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El Faro

Habrá un terremoto grado IX Mercalli en Valparaíso, repito, habrá un terremoto grado IX Mercalli en Valparaíso, será este domingo a las 22:32:46.

Faro

27 de febrero del 2010.

Isla Robinson Crusoe. Juan Fernández.

Don Lorenzo y sus pescadores. La señora Juana y su artesanía. El colegio insular. La gente. Sus colores. Sus olores. Aquel cabro de veinte, perdido, que llegaba ebrio a la casa en busca de un plato comida. Mi esposa Claudia. Mi niño, Benjamín. Toda la gente de la Isla, tan ajena a tanta envidia, tan ajena a tanta competencia. Mis vecinos, mis hermanos.

– ¿Papá? ¿Para que sirve esto?
– Es un radio, sirve para comunicarse con gente.
– ¿Puedo probarla?
– No sacas nada, solo se escucha estática. Pero algún día va a servir para algo.

Vivíamos en la isla, no llevábamos tanto tiempo. La idea fue mía…

Me acuerdo que esa noche mi esposa quería ver a Arjona en el festival, yo la reproché, pero no hubo caso, me fui acostar solo.
Dormí y me despertaron. Así lo cuento porque así lo sentí, fue como si hubiese cerrado los ojos dos minutos, como si me hubiese dormido en el paraíso y despertado automáticamente en el infierno.

– Amor, se escucha ruido – me dijo Claudia, mientras me movía para que despertase.
– …
– Amor, se escucha un ruido, parece que alguien está golpeando el gong.
– Duerma, seguramente alguien anda curao por ahí.
– Ya po, no seai flojo. Anda a ver qué pasa.

Así, medio sonámbulo, pensando en lo alaraca que a veces era Claudia, fui solo por consentirla.

– ¿Amor, que es lo que pasa afuera? – preguntó.
– ¡Claudia! ¡Agarra al niño!
– ¡¿Qué pasa?!
– ¡Agarra al niño!
– … Me estai asustando
– ¡Puta la hueá!

Corrí lo más rápido que pude a la pieza del Benja y lo tomé en mis brazos.

– ¿Qué pasa papá?
– Nada mijito.
– ¡Claudia salgamos ahora!

Arrancamos lo más rápido que pudimos… pero ya era tarde. Los botes se veían casi encima de la casa.

– ¡Conchetumadre!

Vi a la Claudia caer… en ese mismo instante sentí el golpe en mí.

– ¡Papá! ¡Pap…!

No pude sostenerlo ni dos segundos. Me daba vueltas en el fondo del mar, giraba, giraba… giraba y giraba. Esperando en algún momento que ese monstruo me dejase en paz, que pudiese tocar tierra para salir en busca del niño. Pero eso no sucedía, seguía girando, girando… y girando.
No abrí los ojos, solo sentía la fuerza abrumadora de aquel gigante, yo no era nada.
No se cómo nunca perdí la conciencia, no solo era el agua, también todo lo que ella traía consigo, me golpeaban cosas, me imagino que eran las maderas de las casas, objetos, que se yo…
No me quería morir, tenía que encontrar al niño… me ahogaba. Mi mente no se apagaba y tenía solo en mente al Benja. Pensaba en algo rápido, como que el mar me haría chocar con el niño y nos lanzaría hacia afuera por arte de la naturaleza.
No salía a flote. Apnea dolorosa. Sin placer para morir. Mi imagen. El niño… la gente.

Vi oscuridad…. Y vi luz.

– ¡Benja! – fue lo primero que dije en mi primer aliento.

No era solo yo… habían muchos más gritando nombres.

Me sujeté de un árbol. Solo escuchaba voces desgarradoras, entre esas, la de Claudia. Ella repetía en aquella humedad oscura:

– ¡Benjamín! ¡Benjamín! ¡Hijo!

Me solté para ver si daba con él. Pero la naturaleza me lo negó, el mar me escupió hacia adentro.

Me quedé en el suelo y yo llamaba a mi hijo, pero ya sin fuerzas, con esa voz que se usa para orar en las noches.

– Benjita… Benjita.

Yo tenía claro lo que había ocurrido. Es por eso que me quedé ahí mismo, boca abajo comiendo barro, comiéndome esa pena desgarradora. Empuñé la mano en el charco y tomé un aparato que cayó conmigo, estaba cerca de mi boca.

Pasaron varios días. Miraba el mar sin decir nada.
La naturaleza me robó a mi hijo. Y el gobierno fue su cómplice.

– Prometemos que vamos a reconstruir la isla, el estado se va a poner con todo lo que ustedes necesiten.
– ¿Por qué no avisaron? – preguntaba.
– ….
– ¿Por qué no avisaron?
– ….

El tipo hacía oídos sordos. No sé a qué vino.
Esos conchesumadres me quitaron al niño, su incompetencia. Creyeron que estas cosas no pasaban, para ellos lo de Valdivia en el sesenta fue solo mala suerte…
Hijos de la gran perra.
Me quitaron la mitad de mi vida, una casa reconstruida me pareció una burla, yo buscaba responsables de la destrucción de mi familia. Se lo llevaron todo, la Claudia no volvió a ser la misma, yo tampoco. Nos acostábamos sin decir nada, sabíamos lo que el otro pensaba y todo se trataba de nuestro hijo, era una especie de secreto a voces de nuestra habitación. Se fue todo a la mierda, ambos morimos al salir del mar.

– Claudia, me voy.

Ella solo movió la cabeza, con su mirada perdida.

Así, me marché a un costado de la isla, de donde nunca más salí.

………………………………………………………………………………………..

Aquí he estado, en esta casa hecha con mis propias manos, no quise hacerme parte de la reconstrucciones. Respeto a quienes si lo hicieron.
No he visto a casi nadie de la Isla, salvo a los pescadores que salen a navegar, no sé si se han dado cuenta que vivo por este lado. De hecho el otro día pensé haber visto a Don Lorenzo en una de sus lanchas, le hice señas, pero no me las respondió.
Salgo a buscar leña, no muy lejos. Leña que nunca termino por usar, no se siente nunca frío por este lado. No me entretiene nada, ni siquiera tengo tele. No lo necesito, con lo único que me comunico es con esa radio a pilas. A veces se escuchan interferencias de la gente que vive al otro lado, a veces se escuchan unos tipos diciendo cosas referente a un rescate.. nunca he entendido eso.

A veces termino por acostarme temprano, da la sensación de que el sol se va antes.
Pienso todo el día pensando en que estarán los demás, pero no tengo ganas de ir a verlos. Quizás la Claudia esté con otro, pa que voy a ir molestarla.

