Noticias
Home / Historias / Efectos Adversos

Efectos Adversos

La imagen puede contener: una o varias personas y texto

¿Aburrida de que tu marido te golpee cuando se le dé la gana? ¿No quieres sentir más miedo cada vez que él llegue a la casa? ¿Nunca más te quieres volver a bajar los pantalones ante un hombre que no amas? ¿Crees que la justicia no es suficientemente severa? ¿Tienes miedo?

Mi nombre es Patricia Castro y fui abusada durante treinta años por mi marido, hizo lo que quiso conmigo, y jamás le importaron los niños. Aguanté durante mucho tiempo por miedo, pero un día dije NO MÁS.

Pero eso no hubiese sido gracias al programa New Woman System, donde te ofrece una vida de placer y alegría. Contáctate con nosotras y al fin podrás conocer la felicidad, no tengas miedo. Llama al 800 800 5346 y di ¡NO MÁS!

Mi nombre es Carolina Peña de La Pintana y cuando conocí a New Woman System dije ¡Guau! En un principio pensé que mi marido no cambiaría tanto. El servicio me ha acogido de una manera formidable, nunca más tendré miedo. Di ¡NO MÁS! Llama al 800 800 5346.

Soy Emilia Schuster , de la Dehesa, créanme que los abusos no tienen ni color, ni estatus económico, acá cabemos todas, sé bienvenida a New Woman System y nunca más sentirás miedo. Di ¡NO MÁS!

¡New Woman System! ¡Llame ya! 9800 800 5345, calidad de vida garantizada.

– ¿Aló?
– Usted se ha comunicado con New Woman System ¿En que la podemos ayudar?
– Necesito que me ayuden, mi marido me tiene encerrada en la pieza.
– ¿Cuál es su nombre?
– Inés.
– ¿Nos podría dar la dirección donde se encuentra?
– No me la sé.
– No se preocupe señora Inés, a través de su llamada la hemos ubicado. Usted se encuentra en la calle Andrés Bello 258 comuna de Limache.
– ¿Acá también hay New Woman System?
– Por supuesto, trabajamos de Arica a Punta Arenas las 24 horas del día. Le informamos que el costo del servicio es de 100 mil pesos mensuales IVA incluido los cuales aumentará de manera progresiva durante los meses.
– Bueno, acepto.
– ¿Cancelará a través de transferencia o efectivo?
– Transferencia.

– ¡¿Inés Conchetumare, a quién chucha estái llamando?!
– ¡Apúrese por favor, está vuelto loco!
– ¿Cuál es el nombre de su marido?
– José Santibáñez Urrejola
– ¿Él tiene alguna demanda anterior por abuso?
– Si, si… apúrese por favor.
– Efectivamente nos aparece en el sistema una denuncia por violencia familiar registrado el 3 de noviembre del año pasado. Con este registro procederemos a ejecutar el servicio.
– ¡Inés! ¡Abre la puerta mierda!
– ¡Ya pues! ¡Háganlo rápido!
– No se preocupe, el servicio tardará exactamente 30 segundos.
– ¡Tengo miedo!
– Tranquila, el servicio es cien por ciento efectivo.
– ¡Maraca culiá! ¡Te voy a matar!
– 15 segundos para la activación del servicio.
– ¡Hay no! ¡Entró a la pieza!
– ¡¿Así que llamando a los pacos de nuevo?!
– ¡No, amor, no me hagas nada, te juro que no llamaba a carabineros!
– 5 segundos para la activación del servicio.
– ¡No! ¡No! ¡No me peguí!
– 3 – 2 – 1 Servicio Activado.

– Hueona, fue impresionante, el José quedó tirado en el suelo, como si lo hubiesen apagado. Se desplomó, en un principio pensé que estaba muerto.

– ¿José? ¿José?
-…
– ¿José? ¿Estás bien?
– ¿Inés? ¿Amor?
– ¿Estás enojado?
– ¿Enojado por qué?
– No… por nada.
– Que estás linda ¿Cuándo te teñiste el pelo?
– Ayer.
– Te queda bonito.
– ¿En serio?
– SI ¡Ay!
– ¿Qué pasa?
– Me duele un poco la cabeza.
– ¿Te traigo agüita?
– No, yo me lo sirvo, usted quédese sentadita, puedo solo.

