con él.

– ¡Buenos días!

Era la oficial que había llegado en la mañana, pero no venía sola, eran los mismos tres tipos del día anterior y con ellos, un señor de barba abultada.

– ¿Así que usted es la famosilla? – le dijo el señor de barba abultada a aquella joven secuestrada.
– ¿Qué me van hacer ahora?
– Nada. Venimos a saber quiénes son los que andan contigo en toda esta lesera.
– Si ya le dije a esta señora que no tengo nada que ver.
– Pucha la cuestión. Qué le gustan a estos cabros que uno les pegue… sinceramente a mí no me gusta, todo sería tan fácil si abrieran la boca y listo, pero siempre obligan a tomar métodos, créame que a uno le duele más. ¿Cuántos años tiene usted?
– Veintitrés – contestó.
– ¡Veintitrés! La edad de mi hija. Mire po, como a uno le va a gustar… Ya, hable no más, si yo no le voy hacer nada. Empecemos de cero. Así como si no supiera nada de usted. Ya me sé su edad, así que eso no se lo voy a volver a preguntar. ¿Cuál es su nombre?
– Antonia
– ¿Antonia así no más? ¿Usted no tiene apellido? ¿Segundo nombre?
– Antonia Paz Andrade Villalón
– Ahí si pues… ¿De dónde es?
– De Peñaflor
– De Peñaflor… ya. ¿Trabaja? ¿Estudia?
– Estudio Derecho
– Derecho. ¡Derecho pa la casa!

Casi todos rieron juntos en esa habitación de aquella broma sin gracia.

– ¡Que la hace larga! – interrumpió la dueña de los perros.
– ¿Perdón? ¿Y usted que se cree?
– Yo soy oficial de carabineros si no se le olvida – le respondió la mujer.
– Le voy a decir altiro algo a usted, y métaselo en la cabecita. Mucha razón tiene en decirme que usted es oficial de carabineros, la felicito… pero antes que todo usted es mujer. Y una mujer a mí no me da órdenes, dedíquese a darle comida a los perros que pa eso está.
– Póngase los pantalones entonces y sáquele información luego, pareciera que mis dos pastores son más eficaces que usted.

Ante esas palabras, los tres carabineros que estaban en este lugar miraron al tipo, esperando alguna respuesta, tal parecía que si no contestaba, su respeto se iba al carajo.

– ¿Sabe que va a pasar después de todo? Algún día todo esto se va acabar, aunque yo no lo quiera, la historia lo dice, todo es cíclico, seguramente todo el trabajo que hemos hecho por este país será aplastado por todo estos tipos que atrapamos día a día, y posteriormente, llegarán otros y se comerán a estos… y así sucesivamente. Pero hay algo que va a quedar ¿saben que muchachos?… Nombres, eso va a quedar, nombres, quizás alguna calle con el nombre de nuestro general Pinochet, en los libros aparecerán nombres como lo del general Contreras, del brigadier Krasnoff, o el comandante Corbalán… y junto a todos ellos ¿saben quién?
– Usted – respondió uno de ellos.
– Exactamente, tú lo has dicho Ramirez, Yo ¿Y usted oficial? ¿Usted cree que se encontrará en los registros? Podría ser… como la mujer que se dedicaba a limpiarle la caca a los perros. No sea lesa Oficial Oderock. No sea ingenua, no piense ni siquiera que va aparecer su nombre en el pasaje de alguna población picante. Ni para eso le va alcanzar. Usted no es nadie, cuando se termine todo esto usted va a quedar en el olvido.
– No es así, el máximo general de carabineros me dejó como oficial por órdenes directas del presidente.
– Bueno. Seguramente nuestro presidente de la republica la enviará próximamente a darle agüita a sus caballos en Santo Domingo.
– ¡No es asi!
– ¡Cállese quiere! ¿Y sabe qué más? Se acabó la entrevista a la señorita, vengo otro día… y pobre de usted que le haga algo sin mis órdenes. ¿Me escuchó?

La mujer agachó la cabeza, tragándose la rabia, muda.

– ¡Ah! y se me olvidaba algo. Póngale calzones y pantalones a esta cabra, me cuesta concentrarme teniéndola en pelota en el suelo.

Todos se marcharon. La oficial se quedó mirando a la joven que tenía secuestrada:

– Tuviste suerte, fue solo un día más. Mañana seguramente van a estar tirando tus restos en Papudo.

El quiltro notó que su potestad ya no la tenía la dueña del lugar, ya que desde que sintió el olor a rosas en la muchacha todo eso cambió… aún seguía sin moverse de ahí.

Esa noche, Antonia le conversó a Rufián, como si fuese un amigo que se encontraba en un pub con ella.

– Si supieran… Estaría debajo del océano como me dijo esa vieja hace un rato. ¿Te confieso algo? Participé de varios atentados, es cierto, y aunque parezca irónico, lo hice por amor, tiene razón esa mujer. Y estoy tan enamorada y soy tan fiel a todo esto que soy capaz de aguantar que me violen mil perros mas. No voy hablar… tengo miedo, pero no voy hablar, ni una sola palabra. Él único que sabrá todo esto en esta habitación serás tu amigo.
– Siento pena.
– ¿Tienes pena de mí?
– Me escucha, ella me entiende.
– Siento que te entiendo Rufian… el nombre que te pusieron, te apuesto que no te crió esa loca y tenías otro nombre.
– ¡Chocolate! – recordó el quiltro.
– ¿De adonde te habrá sacado? Bueno, dado las circunstancias creo imaginarme un poco.
– No recuerdo.
– Te prometo que si salgo de esta, te vas conmigo. Pero hay que escapar, no le veo otra forma, nadie va a venir por mí.

– ¡Chocolo! ¡Siéntate!
– No entiendo
– Así, mírame.
– ¡Quiero pelota!
– ¡Pucha Chocolo! ¡Si es fácil!