– ¡Aló!
– ¿Quién cresta será a esta hora?

Es extraño, nunca alguien había pasado por acá.

– Caballero, buenas noches. Disculpe la hora. Pero quisiera saber si tiene un pancito, sabe que no he comido nada hace días.

Esa cara. La he visto. Lo recuerdo:

– ¿Tu no eres el niño que iba a buscar comida a la casa?
– …
– ¿No? ¡Si eres tu! ¡Puta cabro, aun estai en estas…! ¿No te acordai de mi?
– .. No sé caballero.

Está ebrio, pero me alegra ver a alguien que no veo hace tanto.
Lo hice pasar, aquí lo tengo comiendo. Tiene la misma cara de perdido de siempre. Cuando vivía con Claudia jamás le pregunté de donde venía, ni siquiera recuerdo su nombre… mi señora era la que le hablaba.

– Oiga ¿Y que hace aquí? ¿Cómo fue que llegó ?
– No sé, salí… caminé… me quedé dormido y llegué.. y aquí estoy po – me contesta borracho..
– Te puedes quedar acá po amigo, mañana cuando despierte hablamos.
– Gracias… pero yo casi no duermo. ¿Tiene algo pa tomar por ahí?
– No. No tengo naa.

Tenemos una conversación de mierda. Yo le hablo, pero me responde sin ganas. Finalmente, cuando se me agotan las preguntas, ya no hay nada más que decirse. Y solo queda mirar el suelo.

… Ya han pasado días, y aún está acá. Se encuentra sobrio, se sienta afuera de la casa mirando el mar, quizás no sabe qué hacer, ya no hay nada que tomar.

– Se ve distinto el mar desde acá – le digo.
– Si… no conocía este lado. ¿Usted de cuando vive aquí?
– Desde el 2010… ya te imaginarás porqué
– No, no sé.
– ¿En serio que no sabes?
– No amigo, no tengo idea.
– ¿No escuchaste al otro lado de la isla nada de un niño llamado Benjamín?
– Es difícil amigo, al otro lado de la isla nadie me habla, ni antes ni después del tsunami. Soy solo un borracho hediondo que todos intentan evitar.
– Mi señora no te evitaba.
– Quizás, pero no me acuerdo de ella. Paso curao…
– ¿Y porque andas tan borracho? Eres un cabro joven. Debes tener unos veinte y algo.
– Si… pero bueno… – dijo levantándose
– ¿Ya te vas?
– Sí. Voy a buscar algo de copete.
– ¿Pero vas a volver?
– No caballero, gracias de todas maneras.
– Vale. Cualquier cosa llegue no mas.

Y así… se fue sin más.

No paro de pensar en mi Benjamín. Y en aquella injusticia. Como me gustaría arreglar todo. Volver atrás y salir por esa puerta temprano. Llevarme a Claudia y a mi hijo lejos. Aún sigo sin entender que no alerten, que no avisen, teniendo todo para haber salvado a tantos.

– ¡Aló!

De nuevo ¿quién será?

– ¡Es usted!
– Si… no sabe nada, caminé y me perdí. Se me hizo tarde y me tuve que devolver ¿No le molesta que me quedé de nuevo?
– No po amigo, si yo mismo le dije que era bienvenido.

Se ve un poco más amistoso, quizás sea que haya pasado mucho tiempo sin tomar.

– ¿Y usted no se aburre acá?
– No. Para nada. Bueno, cuando ya no tengo nada que hacer escucho el radio y a veces algo aparece por ahí.
– Oiga. El otro día me fijé en esa cosa que tiene ahí en la mesa. ¿Qué es?
– Eso. Es un recuerdo.
– ¿Y pa que sirve?
– No sé… bromeo un poco con lo del recuerdo. Ese día del tsunami, cuando la ola me botó cayó a mi lado junto con un montón de chatarra… ahí lo tengo, lo intenté encender una vez y no pasó nada, debe estar malo. Seguramente con el agua cagó.
– Déjeme ver si lo arreglo. Pa entretenerme en algo digo. Es mucho mejor que escuchar estática en ese radio.
– ¿Sabe arreglar cosas?
– Si… algo de gracia tengo, aunque no lo crea.
– Y cual es su nombre… como para ir presentándonos digo yo.
– Saúl.

Ahí ha estado todo el día reparándolo, no tiene herramientas ni nada. No sé cómo cresta lo hará.

– ¡Vé! ¡Le dije!

¡Lo logró!

– Chuta que es capo.
– Mire, se prendió la pantalla.

Se escucha un sonido, se encendió una luz roja y en la pantalla aparece lo siguiente: 41 km al norte de Seúl. 03:32:45. 02/02/17 5,1 Ritcher.

– Parecen datos de sismos – le dije.
– Eso parece. Mire. Ahora sale otro. 2,4 km al sur de Curitiva. 18:41:34. 02/02/17.

Y así se va la máquina, lanzando sismos cada 1 minuto. Aparecen ciudades de todo el mundo. A veces salen ciudades de Chile, pero son temblores chicos, no sobrepasan los 3,1.

– Esta máquina tal parece que lee los temblores que van pasando. Seguramente tiembla y los informa apenas termina el movimiento – me dice.
– Pero algo me llama la atención.
– ¿Qué cosa?
– Son todos con fecha para el día dos de febrero… hoy es uno de febrero.
– Quizás hay que actualizar el calendario en el aparato.

Pero el amigo no es capaz de configurarlo, tal parece que no existe tal opción.

– …. No creo – me dice.
– ¿No creo que?
– ¿No pensai lo mismo que yo?
– … Nah. Eso es imposible.
– ¿Probemos?
– ¿Y cómo? Acá no tengo tele por si no te has dado cuenta.
– Lo otro es ir al pueblo.
– No. Déjeme acá no mas.
– ¿Alguna vez se ha comunicado con alguien con el radio?
– No. Solo escucho conversaciones.
– Conectémonos de ahí mientras. Preguntémosle a alguien que tenga radio, si es que tiene internet, que averigüe pues.

Hace rato que no se escucha alguien en el radio.

– ¿Aló? ¿Aló? ¿Alguien por ahí? – intenta Saúl.
– ….
– ¡Aló! Somos de la Isla. Quisiéramos comunicarnos con alguien.
– …

Se escucha solo estática.

– Pucha, parece que vamos a tener que esperar a que sea mañana para averiguar que pasa con la máquina.
– No sea loco quiere. Si lo que estamos haciendo no tiene sentido.