– Desde ese día te juro que no me ha vuelto a tocar, es otro hombre.
– No pensé que ese programa fuera tan bueno.
– Es magnífico. Y cacha que no es lo único que te ofrecen, si pagas 100 mil pesos más hasta te hacen el aseo.
– ¿Y lo vas a pagar?
– No hueona, si no tengo tanta plata.
– ¿Oye? ¿Y esto sirve solo para mujeres que son abusadas?
– Mira, se supone que el sistema está hecho solo para eso, ellos revisan el sistema para ver si tu pareja ha sido denunciado anteriormente, por un tema legal no se puede llegar y reiniciar a un hombre por que sí.
– Sería la raja.
– Bueno, no todo en la vida es tan perfecto.

Fue así como la Inés y varias mujeres más dejaron de sentir miedo, fue increíble lo que hacía ese sistema. El dicho “Nos están matando” fue cada vez menos repetido. Pero si bien, el sistema funcionaba, muchos no estaban de acuerdo.

– Yo como senador, soy un detractor acérrimo de este sistema privado, no es posible que se tenga que acudir a un programa artificial para eliminar la violencia contra la mujer. Acá se está vulnerando los derechos humanos, la capacidad de pensar de una persona está siendo violada de manera fascista.

Pero el director de este sistema se defendió.

– Lamentablemente el sistema público no fue, ni será capaz de acabar con los abusos de las mujeres. Según índices estadísticos año a año son cada vez más los femicidios, violaciones y abusos intrafamiliares, mostrando la ineptitud del estado. Nosotros como empresa hemos eliminado de una vez esto. Y lo que dice el senador no es cierto, nosotros no vulneramos la capacidad de las “personas”, sino de “abusadores” ¡Permítame corregirle señor! ¡Abusadores que hacen y deshacen con las mujeres de este país! ¡Y nosotros no descansaremos hasta terminar con esto, no solo acá, sino a través de cada rincón de este planeta!

Así fue como New Woman System no solo se impuso como marca, sino también como una nueva forma de vida para muchas mujeres.

“Efectos Adversos”

Yo llevaba tres años con mi pololo, vivíamos juntos en un departamento.
El Ramiro siempre fue atento, mi relación nunca fue parecida a la de la Inés, que vivía siendo golpeada y que tenía que pagar mes a mes para poder tener una buena relación. Claro, teníamos nuestros altos y bajos como toda relación.

– ¿Otra vez no lavaste los platos?
– Chuta, se me olvidó.
– Pucha, siempre tengo que llegar a la casa a hacer todo.
– Ya, no le pongas color, si no es pa tanto.
– Es que es todos los días po Ramiro ¡Mira el living! ¡Tení la cagá!
– ¡ Ya, Bueno. Perdón.
– ¡Ya, Bueni, Pirdin!
– Te sale chistoso cuando me imitas.
– Ya, no me cambies el tema, ayúdame a ordenar.

Siempre me sacaba una sonrisa, íbamos a todos lados juntos. Pasamos comiendo fideos con salsa en un principio, casi todos los días, o arroz con huevo, andábamos pobres. Pero siempre felices. Cuando el Ramiro encontró pega la situación mejoró.

– Amor. Yo sé que no te querí casar, ni yo tampoco – me dijo.
– ¿Ya? ¿Qué me querí insinuar?
– Me puse a pensar, que de pronto, no sé, quizás por ahí
– Ya po, habla po tonto.
– ¿Si te dejái de tomar las pastillas?
– ¿Me estás hablando en serio?
– Si, en serio.
– …
– ¿Qué pasa? ¿Por qué me pones esa cara? ¿No querí? Ya Paola, no importa, tampoco te quiero presionar…
– Dame un beso – lo interrumpí.
– ¿Eso es un sí?
– Si… si quiero.

Nos pusimos en campaña, y así fue como intenté quedar embarazada.

– ¿Te salió positivo?
– No.
– Pucha, ya, paciencia.
– Es que estoy chata, llevamos siete meses intentándolo y no puedo.

Reconozco que me puse más densa que él con este tema.

– Quiero hacerlo – le pedí.
– Amor, esperemos un poco, el médico nos dijo que hacerlo todos los días y a cada rato era peor, tengo que reponerme al menos unas 24 horas.
– No querí parece.
– Ya, no empecí ahora.
– Bueno, ¡¿Entonces por qué no querí?!
– Por lo que te dije po, ¿No me estái escuchando?
– Si quisieras pondrías todo el empeño posible.
– Es lo que hago.
– No me deseai ¿Es eso? ¿Estái decepcionado de que no me pueda embarazar?
– Ya Paola, duérmete.
– …
-…
– Imbécil.

Y los días fueron cada vez peor.