Aquella chiquilla gastaba todo el tiempo en enseñarle a su perro distintos trucos. Podían pasar horas, eran inseparables.

……………………………………………………………………………………

– ¡Rufián! ¡Levántate perro de mierda! – le ordenó la oficial.
– Chocolo, yo soy Chocolo – recordó el quiltro.
– No le hables así al perro – interrumpió Antonia, la joven secuestrada.
– ¿Me hablaste? ¡Bah! Yo pensé que los perros te habían comido la lengua – le contestó
– Tengo sed.

La oficial Olderock escuchó el llamado. Tomó un vaso y lo llenó de agua, se dirigió hacia la muchacha y lo rebalsó en su cara.

– He estado pensando que no tiene sentido alimentarte ¿para qué perder tiempo en cocinarle a alguien que se va a morir? Comida mal gastada. Lo mismo con el agua, está muy re escasa, hay que cuidarla.
– ¡Muérete vieja culiá!
– ¡¿Que dijiste?!
– ¡Muérete vieja culiá!

A la tipa no le cayó en gracia el insulto.

– ¿Querí huevearme? Parece que no te bastó con los perros.
– ¡No me dan miedo tus perros asquerosos! ¡Llámalos! ¡Me da igual vieja conchetumadre!
– ¿Te da lo mismo? ¡¿Te da lo mismo mierda?! Ya po. Veamos si ahora te va a dar lo mismo. ¿No dijiste que teni sed?
– ….
– ¿Te gusta el pichi de perro?

A la joven se le notó en el rostro la preocupación de aquella amenaza.

– Jajajaja. Es broma. Ustedes los marxista siempre tan serios. No tienen sentido del humor parece. En realidad te tengo una sorpresa, para que no te sientas tan solita te traigo un pololo.
– ¿Qué me vai hacer ahora?
– ¡Teniente Martinez! ¡Lo dejo! ¡Entreténgase un ratito con esta!

Entró un hombre a la habitación. Se trataba de Miguel Martinez, teniente y uno de los principales asesinos de la CNI, conocido entre las víctimas por abusar de ellas sexualmente.

– Oiga oficial, tiene que salir de la pieza eso si, no me gusta hacerlo mientras me están mirando – le dijo a Ingrid aquel tipo.
– ¡No… no me haga esto caballero! – rogó Antonia
– Los dejo. Nada de estar enamorándose si po – exclamó la oficial cerrando la puerta la oficial.

El hombre dejó que se escuchara en el toca disco a Creedence, el primer tema que sonó fue Have You Ever Seen the Rain. Mientras esta canción sonaba, este le hablaba, desatándole la soga de las rodillas.

– Usted es bien bonita… tiene buenas piernas, es jovencita, está tiernecita.
– ¡Señor! ¡No me haga nada, se lo pido! ¡Eso no! ¡Hágame lo que quiera! ¡Máteme si quiere! ¡Pero no me viole!
– ¡Ya cállate! ¡Estai hablando mucho y me desconcentrai!
– ¡Por favor caballero!
– ¡Cállete te dije!

El tipo le dio un golpe seco en la cara… fue tan fuerte que le rompió la nariz.

– ¡Ama! ¡Ama! ¡Le hacen daño! – pensó el quiltro.

La desnudó y dejó su genital en el aire. Se puso encima de ella, la tipa no dejaba de gritar. Él tocaba sus senos pero no podía penetrarla porque ella no dejaba de estar quieta.

– ¡Ayuda!

En Chocolate despertó un instinto que no sentía hace mucho tiempo, los gritos de quien era su ama fue una chispa que hizo fuego en su corazón.

– ¡Grrrrrrr! ¡Déjala!

Así se abalanzó sobre Martinez, se fue directo al cuello.

– ¡Perro de mierda! ¡Suéltame!

Pero no lo dejó, tenía sus colmillos apretados. El tipo se levantó intentando zafar, pero el quiltro no cesó jamás.

– ¡Ingrid! ¡Tú perro! ¡Tú peeeerrooo! – gritó el sujeto.

La oficial tomó una pistola, pasó por su cabeza que alguien del Frente se había metido a la casa. Corrió hacia la habitación, no entendía porque se escuchaba a Martínez tan desesperado.
Pero la sorpresa fue mayúscula. Ya era demasiado tarde. Encontró a su compañero desangrado en el suelo…

– ¡Qué hiciste conchetumadre! – apuntando a la joven con la pistola.

Olderock confundida, pensó que la muchacha había sido la culpable, pero no tenía sentido, estaba amarrada de las manos. Miró al quiltro que se encontraba echado al lado de la joven, notó que tenía su pelaje mojado.

– ¿Fue Rufián?
– …
– ¡Contesta mierda! ¿Fue el perro?
– ….
– Contesta culiá – apuntando con la pistola a la cabeza de Antonia
– … no le haga naa.

La tipa apuntó al perro.

– ¡Perro de mierda! ¡Qué hiciste!
– ¡No le haga naaa! ¡Por favor! ¡Pare! ¡Déjelo!
– ¡La vas a pagar!
– ¡No lo mate!

La tipa bajó la pistola

– ¡Valodia! ¡Marchenko!

Ambos pastores llegaron de inmediato al lugar.

– ¡Atáquenlo!
– ¡Noooo! – gritó Antonia.

Nuevamente sufrió una paliza de ambos. La muchacha suplicaba piedad por Chocolate, observaba como atacaban al que ya era su perro. Era solo cosa de segundos que lo mataran. El quiltro sufría y sentía como su vida se iba.

………………………………………………………………………………………

– ¡Nunca aprendes mierda! ¡Cuántas veces te he dicho que no te juntes con esos cabros!
– ¡Es que son mis amigos! – contestó la pequeña.

La niña sufrió un castigo de aquellos por parte de su padre. La muchacha supo que se sentía nueve correazos en sus piernas y en las nalgas.

– ¡Para que aprendas mierda!

La niña sufrió tanto de dolor en su cuarto después del castigo. Chocolate escuchó desde el patio a su ama llorar. Subió a su cuarto y le lamió las piernas.