– ¿Alo?… ¡Aló!

¡Se escucha alguien en el radio!

– ¡Hola! ¡Amigo! ¡Somos de la Isla, queríamos comunicarnos con alguien con urgencia, necesitamos ayuda con una información!

– ¿… Hola……. Si……….. Con quien hablo?

– Mi nombre es Saúl. ¿Y yo? ¿Con quién hablo?

– “……… Luis……”

– ¿De qué parte eres Luis?

– “…………… Cord………”

– Perdón, no se entiende.

– “…….. Córdoba……..”

La capacidad de alcance del radio es mucha… no lo sabía.

– ¡Amigo! ¡Amigo! ¡Ayúdennos con una cosita! ¡Porfa!

– “……. Diga……”

– Espera Saúl. Hácecela más fácil. Ve si la máquina tiene un historial de sismos que ya marcó. Estoy seguro que registró un tres y algo en Buenos Aires.

Saúl se maneja muy bien esto. Realmente me tiene sorprendido. Entiende la máquina a la perfección.

– Sí. Marcó uno a las 18:27:12… y sale que es día dos de Febrero como todos los demás.
– Okey. Pregúntale.

– Luis. ¿Qué hora es allá?

– “…. Son l……. siete”

– ¡Okey! Mira… ¿puedes averiguar si hubo un temblor en Buenos Aires a eso de las seis veintisiete?

– “…… No se entiende….”

– ¡Si acaso puedes averiguar si hubo un temblor en Buenos Aires a eso de las seis veintisiete!

– “….. No….. no ha temblado…..”

– Seguramente no lo sentiste, es un 3,7 Ritcher. Solo averígualo. ¿Tienes internet?

– “…………………………………..Oke……….”

Es ridículo lo que estamos haciendo. Pero es entretenido.

– Pa mi que no te entendió – le digo.
– Esperemos que si…

Ha pasado un buen rato desde que nos comunicamos. En fin… Fue entretenido.

– “…………..No…. No tembló……”

Se conectó de nuevo.

– ¿Estás seguro? ¿Viste en internet?
– “… Sí. Lo vi….No hay nada…….”

Tendremos que esperar hasta mañana.

– Amigo. ¿Te puedes conectar mañana y avisarnos si tiembla a esa hora en Buenos Aires?
– ………………………..
– ¿Aló? ¿Aló?
– Se fue la señal.

Me fui acostar a mi cama, Saúl se recostó en el living… no puedo cerrar un ojo, la máquina suena y suena.

– Apaga eso – le digo.
– Inténtalo tú. Traté pero no hubo caso.
– Déjalo afuera entonces
– Está lloviendo, se va a echar a perder.
– Sácale las pilas.
– No tiene pilas.

No pude dormir anoche. Máquina de mierda.

– Ya son las ocho de la tarde, el otro compadre no te va hablar – le digo.
– Esperar a que me hablen por el radio es más entretenido que no hacer nada.

Tiene razón… no a todo el mundo le gustaría mi vida. No hago más que mirar el océano y juntar leña.

– ¡Silencio hueón! – me ordena.
– ¿Qué pasa?
– Me quieren hablar.

Pareciera que fuese asi, la estática va y viene…

– “…..A…………..te………zon……”

– ¡No entiendo nada! – exclamo
– ¡Quédate callado po! – me reta Saul.

– “……Co…………allí.”

– Muévete un poco más allá, quizás haya mejor frecuencia en ese lado.

– …. Amigo, he estado intentando hablar…….. to.

– Se escucha mejor, ahora háblale – le ordeno.
– ¿Aló? ¿No te estábamos escuchando? ¿Nos podrías repetir por favor?

– “…..Tembló amigo….hora…… la misma hora……..tres siete Ritcher….”

– ¿Buenos Aires?

– “…. Si…..”

No me lo puedo creer…..

– ¿Escuchaste eso? ¡¿Escuchaste eso?! – me grita Saúl.
– ¡Estoy en shock hueón!
– ¡Funciona! ¡Funciona! ¡Esta cagá predice los sismos!

Se me llenan los ojos con lágrimas… No sé qué pensar, me causa una sensación extraña. Debería estar contento… pero no lo estoy, siento mucha pena.
Al parecer es evidente, Saúl ha dejado de gritar, se debe notar mi tristeza. ¿Qué está haciendo? Ahí viene con unos vasos.

– ¿Brindemos por tu hijo? – me pregunta.
– ¿Y tení algo pa tomar?
– Si, de todo. Pisco, Ron, Wisky. – bromea.
– ¿Vino?
– ¿Alguna cepa en especial?
– Siempre he querido tomar uno muy añejo.
– ¿Le parece uno del año 1920?
– Eso es muy añejo.
– Vale la pena abrir la botella – dice mientras hace la mímica, como si estuviese descorchándola.
– Vaso lleno por favor.
– Muy bien…. Por su hijo y por todos los Benjamín del mundo… ya no habrán más. ¡Salud!
– ¡Salud! – respondo mientras vomito un llanto de dolor por el recuerdo inevitable. Tomándome ese trago amargo de vino invisible.

Es complejo comunicarnos con Luis. La señal se va por días.

– Ya hueón. Según la máquina el sismo será en Filipinas – me informa Saúl.
– Sé más específico.
– 700 km al sureste de Manila. Profundidad de 41 kilómetros de la isla de Mindanao.
– ¿Hora?
– 2:45 de la madrugada, hora Chile
– ¿Magnitud?
– 5.0
– ¿Richter?
– No hueón… me sale en número romano
– ¿Y qué pasa con eso? – pregunto
– Significa que es Mercalli
– Van a sentir la hueaita entonces los filipinos, este sería el sismo más fuerte que ha marcado la máquina.
– Hay que ver la forma de comunicarse con Luis.
– Deberíamos conversar con otra persona, este cabro ya no se conecta a la señal.
– Nadie se ha conectado más que él, ni los pacos se escuchan – me recuerda.
– ¿Y si bajamos a la isla?
– No, no haré eso.
– Ni por lo que hemos descubierto?
– No, no puedo. No soy capaz.
– ¿Se trata del Benja verdad?
– No lo nombres.
– Da vuelta la página
– ¡¿Qué cosa?!
– Lo que oíste. Da vuelta la página. Supéralo.
– Cállate mejor
– … Supéralo – insiste.
– ¡Cállate conchetumare! ¡No te quiero volver a escuchar que lo nombrai!
– Pero hueón. ¡Basta con eso!
– ¡¿Me estai hueveando?! ¿Tení hijos acaso?
– No se trata de eso
– ¡¿Tení hijos?!
– Pero entiende que…
– ¡¡¿Tení hijos?!!
– … No hueón, sabi que no tengo.
– ¡Entonces no te quiero que lo volvai a nombrar! ¡Menos a decirme que de vuelta la página! ¡Tú no tienes idea por todo lo que he pasado!
– … Igual entiendo..
– ¡No hueón! ¡no tení idea…! ¡¿Porque mejor no agarrai tus cositas y te mandai a cambiar?!
– No le pongai… Disculpa

Al parecer no recuerda sus debilidades.