– ¿Dónde vas? – le pregunté.
– Voy a juntarme con los cabros un rato.
– Ah… ya po.
– Ya, pero si te dije el otro día po.
– Nosotros teníamos planes Ramiro.
– ¿Planes?
– Si po, se te olvida acaso que estamos intentando ser papás.
– ¿Vai a seguir con eso?
– ¿Acaso ya no querí?
– ¡A la vuelta po! Ya po mi chiquita, no se me enoje.
– Ya, pásala bien – ironicé.

Pasaba el tiempo y no me lograba embarazar. Y yo, era cada vez peor.

– ¿Adónde andabas?
– Fui a jugar a la pelota.
– No te creo.
– Ya po Pao. ¿Qué te pasa?
– Voh andái con otra hueona. En eso andabas.
– ¿Y de dónde sacaste eso?
– Como ya no puedo hacerte papá, entonces te buscaste otra, así de simple.
– Siéntate y conversemos, porque te veo estresada, andái con mil rollos en tu cabeza, para un poco.

No estaba con mis sentidos, la situación me fue embargando cada vez más, hasta que un día exploté.

– ¡Me podí decir quien chucha es esta maraca!
– ¿Ah?
– Esta culiá que te mandó un whatsaap es la que te estái agarrando!
– ¡Nah que ver!
– ¡Mierda, te voy a matar! ¡Culiao! ¡Maricón!

Me lancé sobre él y lo golpeé varias veces, él solo se cubrió…
… Pasaron los días y él ya no dormía conmigo, empezó a dormir en la pieza de al lado.

– Amor, quiero que conversemos.
– No tengo ganas Paola.
– Es que pensé que ella era tu amante…
– Ya, si da lo mismo, necesito estar solo un rato.
– Te amo.
– …

Me costó varias semanas recuperarlo, pero me terminó perdonando.

– Ramiro.
– ¿Ah?
– Estaba pensando en que quizás era mejor que me fuera, me da la sensación de que ya no me querí.
– …
– ¿Ya no me querí? ¿Verdad? Dime que ya no me amái y yo me voy, te dejo en paz, te lo juro.
-…
– Ya, me voy entonces.
– No… espera
– ¿Qué?
– Te amo. Te amo.
– Perdóname mi vida.
– Si, tranquila, tú andas mal con todo esto del embarazo. No quiero que te vayas.

Nos acostamos esa noche y lo volvimos a hacer. Así pasó un mes, intentamos todo lo que nos dijo el médico.

– Muchachos, las noticias no son buenas.
– Pucha doctor.
– Según los exámenes, Paola, lo siento.
– Soy yo doctor.
– Si…
– ¿Y no hay alguna solución? ¿Otra cosa que se pueda a hacer?
– No Ramiro, la probabilidad de embarazo es prácticamente nula.

Y ahí renuncié a todo. Todo se fue a la cresta.

– Amor, hay casos en que las mujeres quedan embarazadas, incluso con este tipo de pronósticos.
– No Ramiro, ¿Si no escuchaste acaso?
– ¡Si escuché! Mira, tengo ahorros, podemos gastarlo en otras vías, yo tengo fe de que esto podemos a hacerlo de otra forma, por último adoptamos ¿Qué tanto?
– Quiero dormir.
– Pao…
– Déjame sola un rato, quiero descansar.

Por supuesto que esto afectó a la relación. Cuando todo empeoró, fue cuando el Ramiro tuve que irse de viaje por pega, me volví loca.

– ¡Aló!
– Hola amor ¿En que está?
– Estoy viendo tu Facebook. ¿Me podí decir quien chucha es la Tania?
– Tania… no me suena.
– ¿No te suena? Es una hueona que te pone me gusta en todo.
– ¡Ahh! Es una amiga.
– ¿Amiga? Yo conozco a tus amigas y nunca había escuchado a ninguna Tania en mi vida.
– O sea, es amiga porque éramos vecinos de la población cuando pendejos, pero eso.
– ¿Y te gusta?
– Nah que ver, si nos agregamos porque no nos veíamos hace caleta, de hecho ella vive en el sur.
– Quiero que la eliminí.
– Ya ¿Pa que te vai en esa?
– Elimínala hueón, no quiero que la tengas. Yo sé cómo son las minas, así empiezan. Te puso un corazón a una foto que tení, te está joteando.
– Pero eso es de cariño po Paola, si ella tiene un pololo, hasta un hijo con él.
– ¡Maraca po!
– Ya, mejor hablamos después, te estái poniendo cuática.
– ¿O sea que no la vas a eliminar?
– No.
– ¡¿Ah no?! ¡Entonces terminamos, no te quiero ver acá en el departamento! ¡¿Me escuchaste?! ¡Quédate con la Tania!
– ¡Que hueviai!
– ¡¿Me estái diciendo garabatos imbécil?!
– Ya… chao.
– Ramiro.
-…
– ¡Ramiro!