– ¡Ay no! ¡Me duele!
– ¡Ama, ama! ¡Está sufriendo!
– ¡Chocolate, dije que no! ¡Me duele! ¡Siéntate!

El perro puso su trasero en el suelo, al lado de la cama, con la lengua afuera. La niña, pese al dolor, vio como al fin su quiltro aprendió después de tantos días de ensayo.

– Chocolate, te sentaste…
– ¡Sentarse! ¡Sentarse!

………………………………………………………………………………..

– ¡Es suficiente! ¡Déjenlo! – ordenó la tipa.

Ambos pastores escucharon la orden de la oficial y soltaron al quiltro… este no se veía nada bien.

– ¡¿Rufián… estai bien?! – le preguntó Antonia, desesperada, atada de manos.
– ¡Duele! – exclamó para sí mismo el perro.

La oficial Ingrid Olderock no se veía nada contenta.

– ¡Ahora como mierda explico esto! Tengo a Martínez muerto en la pieza… ¡Oye!
– …
– ¡Te estoy hablando conchetumadre!
– ¿Qué quiere?
– Si preguntan qué pasó, vas a decir que se metió gente del Frente a la casa y nos atacaron
– …
– ¡¿Escuchaste?!
– No le creerán.
– Y quien mierda te pidió tu opinión… ¡Vas a decir eso!
– ¿Y como se supone que se metieron?
– No sé… Pero vas decir eso… ¡Si dices que fue este perro de mierda los matos a los dos! ¡¿Me escuchaste?!

La joven acató la idea, después de todo esto favorecía a Chocolate.
Ingrid por su parte, se encontraba sentada al frente de la puerta de entrada, se sentía asustada. Tendría que dar explicaciones de la muerte del teniente.
En la noche, se escuchó que un auto se estacionaba afuera de la casa, ella se asomó por la ventana y comprendió que había llegado el momento de enfrentar la situación.

– Oficial, abra la puerta. Somos nosotros.

La tipa se negaba a abrir.

– ¡Oficial!

Ingrid respiró profundo y atendió a los tipos.

– ¡Ayuda! – exclamó.
– ¿Qué pasa?
– Se metió un tipo del Frente y atacó a Martínez
– ¡¿Qué?! ¡¿Y cómo mierda pasó eso?!
– … Se metió escondido a la casa.
– ¡¿Y usted no hizo nada?!
– ¡No alcancé, escapó!
– ¡¿Y dónde está Martínez?!
– Muerto… está en la habitación

Corrieron y vieron a su colega con el cuello roto, con litros de sangre a su alrededor.

– Esto es muy raro… no puede ser.

– ¡¿Raro?! ¡Ustedes que nunca me han tenido un guardia en la Venda Sexy! ¿¡Que querí!? ¡¿Le he dicho mil veces que yo no puedo estar en todos lados?!
– Hay que hablar con el comandante.
– ¡Y dile que necesito gente que me ayude con esto! Cualquier día se van a dejar caer esos marxistas de nuevo por acá.

Asi fue como la muerte de Martinez fue noticia nacional.

“Teniente fue asesinado por un grupo de terroristas del Frente Manuel Rodriguez”

Pasaron varios días y las aguas se calmaron para la oficial, notó que nadie la apuntaría con el dedo por la muerte de uno de los suyos.

– Rufián, te ves mejor, ya no te ves cojo – le dijo Antonia al perro.
– ¿Pelota?
– Estoy cansada Rufián. Estoy cansada de todo esto.

La joven se veía cada vez peor, lo poco que le daban de comer y de beber la tenía en un estado físico de extrema delgadez, ella cumplía un mes en esa habitación.

– Te tengo compañía – exclamó Ingrid Olderock a la muchacha.

Se trataban de quince detenidos. Jamás habían tenido tanta gente en la Venda Sexy, nombre de la casa que fue puesto por los mismos agentes de la Dina, ya que los detenidos eran vendados y torturados con vejámenes de tipo sexuales.
Los nuevos secuestrados eran hombres y mujeres de distinta edad, el mayor se veía de unos sesenta mientras el menor unos diecisiete.

– ¡Tírense mierda!

Se encontraba en la casa el tipo de barba que interrogó durante los primeros días a Antonia. Este tenía tanto poder que podía hacer lo que quisiese, incluso con Ingrid Olderock. Era respetado por todos el grupo de la Dina. El tipo era tan bueno en su trabajo que podía hacer hablar a hasta un mudo.

– ¿Qué hacemos con estos? ¡Son muchos! ¡Yo no voy a estar haciendo comida pa tanto hueón! – exclamó molesta la oficial.
– ¡Cocina chancha culiá no más y déjate de huevearme, mira que no ando de humor! – le contestó aquel barbón.
– ¡Yo soy la que mando acá!
– ¡Cállate guatona de mierda! ¡Agradece que no te mando a matar! ¡Mira que yo no te compro nada de lo que le pasó a Martínez!
– ¡Yo no voy a cocinar pa tantos te dije!
– A ver. Que tanto problema. Achiquemos la cantidad de personas ¿Qué tanto?

El tipo apuntó con su pistola al niño de diecisiete.

– ¡No, no me mate caballero!

Se escuchó el balazo que penetró en la cien del muchacho.

– Ahora hay dieciséis ¿Te alcanza la olla con eso? ¿No? Sabi que más, dejémoslo en quince.

Todos gritaron suplicando que no los asesinaran.

– ¡Oye! ¡Tú! ¡Párate!
– Caballero no me mate
– No, si no te voy a matar. Toma la pistola.
– ¿Pa que es esto?
– ¿Cómo pa qué? ¿Pa que te la metai en culo? No po ahuenao… usted apunta al que quiera y dispara.
– No, no quiero.
– ¿No? ¿No querí? Cagaste entonces.

El oficial apuntó justo en su corazón, el cual reventó con una sola bala.