– Ándate de mi casa…. Borracho de mierda.

Me está mirando, y no dice nada, pareciera que quebré algo con la palabra… más bien, con la forma.

Se ha dado la media vuelta. Salió de la casa. Parece que se fue… No necesito a este hueón, he estado bien hace mucho tiempo solo en este lado de la Isla.

Ya es de noche. No tengo sueño. La máquina no para de registrar. Creo que es mejor estar debajo de la lluvia, sentado, mirando el mar. Me relaja mucho más que estar dentro de la casa.

¿Qué es lo que se va allá? Se percibe una luz, creo que la he visto otras veces, pero nunca me había detenido con atención a observar. Apunta hacia el cielo en todo momento. Es como si hubiese un faro muy lejos en el mar.

– ¡Mierda!

Es Saúl… me asustó. Apareció de la nada.

– ¡Tuve que volver! – exclama
– ¿Qué pasó? Vienes agitado.
– Unos tipos me intentaron atacar, son muy altos.
– ¿Unos tipos altos? ¡Ya sé! ¡Fuiste al otro lado de la isla y te curaste!
– ¡No! ¡No pude volver! ¡Me perdí y a la vuelta aparecieron esas cosas!
– .. Ya, calma. No tiene que mentir para quedarte en la casa… No debí haberte tratado así, disculpa.
– ¡Es en serio! ¡Créeme!
– Vale… entremos a la casa mejor, nos estamos mojando mucho acá.

Se escucha el radio… al parecer es Luis, no sé cuánto rato habrá estado comunicarse mientras yo estaba afuera.

– ¿Luis? – intento llamarlo.

– “…. Hola……”

– Somos los amigos de la Isla. Te tenemos una nueva.

– “……¿Algún temblor?…..”

– Si. Queremos que publiques esto en internet.

– “……… Los escucho………”

– Filipinas. 700 km al sureste de Manila. Profundidad de 41 kilómetros de la Isla de Mindanao. 2:45 de la madrugada, hora Chile. V grados Mercalli.

– “….……lo publicaré en Facebook….”

El mundo sabrá que los sismos se pueden predecir. Mañana será un gran día……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….

Como siempre, no eché una pestaña, al Saúl le pasó lo mismo. Hemos estado toda la tarde intentando que el tiempo pase rápido. Yo fui en busca de leña, Saúl atento a que Luis se conectara.

Ya es de noche. Estamos muy cerca de la hora.

Estoy concentrado en el reloj y mi amigo no para de mover la pierna por la ansiedad.

– “………………..¿Muchachos?…….¿Aló?…”

– Compadre Luis. ¡Cómo estás che! ¿Publicaste? – pregunta Saúl.

– “……………..Si…… Publiqué……..Poca gente compartió…. Pero se publicó…..”

– Da igual. Cuando se haga noticia la publicación tomará fuerza.

– “…….Acá son las dos cuarenta y cuatro… Vi en internet que con Chile tenemos la misma hora….” – nos dice desde el otro lado

– ¿Sabes la hora de Filipinas?

– “………………. Si……… están atrasados…….una hora…”

1:44 en Filipinas.

– Vale Luis. Observa en tu computador lo que sucederá. No nos dejes de hablar en el radio.

Con el Saúl no nos quedan uñas.

– Son las 2:44 – me dice
– Lo sé.
– Quedan 30 segundos.
– …
– ¡Conchesumadre! – exclama.
– ¿Te podí callar por favor? Me tení nervioso. – le pido en un tono denso.
– …..
– ….
– Quedan 10 segundos.
– …..
– ….
– ….
– ….
– ….
– 5 segundos
– ….
– …
– ..
– ..
– ¡Ya culiao! ¡2:45!
– …….
– ¡¿Aló Luis?! ¿Pasó algo allá?
– No va a salir altiro la noticia po hombre. Hay que esperar un poco. Paciencia – lo reto.

¡Se escucha a Luis!

– “…. ¡Muchachos!… ¡Muchachos!….”

– Dinos Luis. ¿Qué pasó? – pregunta Saul.

– “…….Hay un problema……..”

– Chesumadre… te apuesto que no pasó nada y lo del otro día fue suerte – me lamento.
– ¿Qué pasa? ¡Cante!

– “……Estoy en Twitter…..”

– Ya ¿Y?

– “…. ¡Es que no entiendo el idioma de los filipinos!…..”

Puta que es ahueonao el argentino.

– Luis. Espérate un rato. Seguramente ya saldrá la noticia.
– Yo creo que ya no salió nada – me quejo.
– ¡Si va a salir hueón, deja de ser tan pájaro de mal agüero!

Y aquí estamos, esperando la respuesta que viene del otro lado de la cordillera.

– “…………Se……..”

– ¡¿Que pasa?! ¿Se anunció?

– “……….Es…….Cre…………………anunció”

– ¿Se anunció?

– ” …………………………………………….”

– ¿Luis?

– “………………………………”

– ¡Puta la hueá! ¡Te dije! ¿Viste? – exclamo.
– ¿Qué cosa?
– Dijo que no se anunció.
– Escuchaste mal… se anunció. Entendí clarito – afirma.
– ¡No oh!
– ¿Patá en la raja?
– Trato. Patá en la raja.
– ¿En el huesito?
– Y con la punta del zapato.
– ¡Estamos!

Ya han pasado dos días y no tenemos idea si nuestro temblor se cumplió o no.

– Voy a buscar leña – le informo a Saúl.

Me tiene intrigado el tema. Solo adivinamos un temblor pequeño. ¿Y si el argentino mintió? Quizás nunca tembló en Buenos Aires… o quizás leyó mal. Solo la certeza la tendríamos con ese sismo de mayor intensidad.
….. Esa luz de nuevo…. Volveré a la casa para avisar.

– ¡Saúl! ¡Quiero que veas algo!

Estamos observando desde la orilla de la playa aquella luz.

