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Experimento social

¿Has sentido alguna vez la sensación de injusticia?

Experimento Social.

– ¿Cómo te llamai?
– Que paja hueón. No estoy ni ahí con bailar contigo.

La mina me mandó a freír monos en la disco, tres piscolas me dejaron con la mansa perso, pero no era suficiente para convencerla.

– Mira, ando con un amigo más pa que baile con tu amiga – intenté convencer.
– Ella es mi polola.
– ¿Ah?
– Es mi polola.

Mi amigo se espantó, pero yo no le compré.

– Vamos a bailar con otras minas mejor – me dijo el Nico.
– No hueón, si estas quieren.
– Pero si son lesbianas ¿pa que insistí?
– Que van a ser lesbianas. Si la hacen pa hacer la ele no más.

Una cuarta piscola y esta vez sí que convencía a la morena.

– Oye – insistí.
– Puta ¡¿que hueá querí?!
– Bailemos po. Si no tengo drama que ustedes sean pololas, este hueón es mi pololo también.
– Jajaja sale pa allá.
– Si en serio. Igual te dejo claro que este es celoso.

Le saqué una risa, caché que flaqueó, bajó la guardia. Ahí me fui con la artillería pesada. Su nombre era Lidia.

– Puta que eres catete – me dijo mientras ya movíamos nuestros primeros pasos juntos.

Así la conocí, así empezó todo.

Como a las cuatro de la mañana estábamos meta calugazos en la pista. No sé cuántos copetes más tomé junto a ella. En tanto el Nico decidió irse porque la otra mina no lo pescó nunca.

– ¿Vamos pa mi pensión de ahí? – pregunté.
– No. No pasa nada.
– Vamos po. Si no te va pasar nada.
– ¿Nada que yo no quiera?

Esa frase final sentenciaba nuestra noche. Ella le dijo a su amiga que tomara un Uber, que se iría después.

– ¿Tení condón? – me preguntó.
– Me queda el último.
– ¿En qué parte viví?
– Vivo en… en…
………………………………………………………………………

Me borré, no me acuerdo ni mierda. Despierto en mi cama sin ella. La caña maldita, estoy con arcadas y con el cuerpo tiritón. Tengo arenas en mis pies ¿Me fui a una playa?
Tengo que ir a clases, pero el cuerpo apenas me responde. Levanto mi cabeza para ver si hay algún rastro de ella, algún olor, restos de maquillaje, algo… pero nada.
Coloco los dos pies en el suelo ¡Mierda! Casi me saco la cresta. Me voy afirmando de la pared para llegar al baño, pero parece que no alcanzaré.

– Chesumare.

Mi estómago devolvió todo el copete de la noche, creo que ya acabé… No. parece que no.

– Que mierda… estoy botando sangre.

Es mucha, jamás me había pasado. Parece que me fui al chancho tomando. ¿Y si tomo agua? No, mala idea, creo que me da más asco.

“Nico Llamando”

– ¡Aló Nico hueón!
– Hola… ¿Y cómo te fue anoche?
– Bien parece, pero no me acuerdo, estoy hecho pico.
– Tsss… culiao loco. Capaz que te lo hayan metido anoche y no te hayas dado ni cuenta.
– Chesumare que me duele la cabeza.
– No seai cabro nuevo. Coquimbo es más peligroso que la cresta a cierta hora, no podí andar vendiéndola tan curao.
– …
– Aló… ¿Aló?
– …
– ¿Me escuchai?
– Hablemos después. Chao.

“Llamada Finalizada”

Conchetumadre. Hay sangre en mi cama. No sé cómo no me había dado cuenta, estoy manchado. ¿De dónde salió? No es mía… ¿Será de la Lidia? Igual no es tanta… ¡Ahí está! ya sé lo que fue, la volaita… me la tiré y tenía la regla… claro, es eso. Bueno, curao no caché.
¿Cómo llegamos acá anoche? Quizás el Whatsaap me diga algo. Nada, no hay nada. ¿Facebook? Tampoco…
Reviso el registro de llamadas y al parecer conversé con alguien a las cinco y tanto, hablé dos minutos y medio. Suficiente tiempo para acordarse, pero no.

“Llamando a número desconocido”

– ¿Aló?
– ¿Sí? – me contestan.
– Hola. Sabe que lo estoy llamando porque anoche llamé a este número. Fue a eso de la madrugada… ¿Con quién hablo?
– Hola. Sí. Hablé con este número con la Lidia.

Tiene voz de una señora.

– Ah… ¿Usted es su mamá?
– Sí ¿Usted está con ella ahora?
– No. La verdad es que no.
– Chuta. Me dijo que se iba a quedar en la casa de una compañera. Me imagino que debe estar durmiendo, si me llamó bien tarde… ¿No tiene el número de su amiga?
– No. No lo tengo. Pero si logro comunicarme con ella le digo que la llame.
– Muchas gracias.

“Llamada finalizada”

No llegó a su casa, la mamá no sabe nada y yo tampoco. Se debió haber ido a otro lado cuando salió de acá. Guardaré su número por si aparece.