Lo volví a llamar pero me desviaba las llamadas, tenía mierda acumulada, así que busqué a la famosa Tania y le escribí por interno.

– No quiero que le hables más al Ramiro, él tiene pareja, y tú también, deberías tener respeto por el papá de tu hijo, deja de andar buscándote a otros hombres, quiérete un poquito.

Ramiro volvió de su viaje, yo estaba en la pieza, en silencio.

– Necesito conversar contigo – me dijo.
– Yo no quiero hablar contigo.
– Te enojái tu más encima, eres entera de balsa.
– ¡¿Balsa?!
– ¡Balsa po! Resulta que me llamó la Tania diciendo lo que le habías escrito ¡¿Qué te pasa?! ¡¿Te volviste loca?!
– ¡¿O sea que tiene tu número?!
– ¡¿Si y que tanta hueá?!
– ¿Cómo que tanta hueá? ¡A voh te gusta esa culiá!
– Imposible hablar contigo, mira tú cara.
– ¡¿Te gusta?!
– ¡Sabi que más! ¡Te voy a decir lo que querí escuchar! ¡Sí! ¿¡Ahora estái contenta?!
– ¡O sea que te gusta esa maraca!
– ¡No oh! ¡Cómo me va a gustar!
– No, si me estái mintiendo Ramiro, yo a ti te conozco. A voh ya no te sirvo, y como la otra tiene hijos cachaste que podí tener una con ella.
– Dai miedo loca, bájate del pony.

Y le di el primer golpe en el brazo.

– ¡Cálmate Paola!
– ¡Cómo me voy a calmar si me andái cagando!
– ¡Nadie te está cagando!
– Entonces muéstrame tu Facebook, muéstrame tus whatsapp, muéstrame todo!
– No voy a hacer eso
– Entonces me estás ocultando algo po! ¡El que nada hace nada teme!
– Ya, sabí que más. Me cansé, me voy
– Voh no te vai a ningún lado.

Me lancé sobre él y le di patadas, golpes en la espalda, en la cabeza, me fui como una araña. Le rasguñé la cara, lo arrinconé a golpes.

– ¡Paola! ¡Para por la conchetumare!
– ¡Toma culiao! ¡Toma mierda!

Y él no aguantó más… me empujó con un solo brazo, yo caí de espaldas y me golpeé la cabeza.

– ¡Me pegaste! – le grité
– ¡Pero qué querí! ¡¿Ah?! Estái vuelta una loca. ¡Se acabó Paola! ¡Se acabó esta hueá! ¡Mira hasta donde llegamos por la chucha!
-…
– Yo de verdad me voy.
– Ramiro…
– No, se acabó, esto ya es mucho pa los dos.

Tomó el bolso con la primera pilcha que pilló y se fue.
Le mandé mensajes esa misma noche, diciendo que volviera, que conversáramos de nuevo. Le rogué, no solo ese día. Estaba desesperada, hasta que un día me volvió a llamar, yo me ilusioné.

– Hola Ramiro, que bueno que llamaste, quería conversar.
– Pao, bien cortito, yo en un rato más voy al edificio a buscar el resto de mis cosas, asi que déjale las llaves al conserje, avísame cuando no estés, no me quiero topar contigo.
– ¿Eso es lo que de verdad querí hacer?
– Si Paola.
– … Bueno.

Pero no le hice casi, lo esperé en el departamento.

– ¿Por qué no me dejaste las llaves allá abajo?
– Porque te quería ver.
– Ya, filo. Voy a sacar mis cosas.

Fue a la habitación a sacar su ropa y yo lo seguí.

– ¿Te vai con ella?
– Ya, si no tengo nada que conversar contigo.
– Yo sé que te vai con ella.
– Piensa lo que querái, tus rollos, tus problemas.

Pero no se iba a quedar asi.

– Está bien, tú vas a salir de acá con tus cosas, pero te juro que vas a volver
– ¿Ah, sí? ¿Y cómo?
– Ya vai a ver.

Se fue, vi por la ventana del departamento cuando se subió al auto de un amigo, yo lloré toda esa tarde. Iba a revisar su Facebook pero me tenía bloqueada, lo volví a llamar y nada.

Entonces ahí fue cuando se me ocurrió todo.