– Nunca había visto eso – dice Saúl.
– Seguramente, solo se ve en este lado de la Isla. Pero hay que ser muy observador, esa luz apenas se ve… salvo el otro día que aquel rayo se vió mas marcado.
– Que extraño, no sabía de la existencia de ese faro en la isla. Solo el de “San Carlos”.
– Yo tampoco. Y lo que mas me llama la atención es que esté tan mar adentro.
– ¿Y se ven barcos por acá?
– A veces… pero poco.

Se escucha algo….

– ¿Es el radio? – pregunta Saúl.

Vamos corriendo hacia dentro… si, ¡es Luis!

-” ……..Muchachos…. Se armó un kilombo con la publicación…….” – nos cuenta Luis

– ¡Si conchetumadre! – grita Saúl
– ¿Luis? El otro día se fue la señal… ¿tembló al final? – pregunto.

– ” …..Si muchachos…. Fue como dijeron…… me están llamando de todos lados…..No se qué decir…”

– ¡Diles que los sismólogos culiaos valen callampa! – grita Saúl

– ” …. ¿Qué cosa?…. No entiendo……..”

– Nada. No le des bola a este. Está loco. – le digo por radio.

– “…… Muchachos…. Les dije…… gente de la prensa…… información me la dan ustedes por radio….”

– Sí. Está bien compadre. Dígales que somos de la Isla Juán Fernandez. – le ordena Saúl.

– “…..Com…..cen………Por………………….”

– Se fue la señal de nuevo. ¿Cachai lo que estamos haciendo? Siento como si desafiáramos a la naturaleza – le digo a Saúl.
– .. Oye…..¿Que mierda es eso que hay atrás tuyo?

¿Qué cresta? Giro para ver… pero no hay nada…..

– ¡Ah conchetumare! – grito de dolor.
– ¡Patá en la raja en el huesito!

Este lado de la Isla se ha transformado en algo demasiado entretenido con la máquina que predice sismos y el radio. El Luis ya publicado varios temblores. Nos informó que publica en una página de Facebook llamada Serena Alerta… Yo hace tanto que no me meto a esas cosas que no cacho una.

– 6,9 Ritcher en Valparaíso. Así que esta vez somos nosotros los amigos de la fiesta – me dice Saúl.
– Y el “Che Luis” ya lo publicó.
– Lo único que lamento de no ir al otro lado de la Isla es ver en la tele el rostro de los hueones de la Onemi ¿Qué dirán ahora?
– Seguramente tocarán la alarma de tsunami. Armarán un poco de alaraca en la gente y después la bajarán.. Una estrategia política para que se vea que trabajan y la “hueá funciona”… zánganos culiaos buenos para nada.
– ¿Cómo estarán en el país? ¿Se estarán preparando? Igual 6,9 no es pa tanto.
– Lo bueno que la gente está expectante.
– Ahora si que seremos famosos.
– Ya famoso… sentémonos que queda poco.

A veces este Saúl me hace pensar que el Benja se parecería un poco a él en la forma de ser.. sobrio, claro está.

– Gracias por todo cabro chico – le digo.
– No te pongai melancólica.
– Lo digo en serio. Estaba todo cagao, solo y has sido un buen amigo
– ¿Y tú creí que lo hago por amistad? Tení que pasarme buena plata cuando nos tengan que pagar por esto.
– Bueno. Ahí te daré tus cien lucas.
– Jajaja…. Gracias a ti viejo feo. Esto pa mi ha sido como una terapia, una entretenida terapia. No tengo pa que verles las caras a las personas pa pedirles un plato de comida.
– Te puedo preguntar algo? – consulto.
– ¿Qué me vai a preguntar? Ya.. Lanza no más.
– ¿Que te pasó? ¿Por qué andabas asi? Pidiendo, como un vagabundo, curao… sobrio eres genial Saúl.. ¿Qué fue lo que te pasó?

Se ha quedado en silencio un rato.

– Mis taitas… se trata de mis taitas… eso pasa – me dice.
– ¿Te hicieron algo?
– Mas o menos
– ¿Qué te hicieron Saúl?
– Me dejaron botao.
– ¿Te regalaron? ¿Algo asi?
– No. Me echaron de la casa.
– Te echaron… ¿Hiciste algo muy malo?
– Varias cosas. Pero en la última le robe a mi papá. Estaban juntando plata pa mi hermano que tenía cáncer, es muy caro todo eso.
– ¿Y te la robaste? ¿La plata pa la terapia de tu hermano?
– Ya, no me juzgues. Ya pagué todo este tiempo en la Isla. Dicen que nunca hay que arrepentirse de lo que uno hace… no se quién inventó esa mierda. No sabes lo que haría por volver atrás y estar justo al frente de los ahorros y nunca haberlos tomado.
– ¿Y no te has vuelto a comunicar con ellos?
– Justo antes del tsunami. Hablamos por teléfono, me pidieron que volviera con ellos
– ¿Y has pensado en volver?
– No. ¿Pa qué? Ya pasó todo.
– No seas asi.. Anda, no sabes lo que significa pa un padre un hijo.

Me miró directo a los ojos, sabía que decía la verdad. Seguramente cuando hablo de un hijo mi palabra tiene mayor peso que el normal de los padres… ya deben saber por qué. Perder un hijo te hace ser un padre vitalicio. Sin reproches. Con absoluto respeto para cualquier otro taita y cualquier otro niño.

– … Ya, bueno. Termina este temblor y voy a verlos – afirmó.
– Bien.

Este día es significativo para ambos.

– “…..Por lo que sé….. la gente…….Chile muy atenta….”

– Oye Luis ¿Y han seguido preguntando por nosotros? – consulto.

– ” ……les dije…..Fueron a la Isla… No los encontraron………Creen que oculto mi fuente…”

– Seguramente si vinieron un par de reporteros no nos van a encontrar nunca en este lado de la Isla. Pero seguramente con el temblor de hoy van a llegar en helicóptero a entrevistarnos. – le afirma Saúl.

– ” …. Es…. Seguro……”

– Oiga. Está cordialmente invitado a este rincón de la Isla. Usted es uno más de este descubrimiento – le digo.

– “…….Feliz iré……”

– ¡Queda poco cabros! – grita Saúl
– ¡Treinta segundo Luchito! Exclamo en voz alta
– Si loco, 6.9. Se va a mover la hueá de edificio. Pero no da para tsunami ni nada de eso.
– ¡Veinte segundos Saul!
– ¡Estoy emocionado por lo que se nos viene después del temblorcito! ¡Luis! ¡Nos espera la fama!