“Llamando a Nico”

– Recién me cortaste el teléfono. ¿Qué onda? – me pregunta.
– Oye hueón. Me ayudai a buscar por Facebook a algunas de las dos minas de anoche. ¿Te acordai del nombre de algunas?
– La que te agarraste se llamaba Lidia.
– Si se po hueón. ¿Y el apellido?
– Qué sé yo… pero la amiga con la que bailé se llamaba Tania parece. ¿Por qué hueón? ¿Te quedaste enganchao?
– No, na que ver. Es que ando urgido la verdad.
– ¿Urgido? ¿Y por qué?
– Quédate piola si po culiao.
– ¡Si oh! ¿Qué pasa?
– Es que parece que anoche me tiré a la mina en la pensión.
– Buena po hueón ¿Y pa eso tanto color?
– Es que no ha llegado a su casa. Cacha que hable con la mamá y no sabe nada de ella.
– Se habrá ido a otro lao entonces.

Sí. El Nico tiene razón. ¿Pa que tanto rollo? Mejor seguir haciendo mi día como siempre.

…………………………………………………………………………..

Ya son las cinco de la tarde, y la caña desaparece al pasar las horas, al igual que aquella preocupación que no me pertenece.

“Llamada entrante, Mamá Lidia”

– ¿Hola? – contesto.
– Hola mijito, disculpe que lo llame.
– No se preocupe. Dígame no más.
– Quería saber si sabía algo de ella. No ha llegado a la casa y me está empezando a asustar. La estoy llamando y suena su teléfono apagado. Le mando Whatsapp y no los responde.
– No señora, no he sabido nada aún.
– Pucha ¿Y anoche adonde andaban cuando me llamó?

No sé qué contestar, tampoco quiero demostrar que estuve raja con su hija …

– Estábamos en el barrio inglés.
– ¿Andaban con alguien más?
– Emmm… sí. Con muchísima gente. Pero eran amigas de ella, la verdad es que no le sé los nombres.
– Mmm… bueno, tendré que seguir averiguando. Pucha esta cabra me tiene con el alma en un hilo. Si sabe algo me llama por favor mi niño.
– Sí. No se preocupe.
– Bueno. Gracias…
– … ¡Espere!
– ¿Sí?
– Me puede dar el número de la Lidia
– ¿Y usted no lo tiene?
– Lo tenía, lo que pasa es que este teléfono es nuevo y perdí los registros la vez pasada. Así insisto yo también.
– Bueno. Se lo mando por mensaje.
– Okey. Gracias.

“Llamada finalizada”

Tampoco quiero decirle que apenas la conozco, esto ya no me huele bien. Me tengo que acordar que chucha hice anoche.

– ¿Tení condón? – me preguntó.
– Me queda el último
– ¿En qué parte viví?
– Vivo… cerca de la cruz. En Borgoño.
– Manso pique.
– Si po. Te va a crecer más el poto llegando arriba. La caminada es más larga que la chucha.

Me quedó mirando, con los labios apretados, se notaba que algo me quería decir pero no soltaba.

– ¿Sabi qué? – me dijo.
– …
– Hay algo que te quiero contar, aunque no debería. Pero en fin…
– ¿Qué volá?
– Estoy embarazada.
– ¿Me estai hueveando?
– No. Llevo un mes en todo caso.
– ¿Y el papá?
– Ese es caso perdido.
– ¿Y lo vas a tener?
– No. De hecho por eso estoy tomando, fumando y todo lo que sea posible con tal de perderlo. Mañana me voy a tomar unas patillas que son abortivas.
– Chuta… bueno, es decisión tuya, no me meto.
– A lo que voy es que si los planes cambian por esto.
– No. Pido permiso. Que se corra a un lado.
– Imbécil – me dijo riendo.
– ¿Y te puedo contar algo yo?
– ¿Qué?
– Viví en el SENAME toda mi vida.
– ¿Legal? ¿Por delinquir?
– No. Aunque igual delinquí, pero esa es otra historia.
– Entonces estás en el SENAME desde cabro chico.
– Sí. De hecho por eso no te juzgo si quieres abortar ¿Pa que tener hijos si no los vas a querer? A mí me regalaron de guagua.
– ¿Y nadie te adoptó?
– Nadie. Sé que alguna vez una familia lo intentó, pero no sé qué pasó al final. Después ya cumplí una edad y ya a nadie le interesaba tener un hijo de siete años hacia arriba.
– ¿Te gustaría conocer a tus papás alguna vez?
– Puta no sé… a mi mamá quizás.
– ¿Y qué harías si la conocieras?
– Le preguntaría porque me regaló.
– Pucha. Quizás no deberíamos hablar de esto.
– No. Tranqui, sé convivir con eso. Ya la verdad es que me da igual.

¿Y la sangre de la cama? Entonces no es de menstruación. Bueno, sé que hay algunas pocas mujeres que les llega aun estando embarazadas los primeros meses, pero no sé.

– ¡Lidia!

Un hueón. Apareció un hueón anoche.