– Carabineros.
– Si, buenas tardes.
– Quiero hacer una denuncia a Ramiro Rojas Basualto, tengo su rut y todo.
– A qué se debe su denuncia
– Me pegó.

Constaté la lesión de que me había hecho en la cabeza por el empujón que recibí, buscaron a Ramiro y se lo llevaron detenido. Su familia y él no me querían ver ni en pintura. La pasó mal, pero yo retiré la denuncia.

Tenía los ahorros por el tema del intento de embarazo y los ocupé, para el bien de nuestra relación.

– Aló?
– Usted se ha comunicado con New Woman System ¿En qué la podemos ayudar?
– Se trata de mi pareja. Él me pegó y quiero que cambie conmigo.
– ¿Cuál es el nombre de él?
– Ramiro Rojas Basualto.
– ¿Usted está en una urgencia en este instante?
– No.
– Entonces deme un momento por favor para revisar a esta persona en el sistema
– Okey, la espero.
-…
-…
– Me aparece que tiene una demanda hace cinco días.
– Si, así es.
– Me aparece que la demanda fue hecha por Paola Aldunate Saavedra
– Sí, soy yo.
– ¿Él vive con usted actualmente?
– …
– ¿Señorita?
– Si… si, vive conmigo.
– Él se encuentra con usted en este instante.
-No, salió a hacer una diligencia.
– Perfecto, lo vamos a buscar en el radar.
– Vale.
-…
-…
– Perfecto, lo encontramos. Bueno, antes de ejecutar el servicio le informamos que tiene un costo de cien mil pesos IVA incluido.
– Okey, acepto.
– Muy bien, entonces procederemos…
– ¡Espere! – interrumpí.
– Si ¿Diga?
– Sé que tienen servicios adicionales, ¿Me podría contar un poco de eso?
– Ah, sí, como no. Le cuento, existen tres tipos de servicios adicionales. El primero incluye atención de aseo y cocina, por lo tanto él puede atender todas las cosas del hogar sin quejas. El segundo se trata de atención sexual sin límite alguno, cuantas veces usted lo quiera. Y el tercero es amor profundo hacia usted, no podrá mirar a otra mujer con el más mínimo deseo. Cualquiera de las tres tiene un valor 100 mil pesos adicionales IVA incluido, puestos en su boleta mensual. Pero debe tener en cuenta que estos servicios adicionales se recargaran 15 minutos después del servicio básico ¿Desea alguna de esto señorita Paola?
– Si… quiero los 3.
– ¿Transferencia a efectivo en alguna de nuestras sucursales?
– Transferencia
– ¡Perfecto! Entonces procederemos a ejecutar el programa sobre el señor Ramiro. ¿Alguna otra consulta?
– No, eso es todo.
– Muy bien, que disfrute a su pareja. Muchas gracias por llamar a New Woman System.

Me senté y esperé. Prometo que no pasaron más de dos minutos cuando sonó mi teléfono.

– ¿Aló?
– ¿Paola?
– Si ¿Ramiro?
– ¿Dónde estás?
– En el departamento.
– Te extraño
– …
– Te extraño mucho mi vida, no puedo estar sin ti. Voy para allá ahora.

Volvió con todas sus cosas. Cuando llegó a la puerta me besó.

– Paola, perdón.
– Tranquilo, ya está todo bien.
– Abrázame mi amor.

Ni en nuestros mejores momentos había sido así conmigo.

– ¿Tiene hambre? – me preguntó.
– No.
– Puedo hacer lo que se le antoje.
– No, quiero comer ahora. Tócame.

Fue increíble, no pensé jamás que pudiera a hacer tantas cosas en la cama. Quedé muerta, me fui muchas veces esa noche.

Cuando desperté tenía desayuno en mi cama y notas en las paredes que decían mi nombre.

– Ramiro.
– ¿Dígame mi amor?
– Me dejas revisas tu Facebook?
– Si, toma mi celular, la clave es PAOLA23
– ¿Es mi nombre?
– Si… y tu edad.

Revisé su mensajería, vi la conversación que tuvo con Tania… no era nada del otro mundo, había mucho cariño entre ellos, pero si lo pensaba fríamente no era nada grave. Aun así la eliminé.

– Acuéstate a mi lado un rato – le pedí.
– ¿Quiere hacerlo de nuevo?
– No, solo quiero que me hagas cariño.

Ramiro era perfecto para mí.

– ¡Está todo el aseo hecho!
– Me falta limpiar el wáter y estamos.

Nadie podía sacarlo de mí.