– ” ……. Jajajajajaja…. Vos tenés que esperarme….. el champagne……..”

– ¡Diez segundos compadre! – grito.
– ¡Ocho!
– Ya amigo. Contemos juntos… ¡Siete!
– ¡Seis!

– “…..Cinco…….”

– ¡Cuatro!
– ¡Quedan tres Saúl culiao!
– ¡Dos!

– ¡Uno!

¡¡¡¡¡Que mierda!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Saaaaaúl!!!!!!!!

– “……¿Aló?……Chicos….. Que pasa…. Aloooo……. ¿Escuchan?…”

– ¡No se lo lleven!

– “… Muchachos……. ¿Están bién?………” – nos pregunta Luis.

– ¡¡¡¡Saúl!!!!

– “……..¿Necesitan ayuda?…. Llamaré por ayuda… No sé qué pasa….. escucho gritos…”

– ¡Déjenlo!
– ¡¡Suéltenme perros culiaos!!

– “….. Estoy publicando en la página…… La gente sabrá rápido…..”

– ¡¡Monstruos de mierda!!

– “…………… Mierda chicos…… que pasa allá…….. Tendré que llamar a la policía…..”

– ¡¡No le hagan nada!! ¡¡Conchasdetumadre!!
– ¡¡Aahhhhhhhhhhh!!

– “………… No sé qué pasa allá….. si hay alguien en el otro lado hacién……..se sabrá…. Llamado a la policía….”

– ….

– “….¿Muchachos?…… ¿Están ahí?…..”

– …

– “…… No los escucho…..”

– …

– “….. Estaré aquí… hasta que hablen….no ….puedo……..pens……..muchach……..”

– …

– “……Cl…….ma………..est……………………………….par………”

– …

– “……………………………………………………………………………………”

… Se llevaron a Saúl… esas cosas gigantes, entraron a la casa y se lo llevaron… yo alcancé a escapar, por la misma mierda… al menos alcancé a traerme la máquina, pero se averió, no prende y el radio se ha quedado en la casa… Por la cresta, ya no puedo ir por él… y ahora tendré que hacer lo que no quería… volver, volver al otro lado de la Isla para pedir ayuda por mi amigo.

Saúl tenía razón, llevo toda la noche caminando y no encuentro el camino. Es fácil perderse, a veces pienso que estoy avanzando en círculos… no lo sé, todo este bosque es igual. Lo cosas van de mal en peor, se ha puesto a llover. Al menos la luna se está escondiendo. Espero que el día me haga las cosas más fáciles.

Se escuchan ruidos, no sé si es el sonido de las gotas que golpea a los árboles, o el viento que sopla las hojas, espero que sea eso… no sé si ya tenga las energías para escapar nuevamente de esas cosas.

Creo que avanzo, se ven letreros…

Viene un auto, le haré señas.

– ¡Amigo! ¡Me lleva por favor!

Ni siquiera me miró.

Ya han pasado varios y nadie se detiene… tendré que seguir caminando.
No recuerdo que la gente de la Isla fuera así, recuerdo que eran mucho más amables cuando vivía en este lado. Cuantas personas me habré llevado en mi auto para acercarlos… y ahora nada. Quizás llegó mucha gente de afuera, debe ser eso.

Después de caminar tanto, he llegado a mi pueblo… cuantas imágenes en mi cabeza.

– ¿Papá, cuéntame un cuento?
– Cual quieres.
– El de la Caperucita
– Pero el de la Caperucita buena o la Caperucita mala.
– La mala po papá

Pero Claudia estaba ahí para poner los límites.

– ¡No! ¡No le estés contando ese cuento al niño!
– Pero si es con censura po Claudia
– Ya, córtenla los dos. El Benja se tiene que levantar temprano mañana para irse al colegio.
– Ya, tu mamá tiene razón
– Pucha… ya… buenas noches papá, te quiero.

Tanto tiempo sin venir a esta parte de la Isla.

Está un tanto distinta, las casas no son las mismas de antes, algo se ha reconstruido. Justo en ese lado de la playa estaba nuestro hogar… ya no hay nada.

Me pregunto si la Claudia estará viviendo por acá. Recuerdo que una de las cosas que me dijo antes de marcharme fue que se quedaría para siempre. La catástrofe tuvo efectos distintos en nosotros, mientras ella no podía despegarse de este lugar, esperando quizás esa fantasía de que el mar devolviese al niño, yo no soportaba vivir en este lado, me hacía recordar los gritos y el segundo exacto en el que perdí al Benja de mis brazos, una tortura.

¿Qué no es la señora de la artesanía? Al fin alguien que ubico.

– Hola.
– Hola caballero ¿desea llevarse algo?
– Señora Juana… Pucha que está agrandada que no saluda.
– …. Mijito por Dios! No lo había reconocido ¿Cómo está? ¡Que alegría!
– Bien. No sabe cuánto me alegra verla entre tanta gente desconocida.
– A mí también mi niño. Varios se han ido.
– Asi parece… Ni saludan estos malos educados que vienen de afuera.
– No solo los de afuera. Los de por acá también. Parece que el tsunami cambió a todo el mundo oiga. Imagínese que ni siquiera pasan a conversar, pa que le digo de vender.
– Pucha señora Juana, no le ha ido bien… me acuerdo que usted vendía harto.
– Usted lo ha dicho. Vendía harto. Ahora las artesanías las hago más como pasa tiempo. No hay mucho que hacer por aquí.
– Véndame esa pulsera de conchitas.
– ¿Verdad?
– Sí. Véndamela no más.
– ….
– Pucha señora Juana, no se me ponga a llorar pues.
– Es que hace tanto que no vendía algo. Además verlo a usted me emociona. Tanto recuerdo que me trae.
– Me pasa lo mismo. A mí también me emociona venir y encontrarme con viejos amigos.

Pobrecita, debe estar más abandonada, no recuerdo haberle visto a alguien de su familia con ella, ni ahora ni nunca.

– Espero que se encuentre con más gente conocida… al único que he visto ha sido a Don Lorenzo.

La pregunta caía como de cajón.

– ¿Y la Claudia? ¿Ha sabido de ella? – interrogué.
– … A ella no la he visto hace mucho
– ¿Desde el 2010?
– No. Ella estuvo bastante tiempo aquí… bueno hasta que… bueno, usted ya sabe ¿no?
– No señora Juana… ¿Qué pasó? Cuente.

Que cresta pasó.