– ¡Como estai po! – la saludó un tipo que venía a toda raja en un auto.

“Tienes un mensaje de texto de Mamá Lidia”

La señora me envió el número de la Lidia. Guardaré el contacto y la llamaré altiro.

“Llamando a Lidia”

– Su teléfono se encuentra apagado o se encuentra fuera de servicio…

Puta la huevada. El manso cacho. Tengo prueba mañana y no he estudiado nada por esta lesera.

………………………………………………………………………..

Ya son las nueve de la noche.

“Nico Llamando”

– Buena. ¿En qué estai? – lo saludo.
– ¡Prende la tele culiao!
– La tengo prendida.
– ¡Pone las noticias en el nacional!
– Ya… ¿qué pasa?
– ¡Ahuenao! ¡Mira y escucha!

Esta tarde una muchacha con las iniciales L.D.F.G fue encontrada muerta y reconocida por sus familiares en el sector de Las Peñas. El occiso fue hallado entre requeríos y presentaba lesiones corporales en todo su cuerpo, lo que indicaría que habría sido víctima de múltiples agresiones…

L.D.F.G….L.D.F.G…L.D.F.G… La Lidia…

– ¡¡La conchetumadre!! ¡¡La conchetumadre!! ¡¡La conchetumadre!!
– ¡Culiao! ¿Qué hueá? ¡¿Me podí decir qué onda?! – me pregunta.
– …
– ¡Hueón! ¡La mansa cagaita! ¡La mina estaba con vo!
– … No sé hueón.
– ¡Pero si dijiste que te la agarraste en tu casa! ¡¿Por qué la encontraron ahí?!
– No sé… debió ser después de que se fue de acá.
– Es muy raro todo.
– ¡¿Creí que fui yo sacohuea?!
– ¡No culiao! ¡Ya, calma! Seguramente van a encontrar al loco que le hizo esto, y vo vai a quedar afuera de todo.
– ¿Afuera de todo? ¿Y desde cuando estoy adentro ahueonao?
– Ya. Calma.
– ¿Qué calma? ¡Chao ahueonao!

“Llamada finalizada”

Puta la mierda. No entiendo. La loca está muerta… me van a venir a interrogar y la hueá. Van a pensar que fui yo. Acuérdate por la chucha.

“Recibiendo Llamado, número desconocido”

– ¿Aló? – contesto.
– …
– ¿Aló?
– …
– ¡Debes irte al Valle!
– ¿Con quién hablo?
– ¡Debes irte al Valle! ¡Debes escapar!

Esa voz la conozco.

– ¿Lidia?
– ¡Escúchame! ¡Debes irte al Valle!
– ¡Qué chucha! Dijeron en la tele que te encontraron en la playa.
– ¡Estoy bien! ¡Tú solo arranca!
– ¿Dónde estai?
– …..
– ¿Lidia?
– ….
– ¡¿Lidia?!

“Llamada finalizada”

No entiendo nada… dijeron que está muerta, debe haber un error.

“Llamando entrante, Mamá Lidia”

¡Es su mamá! Tengo que avisarle que logré comunicarme con su hija.

– ¿Aló señora?
– ¡Que le hiciste a mi niña!
– Señora… na que ver, escúcheme.
– ¡Yo sé que fuiste tú! ¡¡Que le hiciste!!
– ¡Señora… escúcheme por la cresta!
– ¡Mi niñita está muerta!
– ¡Señora! ¡Su hija está viva! ¡Acabo de hablar con ella! ¡Todo esto es un error!
– ¡Acabo de reconocer a mi hija! ¡Asesino! ¡Asesino! ¡Vas a pagar!
– ¡No! ¡Créame señora por favor! ¡Si hablé con ella! Me llamó desde su teléfono y…
– ¡Yo tengo el teléfono de ella mentiroso! ¡Yo lo tengo ahora! – me grita ahogándose en el llanto.
– …
– ¡Vas a pagar! ¡Que le hiciste! ¡Que le hiciste!

“Llamada finalizada”

Esto se puso feo…A la mierda, tengo que salir de aquí, me están echando la culpa. No entiendo. Puta la cagá no me acuerdo que pasó… quiero llorar. Acuérdate por la chucha. Haz memoria culiao… haz memoria.

– ¿Pa donde vai Lidia? – le preguntó el tipo.
– Pa mi casa – mintió.
– Que te vai a ir a acostar ¿Vamos a un after?

Claro, y yo me opuse.

– Lidia, no hueí po – le dije.
– ¿Y si vamos un ratito y de ahí nos vamos juntos pa tu pensión? – me propuso.

Me tomó la mano.

– ¿Es tu pololo? – le preguntó el tipo.
– Mi marido – dijo bromeando.

El compadre recién me dirigió la palabra.

– Hola viejo. Oigan, súbanse al auto y vámonos al after. Me dijeron que está piola.

La Lidia me chantó flor de beso y nos subimos a la parte trasera del auto. Ella se sentó en mis piernas. La hueá iba llena… Conchesumadre. Tengo imágenes revueltas en mi cabeza.