– ¡¿Entendieron como es el juego?! Ustedes eligen a uno y disparan, si no, lo mato yo por cobarde.

Nadie dijo una sola palabra, el terror los tenía invadidos.

– ¡Usted, levántese!
– ¡¿Yo?!
– No ahuenao, al muerto que tení al lao ¡Obvio que vo po mierda! ¡Levántate!

Aquel tipo de unos treinta años, le temblaban las manos.

– Ya, ahora elige uno, al que querai.
– No pued..
– ¿Vo te queri morir entonces?
– No.
– Ya, entonces elige conchetumare que no tengo todo el día.

Al hombre le caían las lágrimas, no sabía a quién elegir, todos tenían sus ojos cerrados.

– Mátame a mí – dijo Antonia.

Todos observaron a aquella valiente muchacha. Estaba cansada, hace mucho que ya no quería vivir más.

– Mira quien habló. La princesa del lugar ¿Así que te querí morir? – le dijo el barbón.
– Máteme caballero, no lo piense – pidió al hombre que tenía el arma en sus manos.

Pero aquel líder tenía otros planes para ella.

– No. No. Usted es la única que no puede morirse aquí. Nosotros tenemos una conversación pendiente. Después todo lo que quiera. Pa que sepan todos ella no entra en el juego. ¡Ya, mata hueón a uno! ¡Te doy cinco segundos si no te vo te vai pal patio de los callaos! Uno. dos…

El hombre miró al más anciano, al de los setenta años… y apuntó.

– Lo siento caballero – mientras apretó el gatillo.
– ¡Aaaahh! – gritó de dolor el anciano.
– ¡Mira ahuenao, le disparaste en el hombro!

El barbón le quitó el arma al muchacho.

– No me mate señor – le suplicó el joven
– ¡Por no saber jugar!

Asi fue como le voló el ojo derecho al muchacho.

– ¡Vo también viejo culiao, no me serví herido! – Mientras le daba el tiro de gracia en la cabeza.

Cuatro muertos en cinco minutos en la habitación.

– ¡Ya saben ya los culiaos! ¡Vamos a ir jugando todos los días! Así que empiecen a preparar toda información, los quiero como loritos hablando.

………………………………………………………………………………

– ¡Chocolo!
– ¡Ama!
– Quiero que nos vayamos juntos de casa. No soporto a mis papás, no quiero vivir más aquí.
– ¡Ama! ¡Está llorando!
– ¡Sígueme Chocolo!

La pequeña tomó un par de prendas y las echó en su mochilita. Salió escondida de casa. Salieron por la puerta y escaparon lo más lejos que pudieron.
Esa noche llovía.

– Chocolo, nos estamos mojando mucho.
– ¡Ama! ¡Yo seguir donde tu vayas!
– No quiero vivir más ahí. Mis papás están locos. Solo pelean y me golpean. Tú eres al único que quiero.
– ¡Ama! ¡No tener miedo!

Su padre descubrió que su hija había escapado. Salió rápido a su búsqueda. Enfurecido.

………………………………………………………………………..

La casa se volvió un verdadero matadero, a medida que pasaban los días, habían más muertos en la habitación, solo sacaban aquellos cuerpos que se les sentía la putrefacción. Ingrid se encargaba de torturarlos junto a los demás. Jugaban con los testículos de los hombres y con los senos de las mujeres. Hacían que se golpearan entre ellos, se dispararan, se torturaran… se violaran.
Antonia y el quiltro eran testigos diarios de todos los crímenes que ocurrían en esa habitación.

– No quería estar sola en este lugar, pero creo que era lo mejor. Ahora me acompañan quince personas más en esta habitación, y no sé cuál de todos ellos sigue con vida. Me gustaría ser parte de esos cuerpos. No soporto un día más en esta mierda.
– …Estás triste ama – pensó el perro.

Antonia no se bañaba más de un mes, no era la misma muchacha que había llegado a la Venda Sexy en un principio, pero para Chocolo seguía siendo su ama, su aroma a flores no desaparecía… jamás.

– ¡Llévense todos los cuerpos!

Dejaron la habitación casi vacía. La dejaron como al principio, solo aquella joven y el quiltro.

– ¡Ya hueona, te toca hablar hoy! – le dijo amenazante Ingrid a Antonia.
– ¡No voy hablar!

El barbón interrumpió el inicio de aquella discusión.

– A ver, cálmense las dos. Usted señorita va a conversar conmigo y tu Ingrid te vas a quedar callada…
– ¿Y qué quiere que diga? ¿Qué soy parte del Frente?
– Eso ya lo sabemos po. Si no me interesa eso. Quiero saber dónde están. Donde se juntan. Donde hacen sus reuniones de mierda.
– ¡No!
– Parece que hay que contarle- interrumpió Ingrid.
– ¿Qué cosa? – preguntó Antonia.
– Asi es parece, hay que contarle – contestó el sujeto
– ¡¿Qué pasa?! – preguntó ya más asustada la muchacha
– ¿Conoces a un tal Claudito? – le dijo riendo Odelrock.
– ¡Ay no, por favor no!
– ¡Ah! ¡Te asustaste!
– ¿Qué le hicieron?

El barbón tomó la palabra:

– Nada… Pero te voy a decir algo, si no hablas ahora prometo que te lo traigo y dejaré que la oficial con sus perros se encargue, esta vez no me voy a meter.
– Al fin voy a ocupar a mis perros de nuevo ¿Cómo los vez encima de tu hermanito? – dijo Ingrid.

– …Voy hablar – contestó la muchacha.
– Muy bien. Escucho – respondió el tipo.
– Esa mujer…

Con sus labios, apuntó en dirección de la oficial.

– ¿Qué mujer? ¿La Ingrid?
– Si

La oficial intuyó de que se trataba, abrió los ojos asustada.