– Hola Paola… veníamos a buscar al Ramiro para ir a jugar a la pelota.
– Espérame, yo le aviso al tiro.

Me acerqué a él y le avisé.

– Vienen tus amigos.
– Ya ¿Y qué?
– ¿No vas a ir?
– No, contigo tengo suficiente, no tengo necesidad de salir a ningún lado. Diles que no estoy.
– Pero ya les dije que estabái po. Diles tú.

Y así fue.

– No cabros, yo me quedo acá en el departamento.
– Pero hueón, si faltái tu no ma, la pichanga la organizamos el otro día.
– Ya, pero no quiero ir a jugar.
– Te apuesto que no te dejan, te apuesto que con dramas de nuevo.
– No. No hay ningún drama, ustedes son el problema, no lo s quiero ver por acá, no me llamen ni nada, no los necesito.

Y se marcharon sin entender nada.

Cuando llegó fin de mes, volví a cancelar la boleta. 400 mil pesos mensuales IVA incluido, era bastante caro, pero valía la pena. Yo por supuesto, sin un pelo de tonta dejé que fuese a trabajar y lo hacía perfecto, porque yo se lo decía.
Asi fuimos pagando la boleta, eso sí, vivíamos con lo justo, pero lo tenía conmigo, eso era lo más importante.

Pero un día recibí un llamado que me dejó marcada y pensando por mucho tiempo.

– ¿Paola?
– ¡Inés! ¡Hueona! ¡¿Cómo estái?! ¡Tanto tiempo! ¿A qué se debe tu llamado?
– ¡Es urgente!
– ¿Qué pasa? ¿Por qué esa voz?
– Necesito que me prestí cien lucas
– ¿Y pa que sería? Onda si se puede saber.
– Al José le queda un rato más de activación, y no tengo pa pagar de nuevo.
– Pucha amiga… ahora no tengo, he estado gastando mucha plata este último tiempo.
– ¡Por la cresta!
– Ya, pero relaja, si en una de esas podí estar sin pagar unos días, si no creo que se vuelva loco al tiro.
– Hueona. ¿No has visto la tele acaso?
– No ¿Qué cosa?
– Que si no pagái, se vuelven peor a cómo eran antes. Han encontrado a un par de mujeres muertas que no tenían como pagar, a una la encontraron decapitada en el río, y a otra la quemaron viva.
– Chucha Inés ¿Y si lo dejái solo y te vai pa donde tu mamá? Aprovecha de arrancar ahora que está tranquilo.
– Hueona, si sabe dónde vive mi mamá, sabe dónde vives tú también, no tengo donde chucha más ir con los niños. Me va a matar.
– Ya… Yo te consigo la plata, deja que llegue el Ramiro y…
– ¡No! ¡No! ¡Por favor No!
– ¡¿Inés?! ¡Inés!
-…
– ¡Inés! ¡Aló!
-…

Encontraron a mi amiga con la cabeza reventada de un balazo en la cocina, abrazada junto a sus hijos degollados en el taller de José.

Desde ese día me pregunté qué era lo que pasaría si no tenía como pagar otro mes más.
Tuve que ver la forma de evitar que el servicio estuviese activado por siempre.

– Paola, mira lo que te traje.
– ¿Qué es esto?
– Una sorpresa, ábrelo.

No podía creerlo, era un anillo de oro.

– ¿Te quieres casar conmigo? – me preguntó.

Debía sentirme feliz, lo sé, era lo que siempre quise, pero no pude evitar preguntar cuanto le había costado esa joya.

– Ramiro. Esto debe valer mucha plata.
– Si, pero tranquila, eso da igual.
– ¿Cuánto costó?
– 2 millones.
– ¡2 millones!
– Si, mi amor.
– ¿Y esa plata de donde la sacaste?
– De los ahorros y el resto de mi sueldo.
– ¡Devuélvelo!
– ¿En serio?
– Si, ahora, quiero que lo devuelvas.
– ¿No te quieres casar conmigo entonces?
– Si mi vida, si quiero, pero no con este anillo. Es muy caro.
– Bien, lo devolveré entonces mañana por la mañana.

Ramiro al otro día se fue a la joyería y llegó en la noche… llorando.

– ¡Ramiro que te pasó!
– Soy un imbécil, un estúpido, no te mereces a alguien como yo
– ¿Qué pasa? Me asustái.
– El anillo.
– ¿Qué pasa con el anillo?
– Lo perdí
– ¿Cómo que lo perdiste?
– ¡Lo perdí! ¡Y no pude recuperar la plata!

Conchesumadre.