– ¡Ayúdame!
– ¡Lidia!

Esa hueá… Esa hueá fue en la playa. Por eso tengo arena en los zapatos. Ayuda de que… puta la cagá. No puedo quedarme aquí todo el día pensando. Tengo que arrancar, me van a culpar a mí. Tiraré un par de pirchas al bolso. Voy a darme vueltas por Coquimbo, quizás cruce a La Serena, no me puedo quedar donde el Nico, ese culiao me tinca que también piensa que algo tengo que ver ¿A dónde mierda voy?
………………………………………………………………………………………

Que está helado. Pa donde camino. … los pacos van subiendo. Me voy a detener a mirar… pararon afuera de mi casa. Puta la cagá. Si yo sé que no hice nada. Nunca le haría algo a alguien. Nunca. Puedo ser bueno pal hueveo pero nunca le tocaría un pelo a nadie. Tengo que demostrar que no fui yo.

“Recibiendo Llamada, Número Desconocido”

– ¿Aló?
– ¡Deberías estar arrancando! – me advierte.
– ¿Me podí decir quien chucha erí?
– ¡Soy la Lidia!
– ¡No eres ella! ¡Tú no eres ella! ¡Te estás haciendo pasar por una muerta! ¡La Lidia está muerta!
– Escúchame atento. Debes irte al Valle del Elqui. Yo estoy acá en este instante. No podemos ir a buscarte. Tu solo debes hacerlo.
– ¿A quiénes te refieres con el “no podemos? ¿Estas con más gente?
– Es una larga historia. Hazme caso… ¡No te queda mucho tiempo!
– ¡Déjate de huevear! ¡Seguramente eres un familiar o amiga de ella que me quieren asustar porque piensan que fui yo! ¡Sea quien seas te juro que no hice nada!
– ….
– ¿Aló?
– …
– ¡¿Aló?!

“Llamada finalizada”

Nadie me va a creer. No sé qué pensar. No sé qué hacer…
Tengo una cachada de mensajes en el celular. Son de Facebook.

– Asesino de mierda. Mataste a mi hermana. La vas a pagar – me escribió Tania, la amiga de la disco.

No puedo seguir leyendo esto. Estoy hasta el pico.

“Recibiendo Llamada, Mamá Lidia”

Esa vieja me va amenazar. Tranquilo. Tengo las llamadas, le demostraré que está viva.

– Señora. Escúcheme, no se a quien reconoció, pero le juro que no es su hija.
– ¡Asesino de mierda! ¡Enfermo! ¡Los pacos estás detrás de ti! ¡Entrégate!

“Llamada finalizada”

Tengo ganas de mear. Estoy cagao de miedo. Esto no es normal. Hablo con una muerta. Creo que no iré al Valle ¿Y si me entrego? Igual sabrán que no fui yo en algún momento.

– ¿Y el after? – preguntó Lidia.
– Este es el after – contestó el tipo.

¡Me acordé! Nos fuimos a una playa como era de suponerse… éramos varios. Hicimos una fogata… Ya a esa hora veía borroso.

– ¿Te sentí bién? – me preguntó Lidia.
– Sí. Estoy bien.
– ¿Querí una piteada?

Fumé y me fui a la conchesumadre. Ya es cada vez más borroso. Ahora lo que recuerdo solo son suposiciones, no tengo la claridad si dije o hice ciertas cosas.

Se ve que está lleno de pacos, seguramente me andan buscando. Estoy de fugitivo. Puta la hueá.

“Nicolás llamando”

– ¿Nico? – contesto.
– Te andan buscando. ¿Dónde estai?
– Intentando salir de aquí.
– Salió tu nombre en la tele. Entrégate hueón, todo va ser peor si arrancai.
– No. La Lidia está viva, todos piensan que la mataron pero les voy a demostrar lo contrario.
– ¿Te volviste loco? La mina está muerta. Entrevistaron a sus familiares y están hecho mierda, el cuerpo ya lo reconocieron… deja de hacer el loco y entrégate.
– ¿Vo no me creí?
– …
– ¿Por qué no me creí culiao? ¿Por qué soy del SENAME? ¿Me creí distinto a vo?
– No te vayai en esa hueón… si te creo. Pero…
– ¿Pero qué?
– Nada hueón.
– Ya culiao. Si estoy solo en esta hueá. Como siempre. Solo culiao.

“Llamada finalizada”

No necesito de nadie. Se arreglármelas. Lo decidí, me voy al Valle.

Debo cruzar hacia la Serena. No tengo ni uno pa irme en taxi a esta hora. No es buena idea hacer dedo, debo ser el tipo más buscado de la región en este minuto. Cresta que hace frío. Hay que caminar harto. Tanta injusticia por la chucha, toda mi vida.
……………………………………………………………………….

Dos horas y media caminando y no estoy cansado. La adrenalina me tiene dopado. Son las tres de la mañana.
Me taparé bien la cara.