– ¡Esta se volvió loca! ¡No la escuche!
– ¿Qué pasa? – preguntó sin entender nada el barbón.
– Adivine
– Ya. No estoy pa tu jueguito ¡¿Qué pasa?!
– ¡No pasa nada! – exclamó Ingrid.
– Se trata del Frente… usted supo que se metieron a la casa ¿Verdad?
– Si, asi es.
– ¡Cállate mierda! – gritó enfurecida Oderlock.
– Eso es mentira, nunca entraron acá
– ¡¿De que mierda me habla esta hueona Ingrid?! – preguntó el barbón en dirección a la oficial.
– ¡Está inventando!
– ¡Fue su perro! – acusó.
– ..¡¿Qué?! – exclamó el tipo.
– No se cómo ustedes no investigaron un poquito, si hay un muerto que sean de los suyos siempre el culpable es comunista. Me dan risa. La enemiga la tienen entre ustedes, es esa que está ahí.
– ¡¿Vo tuviste que ver chancha culiá?!

La oficial se quedó en silencio, con rostro de culpa y miedo.

– ¿Cuál perro fue?
– ¡Uno de sus pastores! – mintió Antonia.
– ¡Eso es mentira!
– ¡Se abalanzó sobre él y le rompió el cuello!
– ¡¿Dónde están esos perros culiaos?!
– ¡No le hagas nada, ellos no tienen nada que ver! – suplicó Ingrid.
– ¡Tráelos conchetumadre! ¡Trae a esas mierdas!
– ¡No quiero… por favor, no le hagas nada!
– ¡Sabí que más! ¡Voy a ir yo!

El tipo caminó a paso rápido hacia el living, lugar donde se encontraban ambos pastores. La oficial intentaba que no fuera hacia ellos, lo tomaba de la camisa para detenerlo, pero este le dio un golpe en el estómago.

– ¡Deja de seguirme mierda!
– No. No fueron ellos.
– ¡¿Entonces quién?!
– ……
– ¡¿Fue ese quiltro?!
– …..
– Deja de huevearme, fueron una de esa cagas de pastores, esa otra cagá de perro que está allá adentro no sabe morder un hueso.

Ambos perros escucharon a su ama llorar.

– Que es lo que le ocurre a ama – dijo Marchencko
– No lo sé, nunca la había escuchado así – contestó Valodia.
– Mira, es uno de esos tipos. ¿Qué es lo que quiere?
– Nos está apuntando con una pistola. Es una amenaza.
– Sí. Grrrrrr. Lo es. Prepárate para lanzarte

– ¿Viste como son de choros estos perros? ¡Seguramente fue así como se tiraron en contra de Martinez!

– ¡No le hagas nada!

– ¿Cuál te gusta más Ingrid?

– ¡Para!

– No soporto más esto, voy atacar a este sujeto – exclamó el perro Marchenko.

– ¡No! – gritó desde el suelo la oficial.

Se escuchó el disparo en todo la casa. Chocolo paró sus orejas mientras Antonia atada esbozaba una sonrisa.

– ¡Marchenko! – exclamó para sí mismo Valodia.

– ¡No, no le hagas más daño! – gritaba la oficial.

El pastor alemán se encontraba herido, probablemente podría haberse salvado. Pero fueron nueve disparos en el suelo.

– ¡Esto te pasa chancha culiá por mentirme! – le gritó el barbón a la mujer.

Ingrid estancó su llanto. Se quedó de rodillas, muda, largos minutos.

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– ¡Te pille mierda!
– ¡No, papá por favor no!
– ¡¿Que te andai arrancando de la casa?!
– ¡No me pegue papá, yo lo quiero mucho!

El tipo se sacó el cinturón del pantalón y con este le golpeó a la niña en el rostro. Cayó al suelo y aquel demonio la remató en el suelo.

– ¡Ama!

A Chocolo se le encendió aquella llama en su corazón. Se lanzó contra el tipo y le mordió la pierna, jamás cesó.

– Perro de mierda ¡suéltame!

La niña se quedó tirada en el suelo, en silencio, testigo de cómo aquel quiltro la defendía con todo su corazón.

– Nos parece una vergüenza que el estado chileno no nos tenga respuestas ante el secuestro de Antonia. Estamos seguros que el gobierno chileno tiene información de su paradero. Como parte del estado italiano exigimos de inmediato la liberación de nuestra compatriota. Su total desaparición lo tomaremos como un insulto y una falta grave a la paz con la que hemos convivido ambos países durante toda nuestra historia.
– Por su parte, El subsecretario de interior respondió duramente las palabras de la embajada italiana, negando tajantemente cualquier participación de la desaparición de la joven.
– Me parece fuera de lugar las palabras del embajador, nuestro gobierno jamás se haría partícipe de un secuestro. Estamos seguros que forma parte de actos de terceros que han actuado de manera particular. Para la tranquilidad de la embajada, estamos haciendo grandes esfuerzos por averiguar el paradero de Antonia Andrade.

La noticia se hizo conocida a través de la radio y la televisión, y ya todo el país estaba enterado.

– ¡Oficial! ¿Escuchó la noticia? La princesa es famosa. Parece que no le vamos a poder hacer naa – dijo uno de los hombres que miraba la televisión.

Ingrid ya no estaba para juegos, estaba cansada de esa joven a quien ya tenía secuestrada hace cuatro meses. La muerte de Marchenko había gatillado un odio en ella, solo quería acabar con su vida de la peor forma.

– No me interesa. Mientras no venga el mismísimo presidente, esa va a seguir siendo nuestra.

En tanto, en la habitación más grande de la Venda Sexy se encontraba la muchacha, más delgada, con los pómulos chupados, ojos decaídos, y el pelo graso; la energía de Antonia solo daba para lanzarle tres veces la pelota a Chocolate, quien no entendía mucho lo que pasaba.