– La señora Claudia no se veía bien. Andaba por ahí caminando, gritando sola por el niñito. Se vio mucho tiempo de la misma manera.
– ¿Ya? ¿Y qué pasó después?
– Un día la escuchamos gritando que querían que se la llevaran en bote. Que sabía dónde estaba el niño, que la dejaran estar con él… que alguien se lo impedía.
– ¿Quiénes? ¿De quienes hablaba?
– Decía que unos gigantes…. Eso es todo lo que sé. Hasta que no se vio más. Nadie sabe dónde está. Quizás esté con sus padres en Santiago. Nadie ha preguntado.

¿Serán esas mismas cosas que se llevaron a Saúl? ¿En dónde se le habrán aparecido esos tipos a Claudia? Están pasando cosas muy extrañas en la Isla.

– Muy bien señora Juana. Sigo mi camino. Cuídese mucho… nos estamos viendo
– Mijito. Gracias por conversar.

Me despedí de ella con una sonrisa. Ahora voy camino a la caleta, se supone que allí se encuentra Don Lorenzo.

… Y acá está, como siempre.
Hemos conversado tanto, está igual. Trabajólico como nadie, el mar es su pasión. Su bote quedó destruido con el tsunami. Pero tiene uno igual, le puso el mismo nombre.

– ¿Se va a pescar?
– Si pues. Yo me reúno a las una de la mañana con mi gente en la caleta para armar las cosas y salir tipo dos y media de la mañana mar adentro.
– ¿Y yo podría ir con usted??
– ¿Mar adentro?
– Si pues. Feliz iría. Déjeme acompañarlo, no sabe lo bien que me haría.
– ¿Está seguro?
– Si Don Lorenzo. Quiero ir.

Así, tal cual como me dijo el amigo. Dos y media vamos mar adentro. Era una de las pocas cosas que nunca hice en la Isla cuando antes vivía aquí.

– ¿Oiga? ¿Le puedo hacer una pregunta? no es de entrometido… pero de que llegó usted no ha parado de observar esa lesera que tiene en la mano ¿Qué es? – interrogó.
– Esto Don Lore, es mi amuleto de la suerte.
– No se le vaya a echar a perder con la sal que hay en el aire. Mar adentro capaz que se le oxide.
– Y sintió el temblor del otro día?
– No. No tenía idea que había temblado. Bueno, acá no se sienten esas cosas muchas veces.
– Como el día del tsunami.

Lo que me dijo la señora Juana me tiene pensante ¿Y si no está en el fondo de este océano mi Benja? Quizás Claudia tiene razón. Yo también vi a esas cosas como se llevaban a Saúl.

– ¿Don Lorenzo?
– Dígame
– ¿No se han encontrado restos de personas después del terremoto?
– Prácticamente nada. Una vez un par de prenditas de mujer, restos de escombros… ese tipo de cosas.
– ¿Nada de niño?
– No mijo. Nada…
– Claro… es difícil.
– ¿Y alguna vez ha visto cosas raras en la Isla? Usted conoce todo esto como nadie.
– Sí, he escuchado varias cosas… pero usted me conoce, yo no creo en ninguna cuestión.
– Pero nunca ha visto nada ¿de nada?
– ¿Como qué?
– Como unas cosas, altas, parecen personas pero no lo son…
– No mijo, nada. ¿Y usted si?

No me creería.

– No Don Lorenzo… pero sabe que, si hay algo que he visto, y me imagino que usted también.
– ¿Qué cosa?
– Un faro.
– ¿Un faro?
– Si, está por el otro lado de la Isla.

Tal parece que nunca lo ha visto. .. No hay respuesta de nada. Nadie sabe nada.

– Mire, su aparatito, parece que se prendió.

La máquina prendió. Está marcando registros…. Y suena más fuerte que nunca

“Valparaíso. Domingo 28 de Mayo. 22:32:46. Grado IX…. Mercalli”

– ¡Mierda! No, mierda… – grito.
– Que le pasa, veo que no se siente bien
– Don Lorenzo. Hay que irse de la Isla. Ahora.
– Parece que su amigo no se siente bien – dijo uno de los suyos.
– ¡Todo se va acabar! ¡Todo se va a destruir! ¡Los del 2010 no será nada al lado de esto!
– Muchachos, volvamos… nuestro amigo no se siente bien.

… lo que venía se trataba del fin de todo… tenía que avisar. Había que publicarlo.

– ¿Quiénes son ellos Don Lorenzo? – Preguntó uno de los pescadores.
– Deben ser otros botes que van pasando
– ¿Por acá? No creo

… Son esas cosas.

– ¡No se acerquen a esos botes! – grité
– Tranquilo hombre. Parece que se descompensó usted acá mar adentro
– ¡Don Lorenzo, esas cosas nos van a llevar! ¡Hay que volver a la Isla ahora!

No veo nada, nos están apuntando con una luz muy fuerte

– ¡Bajen la luz! ¡Somos de la Isla! – grita Don Lorenzo.
– ¡Salgamos de acá!

… Ya es tarde, están encima de nosotros. Si salto al mar no sé cuánto tiempo podré resistir. No puedo dejar mi máquina sola.

– ¡Noooo!

A la mierda, saltaré.

Debo hundirme lo que más pueda, estoy intentando avanzar con mis máximas fuerzas. No debo estar cerca del bote. .. Debo hundirme…………………..debo aguantar………………debo aguantar……………… Puta madre……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………… Ya no puedo…-

Estoy respirando… el bote, el bote está vacío, se los llevaron.

Me vine solo a la Isla en el bote… al menos la máquina sigue conmigo.

– ¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Don Lorenzo y los demás! ¡Se los han llevado! ¡Ayuda!

No se ve nadie en este lado de la playa. La señora Juana tampoco. Debo ir en busca de ayuda.

– ¡Auxilio!

Solo se escucha mi eco. Es como si se hubiesen ido todos. Esas cosas…. Tendré que volver al otro lado, a mi casa… No hay un puto teléfono. No hay barcos, no hay nada. No tengo como salir de aquí. No tengo como informar que se viene el fin.

Pero me atraparán… pero que mierda, no tengo más opción, me tomarán acá o allá. Al menos si lo hacen, que sea intentando avisar.

He avanzado bastante. Estoy subiendo hacia el otro lado. No se ven esas cosas. Al menos en este momento. Creo que no me queda tanto, estoy muy cerca….

….. He llegado. Solo queda un par de horas para el terremoto y el final de esta Isla.
Se ve el desorden de la casa. Pero bueno, a lo que vine.