“Recibiendo Llamada, desconocido”

– Estoy en el Valle. Quiero saber hasta dónde debo entrar. Estoy cerca del aeropuerto – le contesto.
– Tienes que llegar hasta Varillar.
– ¿Me estás hueveando?

Mierda. Los pacos.

“Llamada finalizada”

– Buenas noches amigo – me saluda el uniformado que baja desde el furgón.

Y con él bajan dos más.

– Buenas noches mi cabo.
– ¿Qué anda haciendo usted a esta hora?
– Voy al Valle.
– ¿Tan tarde? ¿Me podría dar su identificación por favor?

Cagué. Cagué y cagué. Que le digo.

– Altiro – respondí.

Abro el bolso, haciendo como que tengo el carnet bien adentro, casi imposible de sacar.

– Es que igual tengo varias cosas. Creo que lo dejé por acá – vacilo.

Haciendo tiempo no se pa qué. Imaginándome que va a venir algo y me salve de este forro de repente.

– Parece que no tiene nada y nos anda cuenteando – me dice el paco.
– No. Si estoy seguro que lo tengo acá.

Tengo pa un minuto más, si no me llevan. Sigo revisando y tocando nada…

– Parece que no tiene su carnet ¿Nos podría acompañar por favor?

“Recibiendo llamada, desconocido”

– ¿Me permite un segundo por favor?

El carabinero no me dice nada.

– ¿Aló? – contesto.
– Quédate ahí.
– Si mamá. Tranquila, si no me va a pasar nada.
– Intenta mantenerte un minuto más solamente.
– Si mamita, yo también la quiero.

¿Qué cresta? ¿Un minuto más? ¿Y para qué? A estos pacos no los mantengo ni diez segundos más.

– ¡Acompáñenos por favor! – me ordena.
– Pucha, mi mamá está re enferma, no quiero hacerla pasar rabias.
– Acompáñenos, en la comisaría solo se le hará una identificación y luego se podrá retirar de inmediato.
– Pucha, pa lo que me costó llegar acá.

Quedan como treinta segundos.

– Ya, bueno.

Hago como que me abrocho los zapatos. Se está bajando otro paco del furgón, este viene con una linterna bien potente, me está alumbrando mientras me amarro los cordones.

– ¿No se dieron cuenta quien es acaso? – les dice el tipo a sus compañeros.

Me cachó. No voy a levantar la vista.

– Mira para acá – me dice.
– Espérese que me estoy abrochando.
– ¡Levanta la vista conchetumadre!

Okey. Se pudrió todo.

– ¡Es él! ¡Llama a central! ¡Dile que lo encontramos!

Debo correr.

– ¡Se está arrancando!

Corro lo que más puedo, pero viene el auto, me está alcanzando muy rápido.

– ¡Al suelo conchetumadre!

No. No me voy a dejar.

Se puso el auto en frente, han bajado todos, me apuntan con su arma…
… me rendí, se acabó todo.
…………………………………………………………………………

– ¿Y cómo te llamai? – me preguntó el tipo.
– No sé…
– Estai hecho pico – me dijo burlándose.
– Ya. Dejen a mi marido – respondió Lidia.
– ¿Y vo de cuando estai tan polola? Si vo soy mía – se jactó el hueón.
– Yo no soy de nadie – se defiende Lidia.
– ¿Y de cuándo? Si vo cachai que te conozco bien… ya, ven pa acá y dame un beso – le dijo imponiéndose.
– ¡Ya hueón! ¡¿Qué te pasa?! – exclamó molesta.
– ¡Deja a la loca tranquila! – defendí.
– No te pongai choro socio.
– ¡¿Qué choro ahuenao?!
– ¡Ya! ¡Déjense los dos! – nos ordena.
– Vámonos Lidia – le dije.
– Si, mejor.
– ¡No te vai pa ni un lao!

El tipo la forcejeó de su brazo.

– ¡Suéltala! – le dije molesto.
– ¡Me aburriste culiao! – me contestó.

Me pegó un combo en el mentón y caí seco a la arena. Posteriormente vinieron un mar de patadas de él y sus amigos.

– ¡Déjalo imbécil! – gritó desesperada.
– ¡No le gusta hacerse el choro al culiao!

No me podía levantar. Puse mis manos en mi cabeza, no se acababa la paliza.

– Lo van a matar ¡Ya paren! – intentaba detener Lidia.
– Pásame una botella – le dijo el tipo a uno de sus amigos.
– ¡No! ¡Ya po! ¡No! ¡Si ya le pegaron! ¡No sigai! – le suplicaba.
– ¡Vamos a ver cuánto durai con uno de estos en la cabeza gil culiao! – exclamó con la botella en el aire…
… Pero algo sucedió.

El tiempo se detuvo, como si hubiesen hecho pausa a una cinta de video, el sonido del mar se dejó de escuchar y se reemplazó por el silbido del aire. La noche se volvió blanca, la arena se iluminó como si fuese diamante, el mar se veía gelatinoso, las gaviotas tomaron un vuelo contrario, lo más lejos posible… y una luz poderosa nos dio a todos los que estábamos ahí.
El tipo soltó la botella y su rostro cambió por completo… era otro.