– Ama, pelota – pensó el quiltro.
– No quiero jugar más Rufián.
– Pelota.
– … Pucha, estoy cansada mi perrito. Tírese al ladito mío.
– Ama ¿Cuándo vamos a pasear?
– Me recuerdas a un perrito que tuve cuando niña… nunca supe donde se fue. Lo quise tanto… ¿Cuántos años tienes? Tengo la sensación de que eres viejito, debes buscarte un mejor lugar para tus últimos años, no esta mierda Rufián… creo que ya no saldré de acá, eso de que íbamos a escapar no podrá ser. Pero tú tienes la posibilidad de marcharte, cuando estos se deshagan de mí, tú debes irte y buscarte a alguien que te cuide, no debes quedarte con esa mujer acá… no quiero que te hagan nada.
– ¿Ama?
– Escúchame Rufián… tienes que irte, debes dejarme.
– ¡Porque ya no me quieres?
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– Chocolate, debes irte, no puedes quedarte acá. Mi papá te anda buscando, si te ve por acá te va hacer daño.
– Ama ¿Por qué ya no me quieres?
– Te quiero mucho mi perrito… pero debes irte.
– No. Quiero tu olor a flores.
– ¡Ándate Chocolate! ¡Ándate de aquí!

El padre de la pequeña buscaba con un revolver al quiltro.

– Escucho a mi papá que viene… ¡ándate chocolate!
– No. Quiero estar contigo.
– Ándate. Cuando sea grande te buscaré y viviremos juntos para siempre, pero ahora no puedo.
– No me quiere
– ¡Vete Chocolate… vete!

Los pasos de su padre se escuchaban cada vez más cerca.

– ¡¿Estas con ese perro?! ¡¿Está ahí esa mierda?!
– Chocolate, ¡Ya po! ¡porfa! – le suplicó llorando
– Ama…
– Adiós perrito mio.

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– ¿Así que italiana? – le preguntó uno de los tipos.
– Mis abuelos por parte de mamá… – le respondió la secuestrada.
– Por eso tan bonita… si las europeas son encachadas, son como de raza, nosotros los chilenos somos más quiltros.
– ¿Quiltros?
– Si po. Como ese perro que tienes al lado.
– … Los quiltros no son traidores. – contestó mirándole a los ojos.

Ingrid tomó la palabra al ingresar a la habitación.

– Que hablai tanto con esta ¿No escuchaste la orden? ¡Tienen estrictamente prohibido cruzar palabras con hueona!

El tipo sin decir nada se marchó de la pieza. La oficial quedó a solas con Antonia.

– Hoy es el día… – le dijo Ingrid.
– ¿Estai contenta?
– Si. Muy contenta.
– ¿Y serás tú quien me ejecute?
– No… pero seré feliz.
– Al fin que te toque reírte, yo me he reído de ti todo este tiempo.
– ….
– Sabes que me he preguntado estos días si te ha tocado algún hombre. Porque eres tan horrenda, que se me hace difícil pensar que alguien te lo quiera meter. Acá todos te tratan como la chancha, como la cerda culiá, les dai risa. No calentai ni a un ciego.
– No necesito de ningún hombre
– ¿Te gustan las mujeres acaso?
– Deja hablar huevadas mierda.
– Te apuesto que eres virgen.
– …
– Pidele a Volodia que te quite la virginidad, quizás un perro no sienta tanto asco.

La tipa molesta, se acercó a la muchacha para castigarla con un golpe, pero uno de los hombres interrumpió.

– Oficial, llegó nuestro superior… la necesita adentro.

La muchacha una vez más se burló.

– Vaya pues, le están dando una orden.

El barbón esperaba a la oficial, este le tenía una noticia que no le agradaría en lo absoluto.

– Hoy no la ejecutaremos – le informó.
– ¿Otra vez? ¿entonces cuando?
– Nunca. Hay que soltarla, por órdenes superiores no la podemos tener más acá.
– ¡¿De que mierda me están hablando?! ¡Se suponía que hoy nos deshacíamos de ella!
– Ya no oficial. Haga caso. Parece que la embajada italiana interfirió demasiado. Nuestro gobierno no quiere tener malas relaciones diplomáticas.
– ¡¿No te dai cuenta que si la soltamos esta va hablar?!
– ¡¿Y qué?! ¡¿Le teni miedo a los del Frente?! No seas hueona. Nuestro trabajo va a continuar. Estamos respaldados directamente desde arriba.
– ¡¿Y la casa?!
– Hay que abandonarla, hay que buscarse otra.
– ¡No! ¡Esta es mi casa!
– ¡¿Tú casa?! Esto pertenece al estado de Chile.
– ¡No me haga esto!
– ¡Te estoy dando una orden mierda! ¡Ahora anda a vestirla! ¡lávala! ¡La quiero bien linda pa cuando se la lleven!

Para la oficial, lo que estaba sucediendo significaba una derrota absoluta a su orgullo, odiaba con todo su ser a esa joven que representaba todo lo que ella no era.

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Chocolate jamás se retiro del todo, siempre rondaba la casa, veía a su ama a lo lejos, aquella niña lo observaba por la ventana, él esperaba aquel llamado de regreso… pero ella no hacía nada.

– Ama…

Así, pasaron días, meses, años y la fidelidad de aquel quiltro no cesaba. Vio crecer a su dueña a lo lejos, observaba como sufría los golpes de su padre, quería defenderla, pero entendía que aquella niña no la quería cerca. Chocolate fue envejeciendo, pero su amor por aquel olor a flores era infinito.

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– ¡Andrade! – gritó Ingrid a la muchacha.
– ¿Me matarán ahora?

Olderock no podía con su orgullo, tanto asi que no quiso decirle la verdad.

– …… Si, hoy te ejecutarán, me lo acaba de informar.
– Viste Rufián, me matarán hoy.
– No estar triste ama – pensó el quiltro.
– ¿Qué le hablai tanto al perro? como si te entendiera. Si este lo único que piensa es en comer y jugar con esa pelota.

Ingrid la desató, la bañó en silencio mientras aquella muchacha no hacía más que insultarla y burlarse de ella antes de su supuesta ejecución. Luego la vistió mordiéndose la rabia. Finalmente, se dirigió al barbón.