– Ramiro, cuánta plata tienes en el cajero.
– No sé, creo que 10 lucas.
– Por la cresta Ramiro.
– ¡Perdóname mi vida! ¡Perdona! ¡Soy una mierda! ¡No te mereces a alguien como yo!

A Ramiro le quedaba poco tiempo.

– ¿Aló?
– Le recordamos que su boleta de New Woman System se cancelará en 2 horas, que consisten en …

Corté el teléfono y tenía el tiempo en contra, no sabía cómo él iba a reaccionar cuando se acabara todo.

– Amor mío – le dije.
– Si vida.
– Necesito pedirte un favor.
– ¿Qué?
– Puedes encerrarte en la pieza
– ¿Para qué?
– Eso da igual. No me pidas explicaciones.
– Bueno.

Cuando vi que quedaban 30 minutos sentí miedo. Sabía que se pondría peor, pero no sabía a qué grado. José siempre fue violento con Inés, y cuando se le terminó la activación “peor que antes” fue convertirse en un psicópata. Ramiro siempre fue pacífico, “peor que antes” sería que me agarrara a garabatos, que me diera una cachetada. Si hubiese sido violento, quizás ahí me debiese haber preocupado más.

– Amor ¿Estás bien allí afuera? – me preguntó desde adentro de la habitación.
– Si mi vida. Estoy bien.

Solo quedaban 5 minutos y el tiempo era eterno. Puse un mueble en la puerta por afuera y un par de sillas, no quería encontrarme con un monstruo. Me senté y simplemente esperé.

Quedaba 1 minuto y me levanté, me dieron ganas de orinar de lo nerviosa, caminaba por el pasillo esperando los segundos, no me quedaban uñas… fueron pasando los segundos, hasta que llegó el momento.

– ¿Ramiro?
-…
– Ramiro ¿Estás bien amor?
– …

Pero no contestaba.

– Ramiro, mi vida, ¿Estás bien? Contéstame por favor.
-…

Quizás se había quedado dormido, y había que esperar un poco más. Me empezó a doler el estómago, me volví a sentar y me quedé dormida…
… Hasta que un pequeño golpe en la puerta me despertó.

– ¿Paola?
– ¡Ramiro! ¡Mi amor! ¡¿Estás bien?!
-…
– Amorcito, no me has dicho nada.
– Me duele la cabeza.
– Ya ¿pero eso no más?
-…
– ¿No estás molesto?
– …
– ¿Estás enojado Ramiro?
– No ¿Por qué estaría enojado?
– No sé po, dime tú.
– No sé qué pasa, pero quiero salir, necesito un poco de aire.
– Ya, vas a salir, pero en un ratito más… ahora quiero que esperes un poquito ¿Bueno?
– ¿Qué onda Paola? ¿Qué es todo esto?
– Nada, es que te quedaste encerrado porque se echó a perder la chapa, asi que tengo que llamar a un cerrajero.
– ¿Y cómo pasó eso?
– Ay, no sé. De tontos no más.
– Ya, apúrate que quiero salir.

No se veía nada malo, escuchaba al Ramiro de siempre. Fui al baño, oriné, me mojé la cara y respiré.
Saqué los muebles de la puerta y ahora solo había que abrirla.

– ¿Ramiro?
– ¿Paola?
– Abre por adentro, ya logré arreglar el asunto.

Vi cuando abrió la puerta de la habitación, y estaba todo oscuro

– No prendiste la luz de la habitación.
– No.

La fui a encender, pero no pasó nada.

– ¿Bah? No prende, parece que se quemó la ampolleta – le dije.
– Si, parece que sí.
-…
-…
– Que haces sentado en la cama?
– Nada… sólo pienso.
– Piensas ¿Y qué piensas?
– Cosas… muchas cosas.
– Ya… ¿Aun te duele la cabeza? Te puedo traer unas pastillas, tengo paracetamol.
– No, no es necesario.
-…
-…
– Paola.
– ¿Qué?
– Siéntate aquí, a mi lado.
– ¿A tú lado?
– Sí.
-…
-…
-…
– ¿Estás seguro?
– Sí, quiero que conversemos.
– ¿De qué quieres hablar? Te puedo contestar desde aquí.
– ¿Tienes miedo? – me preguntó.
– No, no tengo miedo.
– ¿Entonces?
– Es que estoy bien así, me duele un poco la espalda, he estado sentada toda el día, quiero estar parada.
– Bueno, entonces dejémoslo así.
– ¿Y qué me quieres decir?
– Es que me estaba acordando de cuando empezamos la relación. ¿Te acordái?
– Si po, si me acuerdo.
– Siempre me gustaste, antes de verte esa vez en la disco, no te lo había dicho, pero ya te había visto varias veces.
– ¿En serio?
– Sí. La primera vez que nos dimos el beso estabas pasado a copete, pero me dio lo mismo.
– Si no hubiese sido por eso, quizás yo no hubiese hecho nada.
– ¿En serio?
– Nah, broma. Tú me gustaste apenas te vi.
– Hacíamos hartas cosas juntos. ¿Qué nos pasó Paola?
– …
– ¿Qué creí?
– No sé, no sé qué nos pasó.
– Estaba pensando, que quizás debiésemos darnos otra oportunidad.
– ¿En serio?
– Si… eso pienso