– ¡¿Luis?!

– “………………………….”

– ¿¡Luis?! Te estoy hablando desde la Isla.

-” …. ¡Aló!… ….”

– Luis. Hueón. Qué bueno escucharte. Perdimos a Saúl.

– “…. ¡¿Qué pasó?!……Escuché…..mucha…….¿Quiénes los atacó?….”

– Unos tipos. Gigantes… debes escucharme esto. Se trata de un sismo.

– “…. Okey!…. Estoy listo… publicar…..”

– Bien. Habrá un terremoto grado IX Mercalli en Valparaíso, repito, habrá un terremoto grado IX Mercalli en Valparaíso, será este domingo 28 de Mayo a las 22:32:46.

– “…………………………………………………………………..”

– ¿Luis? ¿Estás ahí?

Mierda. No me escuchó… al parecer se fue la señal nuevamente… ¡Ha vuelto!

– “… Eso es mucho…….”

No tengo mucho tiempo.

– Compadre. Ha sido un gusto. Debo marcharme. Gracias por todo.

-” …….Espera!……No……vayas……”

– Publica. Espero conocerte algún día.

Luis me sigue hablando desde el otro lado de la cordillera.
He dejado el radio y el equipo de predicción… ya no lo necesito.

Tengo que encontrar a mi gente. Y creo que no tengo otra forma de hacerlo…

– ¡Ey! ¡Ey! ¡Estoy acá!

No se ve que vengan.

– ¡Ey! ¡Ey! ¡Estoy acá! ¡Solo les falto yo!

…. Esa luz.

… Es el Faro.

Bajaré por las rocas, nunca avancé por este lado.

Vienen botes… son los botes que siempre vi. Siempre fueron ellos… Ellos deben vivir en ese Faro. Quizás mi gente está allá.

– ¡Me entrego! ¡Sea quienes sean ustedes! ¡Me entrego!
Subiré a uno de sus botes. Nadie me habla.

Nos dirigimos hacia el Faro. Debe quedar una hora para el terremoto… Al parecer no hay manera de evitarla.

– ¿Ustedes quiénes son?
– ……………………….
– ¿Qué es lo que quieren?
– ………………………

Solo hay silencio.

Veo esa intensa luz, no sé adónde apunta. Hemos llegado.

– ¿No se van conmigo?
– No. No iremos.
– Hasta que hablaron. ¿Qué quieren? ¿Por qué no me matan?
– Suba.
– ¿Están mis amigos?
– Suba.
– … Es mi hijo y la Claudia los que están arriba… ¿verdad? El niño no se ahogó, ustedes se lo llevaron.
– Vaya a ver usted mismo.

Se escucha una alarma de voz dentro del faro.

– 20 minutos para la operación – se escucha desde unos parlantes.

– ¿Qué cresta? ¿Por qué el faro marca el tiempo que falta para el terremoto?

¡Cómo no lo pensé!

– ¿El faro activa los terremotos?
– Le queda poco tiempo ¡suba de una vez!

– 19 minutos para la operación.

Subiré. Creo que son veinte pisos. Debo correr.

18 minutos para la operación.

Debe haber una manera de desactivarlo. Quizás pueda desactivarlo desde arriba.

– 17 minutos para la operación.

Apenas avanzo. Ni siquiera sé si alcanzaré a llegar.

16 minutos para la operación.

Demoro un minuto por piso, es correr en círculos.

– 15 minutos para la operación.

– ¡Claudia! ¡Claudia! ¡¿Estás allá arriba con el niño?!

Nadie contesta.

– 14 minutos para operación..

– ¡Ah!

Conchesumadre, ¡me saqué la mierda!

– 13 minutos para operación.

Arriba. Queda poco.

– 12 minutos para operación.

Estoy llegando…. Ya veo la entrada.

11 minutos para operación

… He llegado, esta es la entrada.

– ¡¿Claudia?! ¿Te hicieron algo estos hueones? ¿Estás ahí?

No se escucha la voz de nadie… no hay nadie aquí. No hay nada.

– ¡¿Se están burlando de mí?!

10 minutos para la operación.

Creo que este es el final… no tengo nada que hacer, he caído en una trampa

– Al parecer te rindes fácil.
– …. ¿Y tú quién eres?
– Soy tu guía.
– ¿Guía? Eres uno de esos que están allá abajo, quieren destruir todo.
– Estoy orgulloso de ti.

No sé quién es este sujeto, habla como si me conociese.

– 9 minutos para la operación.
– ¡Haga algo! ¡Se va a ir todo a la mierda y me hablas como si no pasara nada!
– ¿No me reconoces?
– ………..
– 8 minutos para la operación
– No sabes cuánto tiempo pedí porque te encontraran… Pero ahora solo depende de ti.
– … Ay no… si sé quién eres…. No puede ser
– Han pasado muchos años.
– … ¿Hijo?

Mi corazón…

– ¿Aun no entiendes? Soñé tantas veces que te encontraran.
– No entiendo nada perrito mio… Que estás grande.. No puedo hablar…

– 7 minutos para la operación.

– Sabes que es este faro?

– No… no sé

– Este faro lo puse para que te indique el camino, el camino de vuelta.

– ¿Vuelta? ¿Quieres que vuelva a ese rincón de la Isla?

– Debes salir del mar, aun estás acá abajo.

– …. Y todo esto? No me digas que no es real. Te veo tu carita, la puedo tocar

– 6 minutos para la operación

– Vuelva quiere, hay gente que aún lo espera afuera..

– ¿Y tú? ¿También estás allá?

– …. No papá. Yo estoy acá. Pero me quedaré en este Faro para alumbrarte cada vez que te sientas perdido.

– Tienes que volver conmigo

– 5 minutos para la operación

– Ya po.. no me hagai esto… prefiero quedarme aquí.

– 4 minutos para la operación.

– Vete… ya pues, siga el camino que le estoy dejando.

– 3 minutos para la operación.

– No po…. Vuelve conmigo….

– 2 minutos para la operación.

– ¡No quiero!

– No sea porfiado papito

– 1 minuto……59, 58, 57, 56

– ¡Cuidecé! ¡Muchachos, llévenselo!

– ¡No! ¡Suéltenme! ¡Quiero a mi hijo!

– 30, 29, 28

Veo al Benja alejarse. Me alejan… me lanzan por aquella luz, el Faro me sopla, hacia el tiempo y el espacio, hacia el universo.
– 10, 9, 8, 7,6,

Solo cierro los ojos.

– 5, 4 ,3, 2 …….. 1.

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