– Oficial ¿la tiene lista? – le preguntó el superior.
– Si, ahí está…
– Bien, muchachos, vayan por ella. Llévensela – ordenó.
– ¡¿Porque hace esto?! – exclamó Ingrid sin convencerse de lo que estaba sucediendo.
– Chancha… quiero que dejen esta casa impecable, no quiero una mancha de que acá hubo alguien.
– Usted es un cobarde
– ¿Qué me dijo?
– Usted es un cobarde, yo sería capaz de que me maten por no soltar a esa hueona.
– Ya Olderock… pierdo el tiempo con usted… ¡Muchachos, vayan por ella y llévensela!
– ¡No, nadie se la lleva!

Todos se quedaron en silencio, esperando la respuesta del barbón.

– ¡Esta es la segunda vez que me desobedecí delante de mis hombres conchetumadre! ¡No habrá tercera!
– ¡Nadie se la lleva dije!
– ¡¿Que se quedan mirando mierda?! ¡Dije que fueran a buscarla!

Los tipos se marcharon a la habitación y Antonia pensó que era su hora.
Pero un ruido de una bala se escuchó en el living, junto con un grito de dolor.

– ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Me disparaste!

Los tipos corrieron hacia el lugar del disparo y se encontraron sorpresivamente con el barbón herido de una pierna… Olderock sujetaba un revólver.

– ¡Dispárenle mierda! ¡Mátenla! – ordenó el tipo desde el suelo.
– ¡Volodia! – exclamó la oficial.

El perro se lanzó en contra de uno de los hombre, rompiéndole la cara de una sola mordida, el otro apuntó para dispararle al perro pero la oficial fue mucho más rápida volándole la cabeza. Al tercero, nervioso, se le cayó el arma y se tiró en un rincón.

– ¡No, por favor oficial, no me mate!
– ¡Cobardes culiaos! – dijo mientras le disparaba en su cuello.
– ¡Oficial! ¡qué mierda está haciendo! – exclamó el barbón.
– ¡Lo que tú siempre debiste haber hecho!
– ¡Te ejecutarán por desacato!
– ¡Yo soy la jefa de esta casa conchetumadre! ¡Nadie me dice que hacer!
– ¡Perra re culiá!

La oficial le disparó en la otra pierna, el tipo gritó en dolor.
– ¡Ahora vai aprender cómo se hace esto! ¡Volodia acompáñame!

Aquella mujer y su perro se fueron en busca de Antonia.

– Te llegó la hora – le dijo Ingrid a la muchacha.
– Solo espero la orden ama – dijo para sí mismo Volodia, mientras le mostraba los dientes.

… El quiltro por su parte, sintió la vibración del pastor.

– ¡No, no harás daño a ama! – pensó mientras se colocaba en posición de ataque.
– ¡Muerde Volodia! – ordenó la oficial.

El pastor alemán se lanzó en contra de la muchacha… pero el Quiltro en un impulso de valentía se cruzó para defenderla.
Ambos se arrancaban la piel, esta vez Volodia sintió que peleaba contra un lobo, el quiltro tenía su corazón en llamas. El Pastor con su fuerza logró dejar a Chocolate en el suelo.

– ¡Rufián! ¡Rufián! – gritó Antonia preocupada por su perro.

La voz de la muchacha le dio un impulso más de energía a Chocolate… este logró girarse y tomó a Volodia desde el cuello.
El quiltro no dejaría que su ama fuera atacada, el pastor alemán poco a poco dejo de cesar.

– ¡Chao conchetumadre! – exclamó Olderock apuntando con la pistola.
– ¡Rufián!
Antonia cayó al suelo, con la mirada hacia el quiltro, mientras su blusa recién puesta se manchaba con sangre de su pecho. Chocolate, apenas escuchó el sonido soltó a Volodia, quien quedó derrotado, y herido.
– ¿Ama? ¿Ama?
– ¡Ahí está tu dueña! – gritó efusivamente la tipa al perro.
– No. Ama, despierta.

El quiltro le pasaba la lengua por el rostro perdido de Antonia, con su cabeza intentaba moverla, esperaba alguna reacción, pero esta ya no estaba en esa habitación… el descanso que por meses esperó había llegado.
Ingrid tomó de las piernas el cuerpo de Antonia y la arrastró por la casa. El quiltro la seguía con su llanto.

– ¡No te lleves a ama!
– Esto es lo que debiste haber hecho hace mucho tiempo – le dijo Olderock al barbón, mostrándole el cuerpo de la muchacha.
– ¡Qué hiciste mierda!
– …Le disparaste nueve veces a Marchenko.

Ingrid lo remató varias veces en el suelo.
Escondió el cuerpo del barbón y de los demás en la casa… solo dejó al de Antonia en el living.
Esperó por horas que llegasen otros uniformados.
El quiltro no dejó nunca el cuerpo de su dueña.
…………………………………………………………………………………………………………………………………………………
Chocolate había cumplido catorce años cuando la niña volvió a casa, ella se había marchado, él nunca supo porque, solo la esperó.
Cuando volvió a verla se puso tan contento, al fin podría acercarse, aquel padre violento ya había muerto, y con esto, nadie podría impedir estar juntos de nuevo.

……………………………………………………………………………………………………………………..

Los tipos fueron a la casa en la madrugada, golpearon la puerta, Ingrid abrió con un discurso preparado.

– Recibimos nuevas órdenes… había que ejecutarla y eso se hizo.

Los hombres no dudaron de la palabra de la oficial, esta se veía convencida.

– ¿Y que se hará con el cuerpo?
– Hay que responder con fuerza, tírenla en la embajada italiana… ¡llévensela!

Los tipos tomaron el cuerpo, el quiltro no dejaba de ladrar.

– ¡No se la lleven!

Rufián se fue detrás de ellos, se iban con su dueña.