– Esos hombres nos llaman, nos llaman – le dijo a los demás.

El tipo caminó hacia el mar. Muchos creímos que se detendría en la orilla, pero siguió hacia adentro.

– ¡Sale del agua! – le gritó Lidia.
– Es nuestra oportunidad, no somos de este mundo, tenemos que partir – dijo otro.

Algo se veía que se acercaba en el horizonte marino… no sabía que era en ese instante.

– ¡Párate! ¡Hay que salir de acá! – me ordenó una Lidia horrorizada, mientras intentaba levantarme.

Todos gritaban lo mismo. Como si se hubiesen puesto de acuerdo: “Vienen por nosotros” Fue una locura total.

– ¡Vámonos de aquí! – me dijo ella llorando.

No eran de este planeta, no lo eran. Una de esas cosas tomó del brazo a la Lidia. A los demás los vi elevarse por el aíre. Eran altos, delgados, de dientes vistosamente filosos, ojos profundos y de piel como los de un anfibio…no sabía distinguirlos, eran iguales. Uno de ellos me tocó la cara, su mano estaba fría como bolsa de hielo.
Los que estaban conmigo se elevaban de manera lenta, salvo uno que se doblaba y gritaba como loco. Este cayó encima de mí. Tenía sangre. Esa sangre de mi cama era la de uno de ellos. Pero luego se volvió a elevar, muerto.
La Lidia también empezó a volar. Apenas podía ver, quería saber que se los tragaba, la luz me encandiló los ojos. Vi a dos de ellos parados en la arena y había otro parado en el mar como si fuese un dios.
No sé porque no me llevaron…
¿Qué quieren de mí?

– ¡¿Qué quieren de mí?! – grito en el calabozo.
– ¡A ver a ver! ¿Qué pasa con el hueoncito? – me dice un carabinero desde el otro lado de la celda.
– Mi cabo, algo tiene que saber.
– Ya silencio, usted tiene que hablar con su abogado, acá no estamos pa hacer vida social.
– ¡Escúcheme! ¡Estamos en peligro! ¡Extraterrestres! ¡Fueron extraterrestres!
– ¡Oye Santana! Escucha a este hueón. Lo tiene cagao las droga a este cabro – le dice a su compañero.
– ¿Y cómo creí que fue capaz de matar a una cabra? Seguramente andaban jalando y se pasó rollos, así fue como la terminó matando. Confiesa que fuiste vo hueón, si este es igual a todos esos que salieron del SENAME.
– Tienen que creerme. Me dijeron que tenía que estar en el Valle del Elqui y ustedes no me dejaron. Vendrán por mí. Me tienen que dejar escapar.
– ¡Ya! ¡Duérmete no más! Mira que mañana tení un largo día.

No puedo cerrar un ojo. Las pesadillas me revuelven la cabeza… ¿pero por qué me quieren ahora? ¿Por qué cresta no me llevaron ese día?
…………………………………………………………………………………

– ¡Asesino de mierda! ¡Te vas a pudrir en la cárcel! – me grita la familia cerca de la comisaría.

Viene un paco, y viene con alguien. ¿Que hueá quieren ahora?

– Hola. Mi nombre es Rodrigo Edwars y soy su abogado.
Al fin alguien que me va a escuchar.
– ¡Vienen los extraterrestres! ¡Nos van a matar! ¡Nos van a matar a todos! – exclamo.
– Cálmese… Por favor. Necesito que se tranquilice. Estoy acá para ayudarlo…
– ¡Me tiene que sacar!
– No te va a pasar nada.
– ¡Créame! ¡Lo que le digo es la verdad!
– Tu siempre tan exagerado para todo.
– …
– Parece que no te acuerdas de mí. Ha pasado mucho tiempo.
– No. No sé quién es.
– Soy uno de los abogados del Sename. Te conozco desde pequeño.
– …
– Bueno. Eso no importa ahora. Lo importante es que estás bien.
– No sé a qué se refiere con “bien”. Quiero volver hacer mi vida normal, aunque no sé cómo vaya a ser desde ahora en adelante. Todos me apuntarán con el dedo.
– Eso no pasará.
– ¿Ah no? Ya siendo inocente me culpan de asesinato. Y por lo que se vé no tienen a otro candidato como culpable, nadie creerá que vinieron unas cosas desde el cielo y se llevó a todo el mundo.
– Bien. Debo marcharme – me dice el abogado levantándose de su asiento.
– ¿Cómo se va? ¿Y no me va a preguntar nada?
– No. Vengo solo a ver que estás bien.
– Chucha. Está re bueno el abogado… Estoy cagao, no tengo por ningún lado pa salvarme.

El tipo me mira sonriente.

– ¡Saldrás hoy! – me asegura.

Me he quedado solo de nuevo. Como siempre ha sido. No tengo a nadie.