Vi cuando agachó su cabeza, se veía cansado y me fui acercando a él, poco a poco. Fui levantando mi brazo a medida que avanzaba, hasta que llegué a su cabeza y le acaricié el pelo, me detuve ahí un poco.

– …
-…

No me decía nada, y yo tampoco. Fui tomando confianza… y lo abracé.

– Dime que me amái – le dije.
-…
– ¡Dime que me amái Ramiro!
– Te amo.
– Perdona mi amor, por todo.
– Si, está bien.
– ¿Nunca más?
– Nunca más.

Lloré y lloré abrazado a él. Sentía que lo había recuperado, de que ya no sería falta nada.

– Hazme un té – me pidio.
– Bueno, yo sé lo hago.

Me fui a la cocina y me sonó el teléfono.

– Si ¿Aló?
– ¡El servicio básico de New Woman System ha sido finalizado! ¡Gracias por ocupar New Woman System!

Mierda.

– ¡Paola Conchetumare!

Cerré rápido la puerta de la cocina y ambos forcejeábamos.

– ¡Te voy a matar perra culiá!

Lo recordé todo, como fui tan tonta, las activaciones adicionales las compré una hora después, solo se habían desactivado esas funciones.

– ¡Amor! ¡Soy yo! ¡El amor de tu vida! ¡No me hagas nada por favor!
– ¡Así que manejándome mierda! ¡Te voy a partir en siete!
– ¡No! ¡Por favor no! ¡Dios mío, ayúdame!

Solté la puerta y me fui directo a un cuchillo cocinero, y se lo levanté.

– ¡No te acerques Ramiro! ¡No te acerques!
– …
– ¡Si te acercas un poco te prometo que te lo entierro!
– …

Noté preocupación en su mirada.

– ¡Quiero que te vayas! – le grité
– Amor, pero si tú me querías aquí conmigo
– ¡Pero no así! ¡Ándate! ¡Sal del departamento!
– Mi vida, ya po, baja el cuchillo, lo estoy considerando, en realidad me fui un poco al chancho, es que parece que esa cuestión tenía ciertos efectos adversos, pero me estoy relajando.
– ¡Ándate Ramiro! ¡Ándate!
– Ya… bueno, me voy. Deja sacar mis cosas.
– ¡No hueón! ¡Ándate! ¡No te quiero ver más en mi vida! ¡Ándate!

Y levantó su mirada hacia mí, y volvió a transformar ese rostro en odio.

– Un día, cuando estés de lo mejor, cuando ya creas que todo está bien. Cuando quizás estés con otro hueón, cuando ya no sepas de mí, voy aparecer, porque día a día este odio hacia ti irá creciendo. Asi que ya sabí, te voy a matar un día Paola. Te voy a matar… ahora yo me voy.
– Si, eso, ándate.
– Me voy… chaito… adiosito…. Me voy…. Pero recuérdame que estaré por ahí mirándote. Puede ser mañana, pasado mañana, en una semana, en un mes, o por qué no hoy?
– ¡Ándate conchetumare!
– Ya… sin gritar. Chao. Besitos.

Cerré la puerta con llave. No pude dormir nada esa noche, vivía encerrada pensando en que quizás estaba allá afuera, por ahí.
Me jodí de hambre por un par de días, ni siquiera era capaz de ir a comprar. Tampoco que alguien me fuera a visitar, él podía entrar.

Sabía que a medida que pasaba los días los efectos adversos eran peores. Quizás él entraría al departamento sin pensarlo y rompería la puerta, porque no podría más de su odio. Pensé llamar a carabineros, pero finalmente tomé otra determinación.

– Usted habla con New Woman System, ¿En qué podemos servirle?
– Necesito el plan básico, sin costos adicionales. Su nombre es Ramiro Rojas Basualto.

…………………………………………………………..