– ¡Tú no te vas a ningún lado Rufián! – le ordenó Olderock.
– ¡Ama! ¡Quiero a la ama, no se la lleven!
– ¡Rufián, vuelve para acá!
– ¡Tú no eres mi ama!

El perro salió de casa corriendo, mientras los tipos metían a Antonia en el maletero.

– ¡Rufián ven para acá! ¡Ven para acá mierda! – le gritó desde la puerta la oficial.
– ¡No, tu no ser ama!
– ¡Rufián!
– ¡No!

– ¡CHOCOLATE!

………………………………………………………………………………………

El quiltro corrió hacia ella, siempre soñó ese momento en que ambos se reunirían.

– ¡Ama! ¡Estoy acá! ¡Soy yo! ¡Soy yo!

Ella lo observó y no le dijo nada. Aquella niña ya no lucía aquel vestido, aquel, lo había reemplazado por un uniforme. El perro no entendía tanto desapego por parte de su dueña.
Ella volvió a marcharse y no le dijo nada…volvió, él seguía ahí por alguna respuesta, esperaba esa dulce voz que le decía siéntate.
Pasaron los meses y él la desconocía, cada vez que ella regresaba se veía mucho mas distinta que la vez anterior… pero todo acabó cuando el quiltro le perdió el olfato, ella ya no tenía el mismo olor que lo deshacía en amor. Aquella niña, se había ido y nunca volvió.

– ¡Súbete al auto!
Él no sabía quién era aquella mujer, no entendía que quería. Él supuso que era su nueva ama. Que era otra mujer que le entregaría amor…quizás, como lo había hecho aquella dulce pequeña.
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– ¡Chocolate, vuelve aquí!
– ¿Chocolate? ¡Ese es mi nombre!
– ¡Vuelve acá! ¡Te estoy dando una orden, vuelve ahora!
– ¿Quién eres tú?
– No me puedes traicionar, tú eres mi perro, de toda la vida, a ella la conociste hace un par de meses. ¡Yo soy tu ama!

El quiltro se acercó a Ingrid y la olfateó… pero nada, no había nada.

– ¡Tú ya no tienes olor a flores! ¡Tú no eres ama!
– ¡¿Para dónde vas?! ¡Vuelve ahora! ¡Chocolate! ¡Vuelve ahora!!! ¡No me dejì! ¡Vuelve!

El perro corrió detrás del auto que se llevaba Antonia, pero este aceleró… sin embargo su su olor a flores era cada vez más fuerte, logró avanzar por todas las avenidas por donde se llevaban iba el cuerpo de Andrade. El quiltro no dejaba se perseguirla, quería estar con ella, la dueña de su corazón, con quien había formado un lazo de amor… como lo había hecho aquella niña hace muchos años atrás.
El quiltro llegó hasta la embajada italiana y ahí estaba el cuerpo de Antonia, tirada dentro del recinto.
Eran las tres de la mañana y pese a la hora, los asilados del lugar lograron darse cuenta de lo que había ocurrido.
La noticia fue conocida rápidamente.

– En horas de la madrugada, fue hallado el cuerpo de Antonia Andrade en las afueras de la embajada italiana. Según versiones, esta habría sido asesinada por personas que se encontraban asiladas en el lugar.

Los periódicos, la radio, la televisión… todos confabulados en una mentira.

Chocolate nunca se fue del lugar, incluso cuando se llevaron el cuerpo de la joven. Pasaron días, meses, esperando que volviera.

El quiltro llamó la atención, todos sabían que el perro había llegado con el cadáver.

A Antonia la enterraron y el perro no se movió del territorio italiano.

En la embajada habían un sin números de protegidos, todos ellos les dejaban restos de sus comidas para entregárselas a Chocolate.

Uno de los asilados era veterinario, notó que el quiltro estaba enfermo.

– Hay que atenderlo de inmediato, este animal se va a morir

Por su cabeza pasaban los mejores sueños, huesos por montón, pelotas lanzadas al infinito, y una casa donde vivía una mujer, una tal Ingrid, que lo acariciaba y le ordenaba que se sentase, esta no tenía uniforme, más bien un vestido que le quedaba perfecto para su talla, con un olor profundo a flores.

– ¿Ama?
– Te extrañé tanto – le susurró Ingrid en sus largas orejas.

Pero luego todo su sueño se transformaba en una pesadilla, aquella mujer le pedía ayuda.

– ¡Chocolate, viene mi padre, debes marcharte!
– No, yo defenderé.

A Chocolate lo atendieron como pudieron, aquel veterinario hacía lo posible porque viviera.

– Tú ya no serás Chocolate, serás Rufián.
– No ama, yo soy Chocolate.
– Debes cambiar, debes ser un buen perro, no sirve que solo sepas sentarte, debes atacar.
– Ama, tu olor a flores se va.
– ¡Ataca Rufián!
– ¡No!
– ¡Volodia!

Los asilados rogaban por la vida del quiltro, su vida se transformó en un símbolo de lucha.

– ¡Chocolate! – gritó Antonia.

Aquel perro despertó, cansado, quiso levantarse pero no tuvo fuerzas.

– Descansa perrito – le dijo uno de los asilados.

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Un año después, Ingrid Olderock sufrió un atentado por parte del Frente, el cual sobrevivió. Ella acusó que quienes la atacaron fueron sus propios hombres. Ella jamás fue enjuiciada por la violación a los derechos humanos. Ella falleció el 2001 junto a sus perros en la miseria absoluta.
La familia de Antonia alegaba justicia por la muerte de la joven. El estado jamás se hizo responsable.
Los asilados debieron ser exiliados, y se pidió la destitución del embajador italiano, este regresó a Roma, y desde allá exigía la paz para los torturados chilenos.
Hoy la casa de tortura llamada “La Venda Sexy” es habitada por una familia, quienes viven de manera normal.

….. Y el quiltro… encontró el olor a flores… cerca de las catedrales de Roma.

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Sergio Cortés.

El Borrador