…………………………………………………………………………

Todo está oscuro. Tal parece que mañana me llevan al juzgado, de ahí me sacarán de este calabozo y me trasladarán a una cárcel más grande.
Quizás este siempre fue mi destino. Intenté ser distinto. Tuve problemas de rencillas afuera del lugar, pero intenté salir adelante. Siempre trabajé, estudié, no me involucré con nadie. Muchos de mis ex compañeros de casa están en prisión, esos me verán adentro y se reirán. Seguramente me sacarán la cresta como lo hacían antes.
No me queda otra que aceptarlo, esto soy yo. Un rechazado social, un chivo expiatorio de este país.

Alguien viene ahí.

– Señor, puede salir del calabozo – me ordena el tipo.
– ¿Adónde me llevan?
– Es libre. Puede irse.
– ¿Cómo libre?
– Afuera lo esperan.

No puedo creerlo. No entiendo que pasó ¿Habrá aparecido la Lidia? O quizás culparon a otro.

– ¡Mierda!

Los carabineros, están tirados en el suelo. Están todos muertos…. A medida que camino encuentro más y más cadáveres. ¿Qué es esto? No puede ser. Es una masacre. Está todo lleno de sangre. ¿Quién es ese tipo que me dejó salir? Mejor me detengo. Me dijo que había alguien esperando por mí. ¿Y si es alguien de los responsables de esta masacre? Quizás me maten. Mejor me quedó acá.

– ¡Señor! ¡Lo están esperando afuera! – me grita desde adentro el tipo.
– ¡No confío!
– Solo salga. No le pasará nada – insiste.

Estoy llegando a la entrada…. Es mi abogado.

– Como le dije. Libre – me dice esbozando una sonrisa.
– ¿Qué ha pasado?
– Hoy vuelve a su casa.
– ¿A Coquimbo?
– No. Súbase al auto.

Nos dirigimos hacia el Valle del Elqui. Creo entender… pero no me lo creo.

– ¿Qué tiene que ver usted en todo esto?
– Nada. Solo lo protejo. Desde siempre.
– Yo no lo recuerdo.
– ¿Y las becas? ¿Los depósitos? ¿Tu ropa?
– Eso me lo da el estado.
– ¿El estado? ¿En serio? ¿Y de cuando el estado se encarga de niños como tú? La gente como tú solo son pobres diablos para el gobierno. Me imagino que lo sabes.

Se me vienen muchas preguntas a mi cabeza ¿Y si sabe de dónde vengo? ¿Es posible?

– ¿Usted sabe quiénes son mis papás?
– Lo sé…
…Y los conocerás hoy.

No puedo creerlo.

– ¿Por qué me dejaron botado?
– Pregúntaselo a ellos.

Nos acercamos cada vez más, ya ni sé en qué parte estamos.

– Baja del auto, llegamos a Varillar. – me dice.
– ¿Bajará usted conmigo?
– No. Mi trabajo llega hasta acá. Han sido largos años ¿Cuántos años tienes?
– Veinte y tres.
– Veinte y tres para ser exactos. Cuídate.

Me he quedado solo, la noche se ve está bastante estrellada desde este sector de Varillar. Ya sé que es lo que se viene, esas cosas, los extraterrestres. ¿Esas cosas son mis padres? Nunca me he sentido fuera de este planeta, nunca me he visto con capacidades distintas, tengo el físico de un ser humano, no me parezco a esos sujetos que vi en la playa.
Se ve una luz. Ahí vienen. El sonido se parece a la de un microondas cuando está funcionado.
El viento me golpea la cara. Pero es un viento tibio.

Se están bajando esas cosas ¿Será mi fin?

… No puede ser… No puede ser…. ¡Es Lidia! ¡Está viva!

– ¡Lidia! ¡Lidia!

No me escucha mis gritos.

– ¡Lidia! ¡¿Estás bien?!

Esas cosas la dejan avanzar sola hacia mí.

– Hola – me saluda.
– Estás distintas.
– Han pasado varios años.
– ¿Varios años? Antes de ayer en la madrugada estuve contigo… Tu mamá me culpa de tu supuesta muerte ¿Por qué no le avisas?
– Pobre mamá… Pero ya no es mi problema.

¿Qué le sucede? Pareciera como si le hubiesen lavado el cerebro esas cosas.

– ¿Me puedes decir que mierda fue lo que encontraron en la playa?
– Lo que encontraron fue un clon… pero eso ahora no importa, es hora de que decidas que quieres hacer.
– ¿Hacer qué? ¡No entiendo ni mierda! ¡Me dijeron que conocería a mis papás!
– Tu padre está muerto.
– Está muerto ¿Y mi madre?
– …
– …
– …
– … No. No puede ser…
– Sí. Así es.
– ¡¿Cómo?!
– Me iban a matar, al igual que los demás. Pero descubrieron mi embarazo y se detuvieron. Dejaron que crecieras.
– ¿Cuándo te conocí estabas embarazada de mí?
– Eres mi hijo. Siempre fuiste mi hijo.
– …
– Dime algo, no te quedes callado.
– ¿Soy un experimento? ¿Es eso? ¿Por qué me dejaron vivo?
– Sí. Pero no biológico. Ellos ya saben suficiente de eso.
– ¿Entonces?
– Eres un experimento social. Vieron como los demás te trataban, y como tú a ellos, durante toda tu vida.
– ¡¿Jugaron conmigo?! ¿Tú también me ves como un experimento?
– No. Nunca. Te prometo que nunca. Siempre te amé, desde el primer minuto en que naciste. Me preocupé siempre de ti.
– Entonces podían verme.
– … Siempre.

¡Hijos de la gran perra!

– ¿Me vieron feliz entonces? La pasé la raja en mi estadía en esta mierda ¡Volvería a nacer mil veces en Chile… ¿Qué digo Chile?…! ¡En la tierra! Bueno. ¿Y me vieron contento o no? ¿Cuáles fueron los resultados de este experimento?
– …
– ¿Así que no hablan? ¡Pedazos de mierda! ¡Hubiese preferido que me mataran! ¡¿Saben que hicieron conmigo cuando niño?! ¡¿Lo saben o no lo saben?!
– …
– ¡¿Saben o no saben?!
– …
– ¡Contesten conchetumadre! – les grito llorando.
– No es necesario que lo recuerdes – me dice Lidia en un tono triste.
– ¡Ah! ¡O sea que tú también sabes!
– ¡Basta!
– ¡¿Que no quieres que te recuerde?! ¡¿No quieres recordar cuando me violaron?!

Lidia no aguanta el llanto y la vergüenza.

– ¡¡Me violaron conchetumadre!! ¡¡Una y mil veces!! ¡¡Y no hicieron nada!! ¡¡Ahí tienen su experimento social!! ¡¡Perros culiaos!! ¡¡Y tu maldita maricona de mierda!!

Lidia sigue llorando desconsolada, mientras esas otras cosas miran sin decir nada.

– ¡En el SENAME abusaron de mí, y de otros! ¿Quieren que les cuente una historia? ¿Se acuerdan de la Moniquita? ¿No te suena Lidia?
– ¡Ya! ¡Para!
– ¡¡Cállate!!
– Hijo…
– ¡No soy tu hijo! ¡¿Porque no me abortaste como lo planeaste en un principio?! ¡¿Ah?!
– …
– ¡Ya po! ¿Se acuerdan de la Mónica?
– … Si, se quién es.
– Lloraba y lloraba… y ustedes no hicieron nada mientras los otros me pisaban la cabeza, todo para que mirara en vivo y en directo todo lo que le hacían.
– Lo siento…
– ¡¡Siete años conchetumadre!! ¡¡Siete años teníamos con la Mona!!
– Pero ellos te defendieron de la paliza en la playa, evitaron que te mataran.
– Eso ya no vale. Fue mi niñez la que se perdió, mi vida entera… ¿Qué pasó finalmente con la Mónica?
– …
– ¡Lo supe recién el año pasado! Pero dentro de mi sabía que la habían matado, sabía eso… me hicieron suponer que la habían adoptado, pero en el fondo siempre supe que estaba muerta. No sé qué clase de mamá me hace esto… experimento social lo llaman. Niños y adultos al amparo de la justicia, y peor aún, al amparo de mi propia madre. Y ustedes ¿Qué hacían cuando veían eso? ¡¿Ah?! ¿Sacaron alguna conclusión de su experimento? ¡¡Hablen mierda!!
– Ya, calma…
– ¡¿Y vo conchetumadre?! ¡¿Qué sentías al ver cuando me tocaban?!
– No podía hacer nada… lo siento – me dice con lágrimas en su rostro.
– ¿Y ahora a que vienen? ¡Mátenme! ¡¡Porque yo no me voy con ustedes!! ¡Contigo no me voy Lidia!

Se me acerca una de esas cosas.

– ¿Me vienes a matar? – le pregunto.
– No. A ti no. Tú eres uno de los nuestros. Siempre ha sido así. Tu madre te quiere bastante, con el tiempo lo entenderás.
– Es difícil comprenderlo. En realidad imposible.
– Queremos compensarte. Y según nuestros registros este tenía que ser el día.
– …
– Vemos tu energía dañada. Nosotros creemos tener la cura para eso.
– ¿Sí? ¿Tienen una máquina que me hará olvidar todo?
– Sí. Pero no es eso lo que te queremos ofrecer.
– ¿Y que tienen para mí?
– Venganza. Venganza, nosotros podemos acabar con las personas que te dañaron en este experimento. Sabemos dónde se encuentran cada una de las personas que rompieron tu energía… Podemos acabar con ellos, podemos hacerlos sufrir eternamente. Así que te vuelvo a preguntar ¿Quieres acabar con tu rabia?
– … Sí. Si quiero.
– Entonces iremos… Ahora.
– Quiero que los hagan sufrir como la mierda.
– Está bien. Vamos por ellos.
– ¡Esperen!
– …

– No quiero que toquen a los que abusaron de mí, ni tampoco a los que abusaron de la Mónica…

– ¿No?

– No. Esos no, esos también son solo víctimas…

– Entonces… ¿Quiénes?